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Diario Expreso Ecuador

producción camaronera

La sostenibilidad reta al camarón ecuatoriano

Tras décadas de expansión expertos analizan los avances ambientales del sector, aunque persisten desafíos en tratamiento de agua y políticas integrales

Especialistas coinciden en que el crecimiento de la acuicultura debe ir acompañado de mejoras en el ámbito ambiental

Especialistas coinciden en que el crecimiento de la acuicultura debe ir acompañado de mejoras en el ámbito ambientalArchivo / Expreso

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Lo que debes saber

  • La productividad camaronera pasó de entre 4.000 y 5.000 libras por hectárea a cerca de 10.000 tras la profesionalización impulsada desde los años 2000.
  • Expertos estiman que la pérdida nacional comparable de manglar entre 1969 y 1999 ronda el 27 %, una cifra inferior al 57 % citado en un informe internacional.
  • Aunque el sector ha incorporado tecnologías para reducir el uso de harina de pescado y optimizar la alimentación, el tratamiento de aguas persiste como desafío ambiental.

La industria camaronera en Ecuador nació en los años 80 en la provincia de El Oro. Víctor Osorio, subdecano de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar de la ESPOL y exdirector del Programa de Manejo de Recursos Costeros, recuerda que fue a partir del año 2000 cuando la incursión de la mancha blanca forzó una profesionalización del sector. Desde entonces, la producción se disparó, pasando de producir entre 4.000 y 5.000 libras de camarón por hectárea a 10.000 libras.

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Esa expansión permitió el crecimiento del sector y posicionó a Ecuador como líder en la exportación mundial de camarón. Sin embargo, aquello también genera preocupaciones que trascienden las fronteras debido al impacto en los bosques de manglar o en el tratamiento de las aguas residuales.

Para constatar esos desafíos el Observatorio de Bienestar Animal encargo la indagación a FoodRise -un hub de innovación-, que concluyo en la elaboración de un informe titulado: “Langostino barato, costes elevados”. El documento puso en duda la sostenibilidad ambiental de la industria camaronera ecuatoriana al citar una pérdida del 57% de cobertura de manglar atribuida a la actividad productiva.

No obstante, expertos de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), aunque reconocen el problema, advierten que esa cifra de perjuicio a los manglares es errónea. Al revisar la metodología, Stanislaus Sonnenholzner, director del Centro Nacional de Acuicultura e Investigaciones Marinas de la Espol, explica que el informe de FoodRise “parte de una referencia equivocada”, ya que sostiene que ese elevado porcentaje de merma usa como referencia 360.000 hectáreas existentes en 1969, cuando la única referencia satelital de ese año estima un máximo de 205.000 hectáreas.

CONTEXTO

La discusión ambiental coincide con la suspensión de 14 empresas exportadoras de camarón hacia China por la detección de rastros de metabisulfito de sodio y de la mancha blanca.

¿Qué dicen los datos sobre el manglar?

Adrián Márquez, docente e investigador de la ESPOL, ofrece una recopilación más confiable. Según los datos del Centro de Levantamientos Integrados de Recursos Naturales por Sensores Remotos (CLIRSEN), la pérdida nacional de manglar comparable entre 1969 y 1999 se ubicaría entre el 26 % y el 27 %, con un margen de incertidumbre debido a la antigüedad de la información y a las tecnologías de medición disponibles en esa época.

De ese total, la reconstrucción del investigador Stuart Hamilton atribuye más del 90 % al reemplazo directo por piscinas camaroneras. Del mismo periodo estima mermas de alrededor del 85 % en Manabí, 46 % en El Oro, 26 % en Esmeraldas y 14,7 % en Guayas.

Osorio documentó, junto con otros investigadores, cómo varió el origen de esas piscinas. Según el capítulo 9 del libro Mangrove Ecosystems: A Global Biogeographic Perspective, publicado en 2017:

En 1984, cerca del:

  • 12 % de las piscinas camaroneras provenía de manglar.
  • 21 % provenía de tierras altas.
  • 18 % provenía de salitrales.

Para 2006, esas proporciones habían aumentado a:

  • 33 % de manglar.
  • 36 % de tierras altas.
  • 31 % de salitrales.

Desde la Cámara Nacional de Acuacultura, su presidente, José Antonio Camposano, explicó cómo se vigila el desempeño ambiental de las empresas: “El llamado a hacer el control es el Ministerio del Ambiente y Energía", señaló. No obstante, destacó que el gremio sí denuncia cuando detecta afectaciones en los manglares.

