Corte de energia
La industria textil alerta: los apagones también ponen en riesgo las ventas navideñas
Camilo Ontaneda, presidente de AITE, pide al Gobierno coordinar los horarios de desconexión eléctrica según las necesidades de cada sector

Una persona realiza su trabajo en una industria de textil, en Quito.
Lo que debe saber
- Tres días de cortes pueden afectar tres días y medio de producción.
El apagado y reinicio de las máquinas, junto con los procesos térmicos y húmedos, prolongan el impacto de las desconexiones. - La autogeneración enfrenta obstáculos. Entre un 30 % y más del 40 % de las empresas podría contar con capacidad de generación propia, según las alternativas consideradas por el dirigente. Los trámites y la instalación de equipos retrasan otros proyectos.
- Las exportaciones podrían verse afectadas. Aunque todavía no se reportan retrasos concretos en los pedidos internacionales, la falta de continuidad productiva puede comprometer las entregas y la permanencia de clientes en el exterior.
Los apagones programados durante tres días a la semana representan un desafío para la industria textil ecuatoriana. El impacto no se limita al tiempo en que las fábricas permanecen sin electricidad: también incluye las horas necesarias para apagar y reiniciar las máquinas, recuperar los procesos productivos y evitar desperdicios de materia prima.
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Así lo explica Camilo Onaneda, presidente ejecutivo de la Asociación de Industriales Textiles del Ecuador, quien considera necesario que el Gobierno mantenga un diálogo técnico y permanente con los sectores productivos para reducir las pérdidas que generan las restricciones eléctricas.
El dirigente empresarial señala que hubo una primera reunión del Comité Empresarial Ecuatoriano con representantes del Gobierno hace aproximadamente 12 días. Sin embargo, hasta el momento de la entrevista con Teleamazonas no se había concretado un segundo encuentro. La expectativa era retomar las conversaciones durante esa semana.
El objetivo, sostiene, es encontrar alternativas que permitan cumplir con la reducción del consumo eléctrico que necesita el país, pero con una planificación que considere las particularidades de cada industria.
En el sector textil, por ejemplo, existen procesos térmicos y húmedos que requieren continuidad. El tratamiento o teñido de una tela puede tomar hasta 12 horas. Si la electricidad se interrumpe sin suficiente anticipación, el producto puede quedar inconcluso y perderse.
Por eso, Ontaneda advierte que tres días de desconexión pueden traducirse en al menos tres días y medio de afectación para algunos eslabones de la cadena productiva, debido al tiempo que toma retomar las operaciones.
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Una semana continua de trabajo reduciría las pérdidas
Ante este escenario, la industria textil plantea que los horarios de desconexión se coordinen de acuerdo con las características de cada actividad económica.
Ontaneda explica que, para determinados procesos continuos, podría resultar más eficiente concentrar las horas de suspensión eléctrica en una semana y trabajar de manera ininterrumpida durante las siguientes tres, en lugar de distribuir los cortes a lo largo de cada semana.
Esta alternativa permitiría organizar mejor al personal, reducir los costos de arranque de las máquinas y disminuir el desperdicio de materiales.
El dirigente aclara que no se trata de una solución aplicable a todas las actividades económicas. La agroindustria y otros sectores tienen necesidades diferentes, por lo que considera indispensable evaluar cada caso.
En cuanto al cumplimiento de las disposiciones, afirma que las empresas textiles han acatado los pedidos de desconexión comunicados por las autoridades. No obstante, recuerda que durante la primera semana hubo dificultades de coordinación, especialmente para las industrias conectadas a mediano voltaje.
Según su testimonio, en algunos casos se modificaron los días previstos para los cortes, lo que complicó la organización de los procesos continuos. Posteriormente, la programación de las desconexiones para miércoles, jueves y viernes permitió una mayor claridad para las empresas de ese segmento.
La autogeneración avanza, pero los trámites retrasan
La crisis eléctrica también ha impulsado a las empresas a buscar alternativas para abastecerse de energía. De acuerdo con Ontaneda, aproximadamente un 30 % de las compañías del sector textil podría contar con capacidad de autogeneración este año, mientras que, al considerar determinadas soluciones emergentes, la proporción podría superar el 40 %.
Entre las opciones figuran los sistemas fotovoltaicos, incluidas las granjas solares en empresas que disponen de terrenos, y los generadores a diésel.
Sin embargo, esta última alternativa también implica costos elevados. Ontaneda señala que el diésel industrial que utiliza el sector supera los 4,50 dólares por galón, un valor que debe considerarse al calcular el costo de producir electricidad por cuenta propia.
Otro obstáculo es la demora en los permisos. El dirigente conoce al menos cinco empresas textiles que avanzan con proyectos de autogeneración y que han encontrado dificultades para obtener las autorizaciones necesarias.
Aunque se han mencionado plazos de tres a cuatro meses para ciertos trámites, el proceso completo incluye la adquisición y fabricación de equipos, su importación y la instalación. Por ello, advierte que algunos proyectos podrían tardar alrededor de dos años en concretarse.
La experiencia de 2024, cuando las restricciones eléctricas limitaron severamente la producción, llevó a varias empresas a invertir en soluciones para reducir su dependencia de la red. No obstante, los proyectos que siguen pendientes de autorización no pueden avanzar al ritmo que requiere la emergencia.
El empleo y las exportaciones, entre las preocupaciones
Por ahora, Ontaneda no identifica una cifra concreta de empleos perdidos directamente por las desconexiones. Explica que las empresas intentan absorber los costos y reorganizar sus operaciones para evitar despidos.
Sin embargo, advierte que la incertidumbre eléctrica puede frenar nuevas contrataciones, porque las compañías no tienen garantías de que podrán operar al 100 % de su capacidad.
El problema también alcanza a los compromisos comerciales. Las empresas deben renegociar plazos con sus clientes nacionales y reorganizar la entrega de insumos dentro de una cadena productiva en la que cada eslabón depende del anterior.
La preocupación aumenta cuando se trata de compradores internacionales. Aunque el dirigente no reporta retrasos en las exportaciones al momento de la entrevista, advierte que estos podrían producirse en el futuro y derivar en la pérdida de clientes que tienen otros proveedores disponibles en el mercado mundial.
Además, el sector enfrenta una etapa importante de preparación de productos textiles para la temporada navideña, cuando las empresas organizan su producción para atender una mayor demanda.
Ontaneda insiste en que la industria está haciendo esfuerzos para autogenerar electricidad y cumplir las disposiciones oficiales. Pero advierte que el sacrificio tendrá un costo si, al final, los productos ecuatorianos no consiguen compradores por sus precios.
Por ello, pide que la respuesta a la crisis no se limite a reducir el consumo eléctrico industrial, sino que también contemple la competitividad de las empresas y las condiciones que les permitan mantener su actividad.