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Diario Expreso Ecuador

IA-fóbicos: ¿Por qué crece el miedo a la inteligencia artificial y cuáles son los riesgos reales?

El temor a perder el empleo, la desconfianza sobre cómo funciona la inteligencia artificial y los escenarios apocalípticos alimentan la llamada ‘IA-fobia’

En muchas personas esté surgiendo un temor irracional a la IA debido a la proliferación de pronósticos catastrofistas.

En muchas personas esté surgiendo un temor irracional a la IA debido a la proliferación de pronósticos catastrofistas.wayhomestudio/Magnific

Giannella Espinoza

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Primero fue el miedo a que hiciera los deberes de los estudiantes. Después, a que reemplazara escritores, diseñadores y programadores. Ahora, mientras la inteligencia artificial avanza a toda velocidad, el temor ha crecido: ¿y si termina quitándonos el trabajo?, ¿y si toma decisiones que nadie comprende?, ¿y si algún día escapa del control humano?

La conversación sobre la IA se mueve entre dos extremos: una fascinación casi ciega por todo lo que puede hacer y escenarios dignos de Terminator, con máquinas conscientes capaces de sustituir, dominar o incluso destruir a los humanos.

En medio aparece un nuevo perfil: los ‘IA-fóbicos’, personas que observan esta revolución tecnológica principalmente desde el miedo.

¿Cuánto hay de realidad detrás de esos temores?

Manuela Delgado, ingeniera, consultora en innovación y autora de Los secretos de la IA, pone el freno al escenario apocalíptico: el mayor peligro no está en una máquina que un día decida rebelarse.

“Los verdaderos riesgos y peligros vienen de la mano del desconocimiento, acerca de cómo funciona la IA, y también de utilizar esta tecnología sin criterio”, explica a EFE.

¿Una IA como Terminator? Esto dice una experta

Una inteligencia artificial con voluntad propia que decide tomar el control pertenece, según Delgado, al terreno de la ciencia ficción. Eso exigiría conciencia e intencionalidad, capacidades que, asegura, ningún sistema actual posee ni está cerca de tener.

Pero descartar a Terminator no significa que no existan motivos para preocuparse.

Para la especialista, el verdadero peligro institucional tiene tres caras: sistemas opacos cuyas decisiones pueden ser difíciles de explicar; una tecnología que avanza más rápido que la regulación; y la concentración de su infraestructura en pocas manos.

Y algunos problemas ya abandonaron el terreno de las hipótesis.

Delgado menciona el algoritmo COMPAS, utilizado en tribunales estadounidenses para predecir reincidencia y cuestionado por sesgos raciales; y un sistema de selección de personal de un gigante del comercio electrónico que tuvo que ser retirado porque penalizaba currículos de mujeres.

El peligro no viene de que la máquina quiera algo; viene de que las personas y organizaciones que la diseñan y la despliegan no asuman su responsabilidad”, sostiene.

¿La inteligencia artificial le quitará el trabajo?

Para muchos ‘IA-fóbicos’, sin embargo, el temor tiene un rostro mucho más cercano: quedarse sin empleo.

Delgado reconoce que habrá cambios, pero plantea un escenario menos abrupto. No se trataría de una IA que llega un lunes a ocupar su escritorio, sino de tareas concretas que progresivamente serán automatizadas.

Eso obligará a los trabajadores a desarrollar nuevas habilidades.

La experta recuerda que otros grandes saltos tecnológicos, como la imprenta, la electricidad o internet, también provocaron miedo. La diferencia, sostiene, la marcaron la formación y la capacidad de adaptación.

Allí aparece otro peligro: la brecha entre quienes aprenden a utilizar estas herramientas y quienes las rechazan o las usan sin entenderlas.

“Quien entiende cómo funciona una IA, recibe formación y comienza a usarla, tiene ventaja frente a quien la usa a ciegas o la rechaza por miedo”, advierte.

Cuando el riesgo es dejar que la IA piense por nosotros

Paradójicamente, el problema podría no ser que la inteligencia artificial piense demasiado, sino que nosotros dejemos de hacerlo.

Delgado identifica como un riesgo real la “atrofia del criterio propio”: entregar decisiones y razonamiento a una herramienta simplemente para evitar el esfuerzo de pensar.

La IA puede proponer textos, imágenes, ideas o respuestas. El error, para la especialista, comienza cuando el usuario la convierte en autoridad y deja de cuestionarla.

Algo parecido ocurre al atribuirle emociones o intenciones humanas. Delgado considera una fantasía creer que una IA “te entiende” o es realmente “tu amiga”.

Incluso conversar con una máquina puede disminuir momentáneamente la sensación de soledad, señala, pero advierte que abusar de esa interacción también podría favorecer el aislamiento.

¿Cómo vencer el miedo a la inteligencia artificial?

Delgado propone cambiar la pregunta. En lugar de pensar si debemos competir contra la máquina, plantea convertirse en una “persona aumentada”: alguien capaz de utilizar la tecnología para potenciar su conocimiento, creatividad, trabajo y criterio.

Para los ‘IA-fóbicos’, su receta empieza por algo sencillo: conocer la herramienta, probarla en tareas pequeñas y entender sus límites.

Porque quizá la mejor defensa frente a una tecnología que avanza tan rápido no sea huir de ella, sino aprender a utilizarla. “Sin miedo y con criterio”, resume Delgado.

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