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Diario Expreso Ecuador

París cambia el aire acondicionado por una mega red de frío con agua del Sena

París expande su red de refrigeración subterránea usando el río Sena para enfriar 3.000 edificios y reemplazar al aire acondicionado

Vista de París, eje de la red urbana de frío que reemplaza al aire acondicionado en edificios emblemáticos.

Vista de París, eje de la red urbana de frío que reemplaza al aire acondicionado en edificios emblemáticos.Foto: Flickr

Valeria Alvear
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Lo que debes saber

  • Red subterránea: París combate las olas de calor con una red de 120 kilómetros de tuberías bajo tierra que distribuye agua fría a más de 3.000 edificios públicos y privados.
  • Adiós al aire acondicionado: El sistema busca reemplazar a los climatizadores tradicionales para evitar que sigan expulsando aire caliente a las calles de la ciudad.
  • Uso del río Sena: La infraestructura aprovecha el agua fría del río mediante un intercambiador térmico, logrando una alta eficiencia energética sin alterar el ecosistema.

A medida que las olas de calor se intensifican en Europa, la mayoría de las capitales recurren a la solución habitual: saturar las fachadas con aire acondicionado. Sin embargo, en el París de los años 90 se empezó a gestar una alternativa radical: el diseño de una de las redes de refrigeración urbana más grandes del mundo para sustituir los sistemas de climatización tradicionales.

Este sistema cuenta actualmente con 120 kilómetros de tuberías subterráneas que distribuyen agua fría a museos, oficinas, hospitales y escuelas. Emblemáticos edificios públicos como el Louvre y el Grand Palais, además de hoteles de lujo, se benefician de esta infraestructura.

En lugar de depender de miles de unidades climatizadoras individuales, la refrigeración se produce de forma centralizada y se comparte por toda la ciudad como un servicio público.

La ingeniería detrás del proyecto destaca por su eficiencia elemental. El agua fría del río Sena se bombea a través de una red de tuberías que corre en paralelo a los conductos que transportan el agua caliente procedente de los edificios. 

Aviso de falta de ventiladores en una tienda, en medio de la ola de calor que dejó temperaturas récord de hasta 43,7 grados al oeste de Francia.

Aviso de falta de ventiladores en una tienda, en medio de la ola de calor que dejó temperaturas récord de hasta 43,7 grados al oeste de Francia.EFE

Una fina pared metálica actúa como intercambiador de calor, permitiendo que la temperatura del entorno urbano se transfiera al flujo del río sin que los fluidos lleguen a mezclarse. 

Es un principio similar al de sostener una taza de té caliente dentro de un recipiente con agua fría: los líquidos no se tocan, pero el calor se disipa. Tras este proceso, el agua refrigerada retorna a los edificios y el flujo del Sena regresa a su cauce ligeramente más templado.

Una ambiciosa expansión impulsada por la crisis climática

Esta estrategia fue formulada originalmente por una filial de la compañía eléctrica Engie para combatir el efecto de "isla de calor urbana" y optimizar la eficiencia energética. En 2022, bajo el amparo del ayuntamiento parisino, la empresa Fraîcheur de Paris ("La frescura de París") asumió el contrato e inició una masiva expansión plurianual de la infraestructura subterránea.

Es una especie de solución milagrosa en la era del calentamiento global”, afirma Thibauld Voïta, experto en energía y asesor del Instituto Jacques Delors.

Aunque la propiedad de la red sigue siendo municipal, su operación conjunta mediante una concesión de 20 años busca triplicar el tamaño del sistema para 2042. La meta es extender el servicio a todos los distritos y conectar a más de 3.000 edificios, priorizando infraestructuras críticas como escuelas, guarderías y residencias de ancianos. 

Al respecto, Tim Guigon, portavoz de Fraîcheur de Paris, aclara que la proyección es realista: “No todos los edificios tienen las mismas necesidades ni son aptos para conectarse. El objetivo es asignar la infraestructura a toda la ciudad y dejar atrás los sistemas modulares”.

El freno al impacto ambiental del aire acondicionado

Más allá del confort térmico, el proyecto busca disuadir a los 2,1 millones de parisinos de comprar aire acondicionado tradicional, cuyo mecanismo alivia el interior a costa de expulsar calor a las calles. «Todo lo que requiere energía libera calor, y ese calor tiene que ir a alguna parte», advierte Sophie Parison, investigadora especializada en climatización urbana.

Si bien Fraîcheur de Paris devuelve agua ligeramente más cálida al Sena, los monitoreos ambientales revelan que estos cambios de temperatura son mínimos, están regulados y no dañan la ecología fluvial. Para Pauline Lavaud, directora de transición climática del ayuntamiento, la ventaja es clara: "Ofrece un rendimiento energético y medioambiental mucho mayor que los sistemas de refrigeración individuales".

Red de tuberías en París utiliza agua del Sena para refrigerar edificios emblemáticos como alternativa al aire acondicionado.

Red de tuberías en París utiliza agua del Sena para refrigerar edificios emblemáticos como alternativa al aire acondicionado.EFE

Retos financieros y geográficos para su réplica global

Esta postura es respaldada por la academia. "El consumo energético es muy inferior al de los sistemas modulares", confirma Charles Simpson, investigador del University College de Londres, refiriéndose a los aparatos tradicionales. 

París no está sola en esta vanguardia: Estocolmo emplea agua del mar Báltico y Toronto extrae recursos del lago Ontario. No obstante, replicar este modelo en megaciudades como Londres o en el Sur global presenta serios obstáculos.

Por un lado, exige una alta densidad de demanda para ser comercialmente viable y una inversión colosal. El contrato parisino asciende a 2.400 millones de euros, una cifra prohibitiva para economías en desarrollo debido a las altas tasas de interés y a redes de servicios deficientes. 

Por otro lado, la geografía impone límites. El río Támesis, por ejemplo, no cuenta con el caudal ni la temperatura ideales, y el subsuelo londinense ya está colapsado por líneas de metro y servicios públicos.

Como concluye Emmanuel Gendreau, ecólogo de la Sorbona: "Las acciones siempre deben adaptarse a las problemáticas locales. Es fundamental no aplicar sin más las soluciones que funcionaron en una ciudad directamente a otra".

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