Alza de fertilizantes
El bloqueo del estrecho de Ormuz ‘siembra’ temor en el agro ecuatoriano
La guerra en el golfo Pérsico disparó los precios de abonos. Hay stock para esta temporada, pero los niveles de productividad ya muestran amenazas

El conflicto en Ormuz elevó los precios de los fertilizantes. Productores arroceros advierten que, de tres aplicaciones requeridas por cultivo, ahora solo pueden costear una.
Lo que debes saber
- El conflicto en Ormuz afecta directamente el comercio global y los costos de los fertilizantes, ya que por esa ruta circula una parte importante de los insumos y del gas natural utilizado para producir urea.
- El modelo agrícola de Ecuador lleva décadas consolidando una fuerte dependencia a los fertilizantes importados, especialmente nitrogenados.
- A pesar de que hay stock de abonos, los productores están reduciendo las aplicaciones de fertilizantes por los altos costos, lo que impacta en la productividad.
El transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz colapsó el pasado 28 febrero, con una caída de los tránsitos de más del 95 %, interrumpiendo los flujos de energía y fertilizantes. Para Ecuador, los efectos del conflicto bélico en el golfo Pérsico no son lejanos.
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En un informe publicado el 30 de marzo, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) advirtió que por esa ruta circula aproximadamente un tercio del volumen mundial de fertilizantes transportados por mar y que el gas natural que cruza el estrecho es clave para producir abonos nitrogenados (urea, sulfato de amonio, nitrato de amonio).
Mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que en abril de 2026 se registró el menor volumen de comercio global de fertilizantes desde 2019.
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La UNCTAD, también señaló que el incremento en los precios del gas elevó los costos de producción de fertilizantes y que el encarecimiento del transporte marítimo, derivado de la reducción de las frecuencias navieras, impacta en los insumos que llegan por esa vía. Los países de la región concentran el 13 % de las exportaciones mundiales de nitrógeno y el 9 % de los nutrientes fosfatados. Según el organismo, los efectos sobre la producción de alimentos ya son visibles y el riesgo aumenta a medida que el conflicto se prolonga.
Y el agro ecuatoriano no está exento de las consecuencias. Según Serapio Arana, presidente de la Asociación de la Industria de Protección de Cultivos y Salud Animal (APCSA), que agrupa a 40 empresas importadoras que abastecen el 90% de la demanda de abonos en Ecuador, el impacto no fue inmediato porque las compras se realizan con meses de anticipación. El punto de inflexión llegó con las compras para la siguiente temporada. “La guerra nos agarró con compras bajas, casi sin compras, y eso es lo que va a impactar en este verano”.
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La urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado, pasó de comercializarse entre $25 y $30 a precios de entre $40 y $50, mientras que otros productos, como el muriato de potasio y el fosfato diamónico (DAP), subieron entre $2 y $3 debido al encarecimiento del transporte marítimo.

El precio máximo al que pasó a comercializarse el quintal de urea es de $50, insumo clave para el agro.
Aunque Arana asegura que las importadoras cubrirán entre el 90% y 95% de la demanda para esta temporada y descarta, por ahora, un escenario de especulación, advierte que si el conflicto se extiende hasta 2027 “los inventarios estratégicos del mundo comenzarían a agotarse a niveles peligrosos porque no hay reemplazo de los fertilizantes del Golfo Pérsico, el próximo año sí tendríamos problemas en el mundo entero y habría especulación”.
Las presiones sobre los mercados internacionales abonos ya se observaron cuando India, cuyo principal proveedor de fertilizantes era el golfo Pérsico, salió al mercado global para comprar 2,5 millones de toneladas de urea a precios que llegaron a duplicarse durante abril. Según Arana, esa demanda alteró el comercio global de fertilizantes nitrogenados y generó desabastecimiento en otros mercados productores, como Russia y China.
Además, recalca que las fábricas bombardeadas en Irán “se van a demorar alrededor de dos o tres años en estar hábiles nuevamente”.
Efectos en los campos
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José Luis García, del Comité de Defensa del Agricultor, describe el efecto directo: “si antes el productor arrocero invertía para tres aplicaciones de fertilizantes por ciclo de siembra, ahora solo tiene recursos para una”. A esto se suma que desde 2025 no se ha respetado el precio mínimo de sustentación (PMS), agravando la presión sobre una economía agrícola ya debilitada.
