Fenómeno De el niño
El agro ecuatoriano sin ruta clara para afrontar a El Niño
Las alertas ya fueron activadas, pero sin planificación sólida y a largo plazo. La coordinación interinstitucional, en entredicho

Lluvias sin fenómeno de El Niño ya dejaron estragos en zonas productivas. Con este evento en puerta, la preocupación crece en el sector agropecuario.
Lo que debes saber
- Han pasado 65 días desde que el Gobierno adelantó las elecciones por la amenaza de El Niño. El agro, uno de los sectores más expuesto, aún espera un plan estructurado.
- Datos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) apuntan a un evento de débil a moderado al menos hasta el tercer trimestre, con un 35% de que alcance la categoría de Súper Niño.
- La cuenca del río Guayas acumula más de cuatro décadas sin gestión integral. Con El Niño en puerta, el riesgo de anegamiento en las zonas productivas ubicadas en los niveles medios y bajos se potencia.
El 27 de marzo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) adelantó las elecciones seccionales de 2027 al 29 de noviembre de 2026. La decisión se tomó a partir de un informe de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) que advertía sobre la posible llegada de un fenómeno de El Niño de gran intensidad al país. Sin embargo, tras ese anuncio, el sector agropecuario que históricamente concentra graves pérdidas ante este tipo de eventos quedó a la espera de una respuesta institucional concreta que, hasta el cierre de esta edición, no ha llegado en forma de plan de emergencia enfocado en el agro.
“La pérdida en el ámbito rural y de producción, es terrible”, advierte el ingeniero Marcos Delgado, del Colegio de Agrónomos del Guayas. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las inundaciones de 1982-1983 provocadas por El Niño dejaron pérdidas por $405,6 millones en sectores productivos (agricultura, ganadería, pesca e industria).
Aunque cada invierno las inundaciones en zonas como Babahoyo y Milagro vuelven a ocupar titulares, para Delgado el problema de fondo sigue sin resolverse: “No se está haciendo una planificación a mediano y largo plazo”. Además, señala que las competencias de riego y drenaje recaen en los consejos provinciales con presupuestos limitados (alrededor de $5 millones anuales) insuficientes para sostener programas de mitigación.
El 19 de mayo, la SNGR declaró la alerta amarilla en 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias. Y el 27 de mayo se impartieron lineamientos a los Comités de Operaciones de Emergencia (COE) provinciales y cantonales para iniciar acciones de prevención y mitigación.
En paralelo, desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP) y la Prefectura del Guayas se ha reforzado la narrativa de la posible llegada de uno de los fenómenos de El Niño más fuertes de los últimos años. La Prefectura del Guayas anunció la elaboración de un “plan de acción integral” que estaría listo en un mes y es liderado por Carlos Encalada, nuevo titular del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) provincial. Desde la institución alegaron que debido a la reciente transición de autoridades no podían ofrecer una vocería.

Tras años de afrontar pérdidas por las lluvias, arroceros observan con cautela la posible llegada de El Niño y evalúan si sembrar esta temporada.
Mientras tanto las alertas ya provocan incertidumbre en los campos. Tras recorridos por zonas arroceras como Palestina, Colimes, Yaguachi y Santa Lucía, Delgado afirma que muchos agricultores dudan en sembrar esta temporada por temor a perder sus inversiones. Por ello, insiste en que las acciones coordinadas no pueden seguir postergándose ni limitarse únicamente a este evento, sino mantenerse para reducir los impactos en las zonas productivas.
Sobre la intensidad
Que El Niño ya está en desarrollo es algo que los datos confirman, así lo explica María del Pilar Cornejo, directora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción del Riesgo de Desastres de la ESPOL, explica que por definición se requieren cinco meses consecutivos con trimestres traslapados y anomalías de temperatura superiores a 0,5 grados Celsius en la zona Niño 3.4 para oficializar el fenómeno. "Nadie puede decir que no va a haber un Niño", señala Cornejo, quien añade que las proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) apuntan a un evento de débil a moderado al menos hasta el tercer trimestre, con una verificación probable hacia septiembre.
Los datos de la NOAA actualizados en mayo también determinaron que la probabilidad de que se forme un Súper Niño son de un 35%. No obstante, Cornejo no descarta que el riesgo de inundaciones se incrementaría hacia finales de año si el fenómeno se fortalece. “Con las lluvias normales del invierno ya tendríamos problemas inclusive si se tratará de un niño débil o moderado, dada la alta vulnerabilidad del país”, advierte.
