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Diario Expreso Ecuador

El planeta podría quedarse en silencio: el impacto real del cambio climático

La acumulación de olas de calor, incendios y sequías podría provocar la desaparición de gran parte de la biodiversidad terrestre hacia 2085 

Fotografía de archivo de la continua sequía que afectó a Australia en 2019.

Fotografía de archivo de la continua sequía que afectó a Australia en 2019.EFE

Giannella Espinoza

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Lo que debes saber sobre el calor

  • Efecto acumulado: No es un solo evento, sino la combinación de fenómenos extremos lo que pone en mayor riesgo a la biodiversidad.
  • Impacto creciente: Para 2050, el 74 % de las especies terrestres estará expuesto a olas de calor, junto a otros eventos extremos.
  • Aún hay salida: Reducir emisiones podría disminuir el impacto de 36 % a solo 9 % de hábitats afectados hacia 2085.

La biodiversidad del planeta enfrenta un riesgo crítico: hasta el 36 % de los hábitats terrestres podría desaparecer hacia 2085 si el calentamiento global continúa sin control. La amenaza no radica solo en el aumento de temperatura, sino en la acumulación de eventos extremos —olas de calor, incendios, sequías e inundaciones— que se encadenan y aceleran el deterioro de los ecosistemas. Aun así, los estudios coinciden en que este escenario no es inevitable: reducir las emisiones a tiempo podría cambiar el rumbo.

Si no ocurre, el resultado será evidente. El silencio podría convertirse en la nueva banda sonora de muchos ecosistemas. No porque la vida haya evolucionado… sino porque dejó de estar. Donde hoy hay selvas, sabanas o bosques llenos de sonidos, podría quedar apenas un rastro de lo que fue, no por un solo desastre, sino por la suma de todos.

El efecto acumulado: la verdadera amenaza

Un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution advierte que la biodiversidad del 36 % de los hábitats terrestres actuales podría desaparecer hacia finales de siglo si el planeta sigue calentándose al ritmo actual.

No se trata solo de temperaturas más altas. El problema —y ahí está lo más inquietante— es el efecto acumulado: olas de calor que desencadenan incendios, incendios que dejan suelos vulnerables a sequías, sequías que terminan en colapsos ecológicos. Es una reacción en cadena.

Un escenario más real y más duro

La investigación, liderada por el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), no mira los fenómenos de forma aislada. Los cruza. Los superpone. Y lo que encuentra es un escenario más real… y más duro. Para 2050, si nada cambia, el 74 % de las especies animales en hábitats terrestres estará expuesto a olas de calor, mientras que millones enfrentarán incendios, sequías o inundaciones. Todo al mismo tiempo o en secuencia.

Las zonas más ricas en vida del planeta —la Amazonía, regiones de África y el sudeste asiático— están entre las más vulnerables.

Una persona lleva un sombrero para protegerse del sol matutino mientras camina por The Strand en Redondo Beach, California, el 20 de marzo de 2026, durante una ola de calor.

Una persona lleva un sombrero para protegerse del sol matutino mientras camina por The Strand en Redondo Beach, California, el 20 de marzo de 2026, durante una ola de calor.EFE

Los Pirineos: el cambio ya es visible

Pero este no es un problema que empieza en 2085. Ya está pasando.

En los Pirineos, por ejemplo, el cambio no es una proyección: es un registro. Un estudio del Servei Meteorològic de Catalunya confirma que la cordillera ha perdido tres días de helada por década y ha ganado casi cinco días de verano en el mismo periodo. Traducido: hoy hay unos 20 días menos de frío extremo y más de 30 días adicionales de calor respecto a mediados del siglo pasado.

Un ecosistema que se transforma

No es solo una sensación térmica. Es una transformación.

Desde 1959, la temperatura media en la zona ha subido hasta 1,9 °C, y en verano puede alcanzar los 2,7 °C. Las noches tropicales aumentan, las rachas de calor se alargan y el frío retrocede. Lo que antes era un ecosistema de montaña empieza a comportarse como otro distinto.

Y eso tiene consecuencias invisibles, pero profundas: lagos que pierden su capa de hielo antes de tiempo, cambios en la oxigenación del agua, alteraciones en especies que dependen de ciclos térmicos precisos. No es solo que haga más calor. Es que todo el sistema empieza a desordenarse.

Se ve un oso polar sobre témpanos de hielo en el Canal de la Mancha en el archipiélago de Franz Josef Land el 16 de agosto de 2021.

Se ve un oso polar sobre témpanos de hielo en el Canal de la Mancha en el archipiélago de Franz Josef Land el 16 de agosto de 2021.AFP

Cuando los extremos se encadenan

Es, en pequeña escala, lo mismo que el estudio global advierte a gran escala: cuando los extremos se acumulan, la biodiversidad no resiste.

Australia ya lo vivió entre 2019 y 2020: incendios devastadores seguidos de una sequía severa que provocó caídas de hasta el 40 % en especies animales y vegetales en algunas zonas. No fue un evento aislado. Fue una cadena.

El punto de quiebre aún existe

Pero hay un punto de quiebre. El mismo estudio plantea que este escenario no es inevitable. Si las emisiones se reducen rápidamente y el calentamiento comienza a revertirse hacia la segunda mitad del siglo, el impacto podría caer drásticamente: el porcentaje de hábitats afectados por eventos extremos acumulados bajaría de 36 % a apenas un 9 %.

Ahí está la diferencia entre un planeta que resiste… y uno que colapsa.

“Todavía podemos evitar llegar a este extremo”, advierten los investigadores. Pero la clave no está en el futuro. Está en lo que se haga desde este momento.

Porque la crisis climática no es solo cuánto sube la temperatura. Es todo lo que viene después.

La conclusión es clara: si no actuamos ahora, el silencio será lo único que quede… y esa será la nueva banda sonora.

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