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Diario Expreso Ecuador

María Xesús Froxán: "el pensamiento es conducta y puede cambiarse en terapia"

La psicóloga española visitó Quito para exponer cómo el moldeamiento de la conducta verbal permite transformar la relación con el entorno

Froxán es doctora en psicología, catedrática en el área de personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos y psicóloga clínica

Froxán es doctora en psicología, catedrática en el área de personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos y psicóloga clínicaCortesía

Mariella Toranzos
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  • Froxán propone entender el pensamiento como una conducta, lo que permite abordarlo mediante el moldeamiento del lenguaje para generar cambios
  • La psicóloga cuestiona la visión tradicional de la mente y advierte sobre la medicalización de la vida cotidiana

La reconocida psicóloga española María Xesús Froxán llegó recientemente a Quito para conversar con profesionales y estudiantes de psicología sobre un tema al que ha dedicado gran parte de su trayectoria: el moldeamiento de la conducta verbal en psicoterapia.

Froxán es doctora en psicología, catedrática en el área de personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos y psicóloga clínica. Su trabajo combina investigación, docencia y práctica terapéutica, con especial énfasis en el análisis funcional de la conducta y en los procesos de aprendizaje implicados en el cambio psicológico. Este enfoque -el análisis de la conducta- propone entender lo psicológico como una interacción entre el individuo y su entorno, más que como un fenómeno abstracto.

Su llegada a este campo, explica, no fue lineal. “Llegué rebotando de otra cosa. Cuando terminé el instituto tenía dos opciones: estudiar matemáticas o estudiar psicología… empecé en matemáticas, no me convenció en absoluto, y me fui a psicología como segunda alternativa”, recuerda.

Fue durante su etapa de investigación inicial cuando encontró en la modificación de conducta un marco de trabajo. “Empecé a trabajar en el tratamiento de fumadores, y ese tratamiento solo podía hacerse desde la modificación de conducta… y a partir de ahí empecé a meterme en ese tema”, señala. Ese punto de partida marcó el desarrollo de una línea de pensamiento que ha sostenido a lo largo de los años.

Mucho más que emociones

Desde esa perspectiva, Froxán plantea una revisión del modo en que se entiende la psicología. “Creo que falla en todo, hasta el nombre… no ayuda a que se entienda la psicología como una ciencia de la conducta”, afirma.

Para ella, uno de los principales problemas es la persistencia de una visión que separa lo psicológico de lo observable, asociándolo a lo interno o a lo profundo. “Se sigue asociando al estudio de cosas profundas, de lo interno. Nadie entiende que lo psicológico es una conducta como cualquier otra”, señala.

Esta crítica atraviesa su trabajo académico y clínico, y se refleja en los contenidos que desarrolló durante su visita a la capital.

El eje del seminario fue el moldeamiento de la conducta verbal en psicoterapia, una técnica que se basa en reforzar progresivamente ciertas formas de comportamiento hasta consolidarlas. En el ámbito clínico, este principio se aplica al lenguaje: lo que una persona dice, cómo lo dice y en qué contexto puede modificarse a través de la interacción terapéutica. La conducta verbal no se entiende como un simple vehículo de expresión, sino como una acción que puede ser analizada y transformada.

El eje del seminario en Quito fue el moldeamiento de la conducta verbal en psicoterapia.

El eje del seminario en Quito fue el moldeamiento de la conducta verbal en psicoterapia.Cortesía

Del dicho al hecho

En ese marco, Froxán insiste en que el pensamiento no es una entidad separada del comportamiento. “Cuando tú estás pensando, estás haciendo exactamente lo mismo que haces cuando estás hablando, pero no mueves los músculos… si escribes lo que estás pensando, no es distinto a si lo vocalizas”, explica. Esta idea permite abordar en terapia procesos como los llamados pensamientos intrusivos, no como fenómenos internos incontrolables, sino como conductas que cumplen una función en un contexto determinado.

Un ejemplo concreto es el de una persona que repite constantemente frases de autocrítica frente a situaciones cotidianas -por ejemplo, después de cometer un error en el trabajo-. Desde este enfoque, ese discurso interno se analiza como conducta verbal: qué lo desencadena, en qué contextos aparece y qué efectos produce. A partir de ahí, el terapeuta puede reforzar otras formas de respuesta -como describir la situación de manera más precisa o introducir alternativas en el lenguaje- hasta que estas se vuelvan más frecuentes y funcionales.

El moldeamiento de la conducta verbal se utiliza, entonces, para intervenir sobre esos patrones. A través del diálogo terapéutico, el profesional identifica formas de respuesta y refuerza aquellas que permiten cambios en la manera en que la persona se relaciona con su entorno. La intervención, insiste, debe partir de un análisis individualizado que considere la historia de aprendizaje de cada persona.

Froxán también subraya el creciente interés por enfoques basados en evidencia dentro de la práctica clínica. “Es importante que se dé este giro. No es algo abstracto. Tengo evidencias, hechos, pruebas de laboratorio… donde demuestro que manejando los pensamientos como conducta verbal consigo modificarlos”, señala. 

Replantear la medicación

Otro de los puntos que atraviesa su trabajo es la crítica a la medicalización en la vida cotidiana. “Problemas que eran absolutamente cotidianos, que formaban parte del ciclo vital, ahora se consideran enfermedades”, sostiene.

Para Froxán, la tendencia a etiquetar comportamientos como trastornos tiene efectos directos en la forma en que las personas se perciben a sí mismas y enfrentan sus dificultades.

Asegura que por ello es necesario primero aplicar la modificación del comportamiento antes de correr hacia la medicación.

“Desde el momento en que a ti te etiquetan con algo, buscas explicaciones en esa etiqueta y dejas de hacer cosas que se podrían modificar. Te condenas”, afirma.

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