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Diario Expreso Ecuador

Investigación científica

¿Qué se investiga para el agro ecuatoriano?: así avanzan los 60 proyectos del Fondo de Investigación

Microbiología, biotecnología, manejo de agua y bioinsumos buscan soluciones para productores. Persisten retos en la validación y transferencia de tecnologías

Raúl Jaramillo, director ejecutivo del INIAP, durante la apertura del primer Simposio Científico FIASA 2026, que reunió a más de 500 asistentes.

Raúl Jaramillo, director ejecutivo del INIAP, durante la apertura del primer Simposio Científico FIASA 2026, que reunió a más de 500 asistentes.INIAP / CORTESÍA

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Lo que debes saber

  • Una de las propuestas es producir de manera eficiente semillas limpias de banano y plátano en laboratorios de biotecnología para enfrentar enfermedades como Fusarium R4T y moko.
  • El proyecto de microbioma plantea abrir dos biofábricas comunitarias complementadas con tecnologías de agricultura 4.0. La propuesta espera financiamiento de FIASA.
  • Otro proyecto de investigación sistematizó 12 tecnologías de biofertilizantes y tiene al menos tres productos en fase final de acreditación y comercialización.

Usar microorganismos que ya existen en el suelo para enfrentar problemas de los cultivos, regenerar plantas completas a partir de células, anticipar la siembra de plátano mediante hidrogeles o producir bioinsumos con materiales disponibles en las comunidades son algunas de las líneas de investigación que se desarrollan con recursos del Fondo de Investigación para la Agrobiodiversidad, Semillas y Agricultura Sustentable (FIASA).

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Los resultados fueron presentados en el primer Simposio Científico FIASA 2026, realizado en la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH). Cuatro de las investigaciones expuestas abordaron problemas concretos de productores de papa, maíz, banano, café, plátano, cacao, arroz y pitahaya.

El fondo fue creado por la Ley de Semillas como una política del Estado para investigar en beneficio de los productores, explicó Raúl Jaramillo, director ejecutivo del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), durante la apertura del encuentro. Su planteamiento resume el desafío de estos proyectos: “la realidad del campo ha cambiado invirtiendo en conocimiento científico que se transforma en tecnología”.

Según cifras proporcionadas por el INIAP a EXPRESO, entre 2022 y 2026 FIASA ha destinado $19,5 millones para financiar 60 proyectos. De ese monto, $8,8 millones corresponden a 25 proyectos ejecutados por el INIAP y $10,6 millones a 35 proyectos del fondo concursable, desarrollados por instituciones de educación superior, organizaciones no gubernamentales y gobiernos autónomos descentralizados.

Regeneración de plantas desde células

El proyecto liderado por Elisa Quiala, investigadora del laboratorio de biotecnología de la Estación Experimental Litoral Sur del INIAP, busca disponer de material vegetal sano y establecer herramientas para futuros programas de mejoramiento genético. Para ello utiliza embriogénesis somática, una técnica que permite regenerar plantas completas a partir de células.

El equipo trabaja con cinco cultivos: café, banano, mandarina, cacao y palma aceitera. Para cada uno se utilizan diferentes partes de la planta como punto de partida y se adaptan protocolos de regeneración a las condiciones de los cultivos.

En banano, el proyecto consiguió multiplicar entre 50 y 70 plantas por estructura multiyema, frente a las seis o siete reportadas en la literatura utilizada como referencia por la investigadora. En café y banano, además, se aplicaron marcadores moleculares para comprobar la estabilidad genética de las plantas obtenidas. Hasta ahora no se encontró variación genética en los protocolos evaluados, lo que permitió validar su clonación.

El proyecto también cuenta con parcelas experimentales de café y banano. Los protocolos de mandarina y palma aceitera se encuentran en fase de terminación, mientras que el desarrollo para cacao presenta un avance menor.

La transferencia forma parte del proyecto: casi 40 técnicos han recibido capacitación y existen ofertas de entrenamiento para quienes trabajan en investigación, docencia o producción de material vegetal.

Los resultados no significan todavía que la edición génica esté siendo aplicada en estos cultivos. Quiala explicó que la regeneración celular abre una vía para que, en el futuro, puedan utilizarse técnicas como la mutagénesis o la edición génica.

