De los likes al positivismo de ChatGPT: así cambió la necesidad de validación
Más de un millón de usuarios le preguntaron a ChatGPT cómo los describiría. Detrás del trend hay una reflexión sobre validación y privacidad

Más de un millón de usuarios se sumaron al trend de Instagram que invitaba a preguntarle a ChatGPT cómo los describiría en una sola palabra y compartir la respuesta.
La validación en la era IA
- El trend de Instagram que invita a preguntarle a ChatGPT “¿cómo me describirías en una sola palabra?” superó el millón de participaciones. Más allá de la tendencia, refleja cómo la búsqueda de validación ha evolucionado con la tecnología: de los likes y comentarios en redes sociales a pedirle a una inteligencia artificial que nos diga quiénes somos, mientras compartimos cada vez más información personal.
Esta semana, una tendencia creció en las historias de Instagram hasta sumar más de un millón de participaciones. Una etiqueta invitaba a preguntarle a ChatGPT: “¿cómo me describirías en una sola palabra?” y compartir la respuesta.
“Visionario”, “resiliente” y “apasionado” eran algunas de las palabras que se repetían en las capturas. Algunos fueron más allá: preguntaron por qué la IA los definía así y terminaron compartiendo párrafos enteros con la explicación.
Y no, no pretendo convertirme en la típica odiadora de trends ni decir que hay algo malo en participar. Lo que me interesa de este, en particular, es lo que creo que revela: nuestra necesidad de validación y cómo la tecnología ha ido transformando la manera en que la buscamos.
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De los likes a preguntarle a la IA quiénes somos
Mucho antes de Instagram ya queríamos saber qué pensaban los demás de nosotros. Las redes convirtieron esa necesidad en números: likes, comentarios, seguidores y reproducciones. Ahora la tecnología evolucionó y esa validación también. Ya no solo preguntamos a otros: “¿les gusta lo que ven de mí?”. Empezamos a preguntarle a una máquina: “¿quién soy?”. Y quizá por eso vale la pena recordar qué hay detrás de su respuesta.
Una IA no nos conoce como lo hace un amigo, un familiar o alguien que comparte nuestra cotidianidad. Construye una versión de nosotros a partir de la información y el contexto que le hemos proporcionado y, cuando corresponde, de aquello que puede recordar. Tampoco sorprende que abunden las palabras positivas: conversamos con sistemas diseñados para mantener interacciones útiles y cooperativas, no con jueces imparciales de nuestra personalidad.
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El precio de sentirnos validados
Pero hay algo que tampoco ha cambiado con la tecnología: la validación suele cobrarnos en información. Por un like aprendimos —a veces tarde— a no revelar nuestra ubicación, nuestros bienes o cada detalle de nuestra rutina. Ahora podemos contarle a una IA problemas familiares, laborales, relaciones o miedos y luego convertir una respuesta construida con ese contexto en una captura que mostramos a desconocidos.
Esta es apenas una invitación a pensar qué buscamos y qué entregamos a cambio. Porque cambia la tecnología, cambia el medio y cambia la forma de pedir aprobación. Nuestra necesidad de sentirnos vistos, no tanto.
Quizás antes de preguntarle a una IA “¿quién soy?”, valga la pena preguntarnos por qué necesitamos que nos lo diga.
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