Franklin Torres, presidente de la Federación Nacional de Bananeros del Ecuador (Fenabe), explica que la fertilización bananera se realiza cada 15 o 30 días, sin embargo, reconoce que en marzo y abril muchos pequeños y medianos productores prácticamente no fertilizaron, debido a que comercializaron por muy debajo del PMS. “Eso se va a notar en los próximos meses cuando la producción baje ostensiblemente”. Según Torres, hoy el sector maneja cerca de un 20% menos de fruta.
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Similares son los efectos en la región andina. El presidente de la Cámara de Agricultura de la Primera Zona, Rodrigo Gómez de la Torre, advierte que el conflicto en Ormuz reactivó una dinámica similar a la crisis de fertilizantes de 2021 y 2022. “En la sierra estamos ya en un momento de aplicación de fertilizantes para reforzar la planta para el periodo seco, y ha sido un impacto económico importante", advierte Gómez. La respuesta al desafío, se basará en ajustar dosis y evaluar otras formas de fertilización, incluida la orgánica, asumiendo que "la reacción en los cultivos puede ser más lenta".
Modelo agrícola dependiente
En 2025, según el Banco Central del Ecuador, el país importó 1.185.484 toneladas métricas de abonos, equivalentes a $606,4 millones. Los fertilizantes nitrogenados concentraron el 54% del volumen importado.
David Singaña, investigador del Observatorio del Cambio Rural (OCARU), enmarca esa cifra en una tendencia histórica: entre 1990 y 2022, Ecuador importó 2,8 millones de toneladas adicionales de insumos agrícolas. “No solo nos enfrentamos a una mayor dependencia, sino también a un escenario global en el que importar y exportar cuesta más”, advierte.
Un análisis elaborado por OCARU y el Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE) identificó que los cultivos con mayor uso de fertilizantes químicos son el arroz, donde el 99,8% de las unidades productivas emplean estos insumos; el maíz duro seco (98%); el tomate riñón (91%); y la papa (84,8%). Para Singaña, esto responde a que “se construyó esta lógica del modelo agropecuario como la única forma de producir”.
El investigador advierte que cuando los mercados se reactiven, Ecuador no comercializará abonos de manera prioritaria porque hay otros con mayor capacidad. A esto suma la preocupación por el acuerdo comercial con Estados Unidos, que podría presionar a los productores nacionales: “Puede ser que nuestra producción baje, pero corremos el riesgo de tener un reemplazo por producción estadounidense”.
Las consecuencias, prevé Singaña, también llegarán al consumidor, que aún no comprende que “la producción no es solo local, sino que depende de estos mercados internacionales para poder seguir”.
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Alternativas ante la crisis
El ministro de Agricultura, Juan Carlos Vega —cuya cartera no respondió al pedido formal de entrevista de Diario Expreso para ampliar su posición— mencionó en entrevistas radiales la llegada, a finales mayo, de un embarque de abonos para 10.000 hectáreas desde Marruecos y gestiones con proveedores de urea en Turquía para diversificar la oferta. También planteó apostar por bioles y abonos naturales desarrollados en fincas.
Sin embargo, Singaña advierte que “solo de arroz nosotros tenemos 405.000 hectáreas”, lo que evidencia la escasa cobertura de esa propuesta, y que apostar por mercados lejanos no es solución probable. Plantea restablecer vínculos con Colombia y otros países de la región.
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En cambio García, a falta de una industria local de abonos, plantea apostar por "un plan para que el agricultor reciba la urea precios internacionales" lo que abarataría costos de producción y mejoraría competitividad comercial. Además, propone la rotación arroz-soya: la leguminosa nitrogeniza el suelo de forma natural y mejoraría la cosecha siguiente hasta en un 20%. El obstáculo es que la industria del balanceado no demanda la soya ecuatoriana sino que la importa.
Torres, en cambio insiste en garantizar el PMS, que al menos cubra los costos de producción. Considera que la propuesta de fertilizantes orgánicos podría funcionar, pero a largo plazo, puesto que requiere del involucramiento de la academia y el Estado para el “acompañamiento técnico debido en los campos”.
En esa línea, Singaña sostiene que la transición hacia modelos agroecológicos debería ser respaldada con crédito público, en lugar de centrarse en kits agrícolas. Además, considera necesario garantizar espacios de comercialización directa para sostener a los productores, mientras prueban métodos orgánicos y logren recuperar niveles de productividad.
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