Elisa Quiala, investigadora del INIAP, expuso los avances de un proyecto de biotecnología que desarrolla protocolos para regenerar plantas a partir de células.

Elisa Quiala, investigadora del INIAP, expuso los avances de un proyecto de biotecnología que desarrolla protocolos para regenerar plantas a partir de células.CORTESÍA

Ante la preocupación por los problemas fitosanitarios que afectan al banano y plátano, en particular por enfermedades como Fusarium y moko, Quiñala destacó el papel de la semilla limpia producida mediante biotecnología. Explicó que seguir trasladando semillas y colinos de un lugar a otro favorece la dispersión de estas enfermedades y sostuvo que Ecuador debe avanzar hacia una producción de material de propagación en laboratorios de biotecnología, mediante plantas meristemáticas.

“Toda la producción de semillas del país, de banano y plátano, tiene que salir de los laboratorios de biotecnología. Eso es un sí o sí (...) los países que hoy tienen éxito en poder controlar estas enfermedades vasculares lo están haciendo así”.Elisa Quiala, investigadora del INIAP

Del suelo a la validación en laboratorio

En Chimborazo, el proyecto de microbioma presentado por Pablo Álvarez, investigador de la ESPOCH, partió de una problemática identificada junto con productores de Santa Fe de Galán y San José de Chazo, dedicados principalmente a papa y maíz.

En las encuestas realizadas a los agricultores se identificaron pérdidas de hasta 83 % en papa y 68 % en maíz, además de un desconocimiento sobre el control biológico y los microorganismos benéficos. A partir de allí, el equipo busca determinar si los microorganismos presentes naturalmente en los cultivos y suelos pueden contribuir a generar sistemas más resilientes.

Hasta el momento se han procesado 116 muestras de papa y 103 de maíz. Mediante métodos dependientes de cultivo se obtuvieron 269 cepas de bacterias y 330 de hongos. Entre estas se identificaron microorganismos con potencial benéfico y una colección de 70 cepas de Trichoderma.

Pablo Álvarez, investigador de la ESPOCH, presentó los avances de un proyecto que estudia microorganismos de papa y maíz para identificar aquellos con potencial de uso agrícola.

Pablo Álvarez, investigador de la ESPOCH, presentó los avances de un proyecto que estudia microorganismos de papa y maíz para identificar aquellos con potencial de uso agrícola.CORTESÍA

La investigación también utiliza métodos independientes de cultivo, que permiten obtener directamente el ADN de tejidos vegetales, raíces, hojas y suelo. El objetivo es encontrar microorganismos que no pueden recuperarse mediante las técnicas tradicionales.

Después de la identificación, las cepas pasan por pruebas in vitro, ensayos en invernadero y evaluaciones en una estación experimental. La siguiente etapa es llevar los microorganismos a las comunidades donde comenzó el estudio.

“Hasta aquí, lo que tenemos es una diversidad microbiana muy alta, con muchos microorganismos con potencial biotecnológico (...) queremos hacer ciencia que llegue al territorio”.Pablo Álvarez, investigador de la ESPOCH

Ese tránsito todavía tiene dificultades. Una de ellas es conservar la viabilidad y las características de los microorganismos, pues algunas cepas pueden perder capacidad de acción durante su permanencia en laboratorio. El equipo trabaja en métodos de conservación y plantea una segunda fase, denominada BioFab 4.0, que requeriría financiamiento para implementar dos biofábricas comunitarias y combinar la aplicación de microorganismos con agricultura de precisión, drones y sensores.

Sembrar antes de las lluvias

En Manabí, el problema abordado por Galo Cedeño, investigador de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí, es la producción agrícola de secano y la escasez de agua.

El proyecto estableció ensayos en seis cantones y siete rubros: plátano, cacao, maracuyá, maíz, maní, yuca y pasto de corte. Se evaluaron hidrogeles, biochar, zeolita, siembra directa, coberturas y sistemas de asociación de cultivos, entre otras alternativas.

En plátano, uno de los ensayos se concentró en utilizar hidrogeles para conservar humedad y anticipar la siembra. Con plantas de vivero o in vitro, el sistema permitió mantener la humedad durante hasta 30 días sin riego; con colinos o rizomas, hasta 60 días.

