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Apagones en Ecuador: la industria podría ajustar sus nóminas si los cortes se extienden hasta enero

La crisis eléctrica amenaza la competitividad, la producción y el empleo, en un escenario marcado también por el riesgo de un fenómeno de El Niño fuerte

Un trabajador revisa los medidores de energía eléctrica en una empresa, en Guayaquil.

Un trabajador revisa los medidores de energía eléctrica en una empresa, en Guayaquil.Archivo/ Expreso

Lina Zambrano
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Lo que debe saber

  • El empleo está en riesgo si los cortes se prolongan. Una reducción prolongada de la producción puede disminuir los ingresos de las empresas y obligarlas a ajustar sus nóminas.
  • Se propone repartir los racionamientos y flexibilizar las jornadas.
    El analista plantea distribuir el esfuerzo entre los consumidores y autorizar reducciones temporales de jornada para evitar despidos.
  • Los apagones y El Niño amenazan el crecimiento. La previsión de crecimiento de 2,7 % para 2026 enfrenta incertidumbre. El cálculo citado para un fenómeno fuerte de El Niño anticipa una reducción de 1,4 puntos porcentuales en el crecimiento de 2027, sin incluir el impacto de los apagones.

La decisión de concentrar los racionamientos eléctricos en el sector productivo para evitar cortes en los hogares tiene un costo que podría ir más allá de las pérdidas empresariales. La reducción de la producción amenaza con trasladarse al mercado laboral, con posibles recortes de personal si las restricciones se prolongan.

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Así lo advierte el analista económico, Alberto Acosta, entrevistado en Teleamazonas, quien considera que el Gobierno debe evaluar medidas de emergencia para enfrentar la crisis energética sin profundizar el deterioro del empleo.

El problema, explica, es que la producción y los hogares no funcionan de manera separada. Si una empresa deja de operar durante una parte importante de la semana, sus ingresos pueden reducirse y, con ellos, su capacidad para mantener la nómina.

El especialista señala que el racionamiento debe organizarse de manera que evite daños mayores a la economía. Aunque reconoce la importancia de proteger a los hogares de las desconexiones, advierte que trasladar toda la carga al sector productivo puede terminar afectando a las mismas familias que se busca proteger.

Por ello, plantea que el esfuerzo para reducir el consumo eléctrico debe distribuirse entre los distintos tipos de usuarios, en lugar de concentrarse exclusivamente en las industrias.

Está en riesgo la competitividad

La competitividad de las empresas ecuatorianas ya enfrenta presiones por el costo de la energía. Según el analista, la electricidad para los consumidores de alto consumo se ubica, en promedio, en unos 30 centavos por kilovatio hora, un valor que considera superior al promedio regional.

A ese costo se suma la falta de suministro. No todas las empresas tienen sistemas de autogeneración, por lo que los cortes limitan directamente su capacidad para producir y cumplir con sus compromisos comerciales.

El escenario se vuelve más preocupante si las restricciones continúan hasta enero o febrero. El especialista advierte que el país podría afrontar alrededor de tres meses de producción parcial, con efectos sobre los ingresos empresariales y las decisiones de contratación.

En ese contexto, recuerda que no todas las actividades pueden adaptarse de la misma manera. Una industria que utiliza hornos de gran tamaño, por ejemplo, necesita mantener procesos continuos y no puede encender y apagar sus equipos cada semana sin asumir costos adicionales.

Por eso, considera necesario que las autoridades permitan organizar las desconexiones de acuerdo con las características de cada sector. Una alternativa podría ser concentrar los cortes en determinados períodos para que algunas empresas trabajen semanas completas, en lugar de distribuir las interrupciones a lo largo de cada semana.

Jornadas reducidas, una alternativa para evitar despidos

Ante la posibilidad de que los apagones se prolonguen, el analista propone implementar un programa de emergencia que permita a las empresas ajustar temporalmente sus jornadas laborales.

La propuesta contempla autorizar reducciones de jornada y establecer mecanismos de flexibilidad laboral, como se hizo durante la pandemia, para que las compañías puedan adaptarse a la caída de su actividad sin recurrir inmediatamente a los despidos.

El especialista sostiene que, si una empresa deja de producir durante tres días de cada semana, podría perder cerca de la mitad de su tiempo operativo habitual. Si esa situación se mantiene durante varias semanas o meses, sus ingresos también podrían caer significativamente.

No obstante, aclara que una reducción temporal de la actividad no necesariamente provoca despidos inmediatos. Las empresas pueden soportar períodos cortos de dificultades, pero una crisis prolongada aumenta la presión sobre sus finanzas y su capacidad para mantener a todos sus trabajadores.

La prioridad, insiste, debe ser proteger el empleo mediante herramientas que permitan a las compañías superar la emergencia energética.

El panorama también está condicionado por el riesgo de un fenómeno de El Niño fuerte, que podría afectar la actividad económica en distintos sectores. La combinación de ambos problemas aumenta la necesidad de adoptar medidas preventivas.

El diésel y la autogeneración suman otra presión

La generación eléctrica por cuenta propia se ha convertido en una alternativa para las empresas que buscan mantener sus operaciones durante los cortes. Sin embargo, esta solución también tiene limitaciones, especialmente por el costo y la disponibilidad del diésel.

El analista advierte que el combustible utilizado para la autogeneración industrial no corresponde al diésel subsidiado destinado al consumo automotor. Por ello, un incremento internacional de los precios o una eventual restricción de las exportaciones de este producto podría elevar los costos y complicar el abastecimiento.

La preocupación aumenta porque, durante el estiaje, Ecuador necesita recurrir con mayor intensidad a la generación térmica para sostener el suministro eléctrico.

En consecuencia, la autogeneración no elimina por completo los riesgos de la crisis: puede ayudar a mantener la producción, pero expone a las empresas a mayores gastos operativos y a las condiciones del mercado internacional de combustibles.

El crecimiento económico de 2026 enfrenta dos amenazas

La economía ecuatoriana venía mostrando señales de recuperación. Según las cifras mencionadas durante la entrevista, el Banco Central elevó su previsión de crecimiento para 2026 del 2,5 % al 2,7 %, en un contexto de expansión de las ventas y dinamismo de sectores vinculados al crédito y la liquidez.

Sin embargo, el analista advierte que las restricciones eléctricas y el riesgo de un fenómeno de El Niño pueden afectar ese desempeño.

El Banco Central estimó que un evento fuerte de El Niño podría restar 1,4 puntos porcentuales al crecimiento económico de 2027. Ese cálculo corresponde al impacto atribuido a ese fenómeno y no incluye los efectos de los apagones, cuya magnitud todavía es difícil de determinar porque las condiciones de suministro cambian semana a semana.

Como antecedente, el especialista recuerda que en 2024, cuando Ecuador soportó apagones generalizados de hasta 14 horas diarias, la economía se contrajo un 1,9 %.

La advertencia es que, si las restricciones actuales se prolongan y coinciden con afectaciones climáticas, el costo no se limitará a la producción perdida: también podría reflejarse en el empleo, las ventas y el crecimiento económico de los próximos meses.

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