El buen mal: así es el libro de Samanta Schweblin que obtuvo el premio del millón de euros
La escritora argentina explora los límites entre la realidad y la ficción, en una serie de relatos que ahondan en el miedo, la pérdida y la culpa

La autora fue finalista del Premio Booker Internacional por la novela Distancia de rescate, y ha sido galardonada con el Premio O. Henry de ficción corta y el National Book Award.
Un esperado retorno literario
- Ganador del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, El buen mal reúne seis cuentos donde lo extraño aparece en medio de escenarios familiares y aparentemente normales.
- La obra marca el retorno de la escritora al relato, y se suma a sus triunfos con dos libros de cuentos previos: Pájaros en la boca y Siete casas.
Una mujer se ata un yunque al cuerpo y se lanza a un lago. Sobrevive. Regresa a casa empapada, todavía respirando, para volver a atender a su familia. Pero mientras intenta seguir adelante, alguien aparece para recordarle que no puede continuar como si nada hubiera ocurrido.
Así arranca El buen mal, el nuevo libro de cuentos de Samanta Schweblin, una obra donde lo cotidiano se resquebraja apenas unos centímetros para revelar zonas inquietantes de la experiencia humana.
El libro reúne seis relatos atravesados por pérdidas, tensiones familiares, enfermedades, accidentes y situaciones que colocan a sus protagonistas frente a momentos de quiebre. Son historias en las que el peligro nunca aparece como un estallido espectacular, sino como una presencia silenciosa que se infiltra lentamente en la vida diaria.
Con precisión, la autora construye escenas que van desde una llamada en mitad de la noche que conecta a una escritora con un gato muerto que parece seguir maullando desde una habitación en Shanghái, hasta unos padres atrapados en una tragedia cuyos efectos parecen desplazarse hacia lo sobrenatural. También aparecen dos hermanas que pasan de la fascinación infantil al horror, en uno de los relatos más inquietantes del libro.
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Retornar al relato
Para muchos lectores, el volumen marca el regreso de Schweblin al cuento, un género en el que ya destacó con obras como Pájaros en la boca. Sin embargo, aunque durante los últimos años publicó novelas como Distancia de rescate o Kentukis, la autora no lo percibe de esa manera y asegura que nunca se alejó del relato breve.
“Siempre estoy escribiendo cuentos, en mi caso es la novela la que es la excepción”, señaló en una entrevista con medios internacionales. Y agregó en otra conversación: “Me considero sobre todo una cuentista que cada tanto falla y no le queda sino escribir doscientas páginas más para decir lo que debería haber escrito en diez”.
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La escritora argentina, que vive en Berlín desde hace más de una década, explica que muchas de las historias nacieron entre Alemania, Barcelona y Lago Puelo, en la Patagonia argentina. Aunque aclara que no se trata de cuentos autobiográficos, reconoce que varios de los escenarios provienen de espacios íntimos y familiares: rutas patagónicas, veranos en Atlántida o ciudades donde residió temporalmente. “Son lugares que conecto con gente particular y emociones particulares que sentí y que tenía ganas de compartir”, comentó.
El temor de lo íntimo
En El buen mal las casas adquieren un lugar central. Lejos de funcionar como refugios seguros, se convierten en escenarios donde ocurren las fracturas emocionales más profundas. La propia autora admite que le interesa esa intimidad doméstica donde aparentemente todo debería permanecer bajo control.
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“Son nuestras guaridas más personales, el lugar donde creemos que podemos bajar la guardia y dormirnos sin quedar expuestas a ningún peligro, aunque por supuesto, y esto es lo que me resulta tan atractivo, esto no es del todo cierto”, explicó.
La obra llegó a las librerías acompañada de una importante recepción internacional, que se consolidó tras obtener el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros. El jurado, presidido por Rosa Montero, destacó la capacidad de Schweblin para construir “mundos turbadores, fascinantes y complejos” y definió el volumen como “un libro de belleza inquietante que sitúa la tradición del cuento en su punto más alto”.
Y aunque tanto la elección como el propio galardón han despertado debates y reacciones adversas, el libro confirma algo innegable: el lugar que Schweblin ocupa dentro de la narrativa contemporánea y su maestría para explorar el miedo, la incertidumbre y las fisuras ocultas sobre el barniz de lo cotidiano.