Las posibles afectaciones
Por su parte, el ingeniero César Benavidez, docente de la Universidad Nacional de Loja y experto en cambio climático, traza un mapa detallado de los impactos que podría enfrentar el agro ecuatoriano según la región. En la Costa norte se esperan lluvias extremas con inundaciones y deslizamientos, mientras que en la Costa sur el escenario son inundaciones severas en planicies de cultivos de arroz, banano, caña de azúcar y cacao.
En la Sierra Norte y Centro se prevé sequía, heladas y lluvias irregulares que alterarían el calendario de siembra de papa, maíz y hortalizas. En la Sierra Sur, particularmente en Loja y Azuay, Benavidez advierte la eventual afectación al café de especialidad con efectos económicos considerables: “las temperaturas mínimas van a ser más altas, y el café depende precisamente de esa variación térmica. Eso podría provocar una caída en la calidad de taza y poner en riesgo certificaciones premium y subastas internacionales”.
En la Amazonía, las sequía, descensos del nivel de los ríos y posibles incendios forestales afectarían al cacao amazónico, la yuca, el maíz y la pitahaya, este último cultivo se vería comprometido en su productividad si no cuenta con acceso a riego.
Deuda histórica
Las recurrentes inundaciones en las zonas productivas ubicadas en los niveles bajos de la cuenca del río Guayas responden a la falta de decisión y acuerdos políticos entre prefecturas y municipios involucrados, según Delgado. Recuerda que, hace unos 45 años, la Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca del Río Guayas (CEDEGÉ) ejecutó importantes proyectos de control de anegamientos. Sin embargo, tras su desaparición, asegura que no ha existido una entidad que retome ese trabajo de forma integral. “Hoy lo que hay son acciones paliativas”, afirma, como limpiezas de cauces y dragados puntuales.
La mancomunidad de la cuenca del río Guayas, que llegó a reunir a los prefectos, tampoco prosperó. El prefecto de Los Ríos Johnny Terán atribuye el estancamiento a razones presupuestarias: una solución de fondo requiere inversiones de miles de millones de dólares, muy por encima de los $60 millones del presupuesto anual de la Prefectura.
Para Delgado es urgente superar la ausencia histórica de mentalidad de planificación a largo plazo y gestionar de manera integral el cultivo de la cuenca del Guayas en todos sus niveles, para reducir tanto la pérdida de nutrientes en las provincias andinas como la sedimentación excesiva en las zonas bajas.
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Coordinación interinstitucional
Según declaraciones del ministro Juan Carlos Vega recogidas de las intervenciones dadas en cumplimiento de su agenda de medios —ante la falta de respuesta de la cartera de Estado al pedido de vocería de Diario Expreso—, la estrategia del Gobierno esta en fase de levantamiento de información de las zonas que potencialmente podrían resultar afectadas y en el fortalecimiento de sistemas de drenaje como principal medida de prevención ante El Niño. Vega también reconoció a Los Ríos como zona prioritaria debido a su alta exposición hídrica.
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Sin embargo, desde la Prefectura de Los Ríos, Terán ofrece un contrapunto que revela las fisuras en esa coordinación entre los principales actores institucionales. El prefecto asegura que no hay relación con el MAGP y afirma tener conocimiento de que “la orden de arriba es que no traten nada con la Prefectura. Eso es clarísimo”.
Terán señala que la única comunicación reciente fue una carta al Ministerio de Finanzas solicitando 14 millones de dólares que el Gobierno adeuda a la Prefectura por dragado hidráulico, una deuda que data de 2014 y que, según el prefecto, nunca ha sido saldada "ni un solo centavo, este y los anteriores gobiernos".
Pese a la falta de articulación internstitucional con el Gobierno central, la Prefectura sostiene que mantiene acciones permanentes de mitigación a inundaciones, asistencia técnica a productores y programas de reactivación de 4.000 hectáreas de cultivos.
Tareas para el Estado
Para el Ing. César Benavidez el Estado ecuatoriano debe empezar por tomar tres acciones mínimas e impostergables:
- Invertir en sistemas de alerta temprana que lleguen al agricultor con instrucciones claras y sin tecnicismos complejos para que los productores comprendan y puedan tomar decisiones a tiempo.
- Fortalecer la investigación aplicada en universidades regionales con financiamiento sostenido, “tenemos la capacidad instalada para generar información territorial muy valiosa”, puntualiza.
- Diseñar seguros agrícolas que contemplen específicamente los eventos asociados al fenómeno ENOS.
“Si hay decisión política para adelantar elecciones por El Niño, debería haber la misma energía, o mayor, para activar planes de emergencia agrícola”, concluye Benavidez.
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