El gremio junto con Sustainable Shrimp Partnership (SSP), impulsa un proyecto piloto de 12 meses, con opción de extenderse hasta cuatro años, para recuperar áreas de manglar, monitorear y registrar su evolución. “Aún no hay un plazo para evaluar los resultados, pero esperamos poder verificar el cumplimiento de los objetivos conforme avance el proyecto”, señaló.

Mejoras en la alimentación buscan reducir la huella ambiental

Uno de los aspectos en los que la industria ha mejorado y previamente era cuestionada es el relacionado a la producción de alimentos para alimentar a los camarones. Sonnenholzner explica que la harina de pescado en el balanceado bajó de entre 20% y 25 % en los años 90 a hasta el 10% hoy, por la complementariedad nutritiva con soya y maíz.

Los avances tecnológicos que detectan hambre en el camarón reducen el desperdicio de alimento, y el fitoplancton de las piscinas captura y secuestra CO2, según Osorio.

Márquez matiza que la mayoría de estudios actuales sobre la huella de carbono del camarón son globales y no distinguen entre sistemas tecnificados y tradicionales.

Trabajadores realizan labores de manejo en una piscina camaronera

Trabajadores realizan labores de manejo en una piscina camaroneraARCHIVO EXPRESO

El siguiente paso: insertar tecnología para tratar el agua

En la circulación del agua hay avances, dice Sonnenholzner, pero aún no se cierra el ciclo: en algún punto hay que desaguar, y ahí falta tecnología de tratamiento con organismos que mejoren la calidad del agua antes de devolverla al estuario.

Sonnenholzner señala que esas tecnologías de tratamiento ya se aplican en otras partes del mundo, y podrían servir de referencia para Ecuador: sistemas naturales y policultivos —otras especies cultivadas junto al camarón dentro del mismo sistema— que ayudan a limpiarla antes de que llegue a los ecosistemas naturales. "Sí se puede, lo hacen en otros países", dice, aunque advierte que primero hay que identificar qué especies funcionarían en el contexto ecuatoriano.

Para Márquez, la acuicultura tiene "una responsabilidad histórica trascendental" ante el crecimiento poblacional hacia 2050, pues la ganadería y la agricultura ya alcanzaron su techo de tierra y agua. "No se trata de escoger entre la ecología y la agricultura, se trata de hacer que crezcan juntas", dice. 

Mientras que Cristina Alarcón, de la Fundación Protección Animal Ecuador (PAE), coincide en el trabajo conjunto y pide mesas técnicas entre autoridad, empresa y sociedad civil, sin que eso signifique "un ataque a la producción".

¿Hace falta una política pública sólida?

Sonnenholzner admite que no existe un estudio de factibilidad sobre la capacidad de carga que determine si el manglar puede sostener el crecimiento de la industria. Además, explica que el ecosistema puede seguir deteriorándose por contaminación aunque no se tale más, y esa contaminación no es responsabilidad única de las camaroneras. También llega por otras presiones como la minería —cita el río Jubones— y el crecimiento urbano. 

"Es difícil, muy difícil" separar qué corresponde a cada actividad, dice, por eso insiste en que hace falta más monitoreo.

Una política pública fuerte, agrega el director del CENAIM, también permitiría fortalecer programas comunitarios como los que el centro ya ejecuta con varias comunidades extractoras de concha prieta tales como: 

  • ASOPRORECMAR
  • Virgen del cisne
  • Cooperativa Hualtaco -Huaquillas
  • 15 de enero
  • Nuevo Milenio 
  • Archipiélago de Jambelí 
  • Bellavista (Recientemente integrada)

“Si ustedes le dicen solamente a las personas protejan, pero no reciben nada a cambio, no lo van a hacer”, señala. Falta, dice, acompañamiento en comercialización y valor agregado, no solo el paquete técnico.

Osorio suma otro pendiente: la investigación en especies alternativas, para no depender de un solo producto si volviera a ocurrir un brote como el de la mancha blanca en los años 90. “Se necesita inversión y desarrollo porque no estamos exentos a problemas en el futuro”, dice. Sonnenholzner coincide: los avances tecnológicos del sector se han hecho, sobre todo, con recursos privados, con poco respaldo estatal en investigación en conjunto con la academia.

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