La ventaja, según Cedeño, no es reemplazar el riego, sino permitir que el agricultor adelante la siembra y aproveche mejor el período lluvioso. “Es más que todo una herramienta de planificación”, señaló.

El encuentro presentó avances de proyectos financiados por el fondo.

El encuentro presentó avances de proyectos financiados por el fondo.CORTESÍA

Los ensayos también evaluaron asociaciones de cultivos como plátano-cacao. En las fincas estudiadas, Cedeño reportó menor presencia de sigatoka y nematodos en sistemas asociados. En algunos predios donde el monocultivo de plátano había presentado moko, el investigador indicó que el plátano asociado con cacao no mostró la enfermedad. El equipo busca explicar estas diferencias mediante análisis del microbioma del suelo, por lo que este resultado no se presenta como una prueba de que la asociación controle por sí sola el moko.

La investigación continúa con otras alternativas para conservar humedad, reducir la dependencia de un solo cultivo y mejorar el manejo del suelo.

Bioinsumos para producir en comunidad

El cuarto proyecto expuesto, dirigido por Jorge Tumbaco, investigador de la Estación Experimental Portoviejo del INIAP, se enfocó en reducir el uso de insumos químicos y mejorar las condiciones del suelo en sistemas de agricultura familiar de Manabí.

Se evaluó compost enriquecido en maíz y pitahaya, el "supercinco" (un superbiol compuesto por melasa, leche, levadura, estiércol, agua de río, entre otros elementos) y microorganismos eficientes en arroz, y ácido piroligneoso en cacao. Este último se obtuvo a partir de caña guadúa mediante un proceso de calentamiento, condensación, destilación y reposo.

En maíz, el compost enriquecido favoreció el desarrollo de las mazorcas y, según las estadísticas manejadas por el proyecto para 2024, se registró una reducción del costo de producción de entre $80 y $100. En arroz, determinados tratamientos con microorganismos eficientes mejoraron la altura de las plantas y el macollamiento (fase vegetativa en la que la planta emite tallos secundarios) y redujeron los costos de fertilización. 

Mientras que, en cacao, el ácido piroligneoso mostró la mejor respuesta entre las tecnologías evaluadas para el control de la monilia. En pitahaya, el compost y el té enriquecido con microorganismos favorecieron el desarrollo radicular (se trata del proceso de crecimiento y fortalecimiento de las raíces de una planta).

El proyecto sistematizó 12 tecnologías de biofertilizantes, implementó dos biofábricas operativas, una planta piloto y 30 parcelas demostrativas. Además, seis días de campo permitieron capacitar a 336 personas. En la Escuela Territorial Amelia Quiñones participaron 72 familias, principalmente mujeres rurales, que iniciaron procesos de adopción de los bioinsumos.

El siguiente paso es validar los resultados, profundizar en la identificación de los microorganismos y avanzar en la acreditación y comercialización. Ante una consulta de productores sobre los registros exigidos para los insumos, Tumbaco señaló que al menos tres productos se encontraban en fase final de acreditación y comercialización.

Así, los resultados presentados no se encuentran todos en el mismo punto: algunos ya tienen ensayos de campo y procesos de adopción; otros requieren validación, financiamiento o nuevos ciclos de investigación antes de escalarse.

Sobre los demás proyectos de investigación

Las cuatro investigaciones fueron parte del primer ciclo de ponencias del simposio, cuya agenda incluyó proyectos sobre conservación y manejo del banco de germoplasma, producción sostenible de semillas de trigo, cuantificación hídrica para sistemas agroproductivos, semillas andinas y domesticación de especies silvestres vinculadas a conocimientos ancestrales.

En la jornada de la tarde se abordaron, además, el uso de la agrobiodiversidad frente a la desnutrición infantil, estrategias climáticamente inteligentes para producir biomasa forrajera y transformarla en proteína animal en el Litoral, y la optimización del riego del cacao mediante sistemas inteligentes para determinar las necesidades hídricas de la planta.

Son líneas distintas, pero tienen un punto en común: convertir recursos destinados a investigación en conocimiento que pueda ser validado, transferido y utilizado por quienes producen. El reto, como resumió Jaramillo, es que el conocimiento científico “se transforme en tecnología” y represente “soluciones reales para los productores en su zona”.

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