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Diario Expreso Ecuador

La banda mexicana Matute llegará a Ecuador con su ‘Disco Stereo Tour’, en julio de 2026

La agrupación mexicana, que versiona clásicos ochenteros, prepara cuatro conciertos, en Samborondón, Quito, Cuenca y Manta

Matute son Paco Morales (bajo), Irving Regalado (batería), Tana Planter (voz), Pepe Sánchez (teclado), Jorge D’Alessio (voz) e Ignacio Izeta (guitarra).

Matute son Paco Morales (bajo), Irving Regalado (batería), Tana Planter (voz), Pepe Sánchez (teclado), Jorge D’Alessio (voz) e Ignacio Izeta (guitarra).Matute

Marco Martinez
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Hay canciones tan poderosas que tienen vida propia, más allá de su autor o el artista que las interprete. Canciones que pasan a formar parte de la memoria individual o colectiva, o que se convierten en la banda sonora de una época, de amores, amistades, despedidas.

Y los setenta, ochenta y noventa del siglo pasado son una fuente inagotable de este tipo de temas memorables que atrapan no solo a los nostálgicos, sino también a nuevas generaciones de melómanos, que los redescubren y también los hacen parte de su vida.

Uno de los grandes exponentes de toda esa añoranza musical en América Latina se llama Matute, agrupación de México que como parte de su Disco Stereo Tour visitará Ecuador en julio, tras confirmar fechas en Samborondón, Quito, Cuenca y Manta, para demostrar a la muchachada actual que antes del cambio de siglo se hacía música que se atreve a desafiar al tiempo.

EXPRESIONES conversó con Paco 'El Oso' Morales, el bajista de la banda, quien nos explicó la complejidad detrás de su trabajo, cómo preparan su performance y la conexión que logran con el público que asiste a sus shows.

Paco, a veces se piensa, equivocadamente, que tocar versiones de otros artistas es solo una cuestión de repetir notas. Se suele minimizar el trabajo de hacer covers.

Para empezar, te voy a mencionar tres personas muy famosas que toda la vida han cantado canciones de otros: Frank Sinatra, Luis Miguel y Manuel Mijares. Tocar música de otras personas está muy venido a menos y honestamente es un oficio muy noble y no es nada fácil.

No es fácil entender la emoción que quiso transmitir el artista original, y tocar la canción de manera que transmita esa fuerza.

Amigos de bandas de rock me han dicho: “Nosotros empezamos a hacer nuestras canciones porque no éramos suficientemente buenos para tocar música de otros”. El oficio de cantautor, de compositor, es hermoso. Pero hay muchas otras cosas en el espectro musical que se pueden apreciar.

El público conoce las canciones y tiene cierta expectativa. Pero es válido plantear nuevas arreglos y detalles.

Cualquier músico profesional te puede decir que muchas veces lo que funciona en estudio no funciona en concierto. O arreglos que aunque la canción sea espectacular, suenan a otra época.

Ustedes saben que hay una estructura por respetar, pero se apropian de los temas que versionan, por así decirlo.

Nosotros no pretendemos imitarlos, sino, como dijiste, hacerlos nuestros. Y siempre con mucha prudencia, porque la gente lo que quiere oír es la esencia de la canción. Las grandes canciones se abren paso solitas. No se les hace nada, las tocamos y solitas salen adelante.

Usted comentó que hay canciones que pueden sonar ‘desfasadas’ para los oídos de las nuevas generaciones. ¿Cómo llevan un clásico a las audiencias jóvenes?

Yo creo que no se planea. El proceso de arreglos cada vez es más fácil porque todos estamos conscientes de qué es lo mejor que puede aportar cada uno. Y eso lo respetamos todos. Y el gusto del público, honestamente, es algo que todo mundo desea, pero no siempre pasa.

Es imposible contentar a todos, es cierto.

Creo que somos muy, muy afortunados en muchos aspectos, y ese es uno de ellos. También por poder llevar alegría y sacarte de cualquier problema que tengas. Durante las tres horas de nuestro show te la vas a pasar increíble. Y eso nosotros lo vemos como un privilegio.

Otro detalle es que su show no depende solo de la música.

Todo lo hacemos en función del público. Desde la selección de canciones, los momentos, porque es un show inmersivo... Tenemos un ingeniero de luces muy joven y talentoso, y los videos que se producen tienen que ver con la música, con el hilo conductor que llevamos. Si tienes una actitud ególatra de “soy muy bueno y tienes que oírme tocar”, no pasa nada. Tienes que pensar siempre en el público.e

El despecho está de moda

Las últimas décadas del siglo XX son una fuente enorme de canciones memorables. Debe ser complicado elegir entre tantas opciones.

Nunca vas a oír en un show de Matute una canción que está ahí de contentillo (por capricho). Que porque a mí me sale muy bien, o porque le gustaba mucho a mi mamá o a mí. Jamás. Siempre son canciones icónicas.

¿Cómo las eligen?

Hacemos lluvia de ideas, se proponen temas y de ahí seleccionamos. Luego decidimos cuál funciona más para abrir el medley. Por tonalidad, cuestión rítmica o el tempo, vemos cuál quedaría mejor después y así. Y para cerrar, vemos cuál es la emoción que queremos dejar. Porque hay medleys muy divertidos, otros más profundos.

Matute fue fundada por el cantante Jorge D'Alessio (segundo desde la izquierda), hijo de la recordada artista mexicana Lupia D'Alessio.

Matute fue fundada por el cantante Jorge D'Alessio (segundo desde la izquierda), hijo de la recordada artista mexicana Lupia D'Alessio.Matute

¿Qué medley tienen preparado para los shows en Ecuador?

Uno de los momentos más importantes, o de mis favoritos, de este show nuevo es el Despecho Medley.

Está de moda el despecho.

Tenemos siempre la fortuna de ver en nuestros shows hasta tres generaciones, abuelos, padres y nietos. Y de repente ves niñitas de siete años cantando las de despecho con unas ganas que dices: “¡Ay, chiquita, ¿qué te hicieron en el kinder? ¿Quién te lastimó?”.

Algo muy chévere de Matute es que en su show pueden convivir sin ningún problema diversos géneros musicales.

No ha sido sin querer, pero sí ha sido complicado, porque cada uno tiene sus gustos. Tenemos un medley de cumbias y creo que fue el que nos tomó más tiempo aceptar que funciona muy bien. Porque no es lo que más nos gusta hacer. O no nos gustaba, porque ahora ya nos gusta y lo disfrutamos mucho. Pero nos costó aceptarlo. 

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