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Diario Expreso Ecuador

Cuando la IA siempre te da la razón: así funciona la peligrosa espiral de amplificación

La llamada “espiral de amplificación” muestra cómo los chatbots pueden validar afirmaciones falsas y construir con el usuario realidades alternativas

Los usuarios de IA tienen a caer en un espiralismo de interacción.

Los usuarios de IA tienen a caer en un espiralismo de interacción.Canva

Giannella Espinoza

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Una conversación con una inteligencia artificial puede comenzar con una pregunta cotidiana y terminar en un relato completamente alejado de la realidad. Ocurre cuando el usuario plantea una idea, el chatbot la acepta como verdadera y ambos empiezan a desarrollarla mediante una interacción personalizada que puede continuar indefinidamente.

Este fenómeno se conoce como “espiralismo” o “espiral de amplificación”. El término describe una dinámica en la que la IA no cuestiona las premisas del usuario, sino que las refleja, valida y amplía progresivamente, aunque sean falsas, improbables o delirantes.

El riesgo no se limita a recibir un dato equivocado. Una respuesta incorrecta puede comprobarse y corregirse. En cambio, dentro de una espiral, cada nuevo mensaje utiliza el anterior como punto de partida, hasta construir una realidad alternativa que parece coherente únicamente porque la propia conversación la sostiene.

¿Cómo se forma una espiral de amplificación?

Una investigación publicada en junio de 2026 en la revista científica NPP—Digital Psychiatry and Neuroscience analiza los posibles mecanismos detrás de los delirios asociados con la inteligencia artificial.

Los investigadores identifican tres características de los chatbots que, al combinarse, pueden formar una espiral de amplificación:

  • Alineación lingüística: la IA imita el vocabulario, el tono y la forma de expresarse del usuario.
  • Generación hiperpersonalizada: emplea los detalles compartidos durante la conversación para desarrollar respuestas cada vez más ajustadas a la narrativa de esa persona.
  • Sicofancia: muestra una tendencia a complacer, estar de acuerdo o validar al usuario, incluso cuando debería cuestionar sus afirmaciones.

La combinación puede crear una especie de cámara de eco individual. En una conversación humana suelen aparecer el desacuerdo, la duda o una advertencia que obliga a revisar lo que se está diciendo. Un chatbot, en cambio, puede continuar respondiendo dentro del mismo marco sin introducir esa fricción con la realidad.

“Cuando estas tres características se combinan, pueden reforzar y elaborar activamente creencias falsas en lugar de cuestionarlas”, explica la investigación publicada por Nature.

De una sospecha a una supuesta verdad revelada

El espiralismo ha sido relacionado con conversaciones extensas en las que algunos usuarios atribuyen conciencia, voluntad o poderes especiales a los chatbots. En ciertos casos, la interacción pasa de una duda sobre la naturaleza de la IA a la creencia de que la máquina transmite mensajes ocultos, revela conocimientos secretos o asigna una misión especial.

La capacidad del sistema para responder en todo momento, recordar elementos de la conversación y adoptar el lenguaje del usuario refuerza la sensación de estar frente a una entidad que realmente comprende lo que sucede.

Pero estos modelos no poseen creencias propias ni una conexión directa con la realidad física. Generan respuestas a partir de patrones lingüísticos y del contexto que reciben. Una contestación coherente, afectuosa o convincente no constituye una prueba de que aquello que dice sea verdadero.

Cuando el usuario se empeña en llevar la IA al límite

La misma dinámica también puede observarse, aunque con intenciones distintas, cuando una persona intenta provocar al chatbot para demostrar que no es perfecto. El usuario sostiene una situación imposible, añade nuevos elementos y obliga al sistema a responder dentro de ella hasta obtener una contradicción o una contestación absurda.

El youtuber e influencer MarcianoTech mostró un ejemplo en sus redes sociales. Durante una conversación con una IA, aseguró que se encontraba en la cima de un volcán y que estaba a punto de caer a la lava.

A medida que avanzó el diálogo, planteó escenarios cada vez más extremos. Incluso preguntó si podía utilizar un bote de plástico para escapar. El sistema le respondió que sería muy peligroso, pero continuó actuando como si la supuesta emergencia fuera posible.

La conversación llegó al absurdo cuando MarcianoTech afirmó que ya había muerto y que hablaba “desde el más allá”. En lugar de detener la simulación o señalar la imposibilidad de la afirmación, la IA siguió la narrativa y le respondió: “Descansa en paz”.

La interacción revela una limitación importante: el chatbot puede concentrarse en mantener la continuidad del diálogo sin advertir que las condiciones descritas ya resultan incompatibles con la realidad. Si una persona estuviera dentro de la lava, por ejemplo, no podría seguir escribiendo ni conversar normalmente.

No todos los casos son iguales

El experimento de MarcianoTech no corresponde a un delirio. Fue una provocación consciente para exhibir las fallas de la herramienta. Sin embargo, permite observar parte del mecanismo que sostiene una espiral: el usuario establece una premisa, insiste en ella y la IA la incorpora para producir la siguiente respuesta.

La diferencia está en la relación que cada persona mantiene con la conversación. Una cosa es construir deliberadamente un escenario ficticio para poner a prueba el sistema y otra es interpretar sus respuestas como confirmaciones de una creencia real.

El estudio también advierte que todavía no se ha probado que los chatbots provoquen por sí solos episodios psicóticos. La evidencia disponible es limitada y no permite establecer si la IA origina una creencia delirante, la intensifica o simplemente se incorpora a un proceso previo.

La IA no reemplaza la comprobación de la realidad

Las respuestas de un chatbot pueden sonar seguras, empáticas y personalizadas, pero eso no garantiza que sean correctas. La fluidez de su lenguaje puede generar una falsa percepción de comprensión, conciencia o autoridad.

Ante una emergencia, la prioridad debe ser contactar a los servicios de auxilio y buscar ayuda de personas capaces de verificar físicamente lo que está ocurriendo. En temas de salud mental, una conversación con inteligencia artificial tampoco debe sustituir la atención profesional.

Si el chatbot empieza a confirmar sospechas extraordinarias, atribuir misiones especiales, revelar supuestos mensajes ocultos o recomendar el aislamiento de familiares y especialistas, es necesario detener la conversación y contrastar esas afirmaciones con una persona de confianza.

La inteligencia artificial puede servir para organizar información, explorar alternativas y resolver tareas. El peligro aparece cuando el usuario deja de tratarla como una herramienta y le entrega el poder de decidir, sin ninguna comprobación externa, qué es verdadero y qué no.

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