Ghee, mantequilla y mantequilla clarificada: la razón detrás de una confusión cada vez más común
Entre etiquetas similares y promesas de salud, muchas personas buscan entender cuál elegir y cómo incorporarlas en su alimentación diaria

El ghee se obtiene tras un proceso de cocción lenta que elimina agua
La mantequilla volvió a la conversación nutricional con fuerza, impulsada por nuevas tendencias que rescatan las grasas tradicionales. En ese escenario, el ghee y la mantequilla clarificada ganan espacio en supermercados, redes sociales y cocinas. Sin embargo, la similitud entre estos productos ha generado dudas frecuentes sobre sus diferencias, propiedades y usos reales.
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¿Por qué surge la confusión?
En Ecuador, el origen de la confusión tiene un componente técnico y otro comercial. La normativa vigente agrupa al ghee dentro de la categoría de mantequilla clarificada, lo que impide diferenciarlos en el etiquetado. A esto se suma una oferta creciente de productos industrializados que emplean ambos términos de forma indistinta, lo que refuerza la percepción de que se trata de lo mismo.
La especialista en alimentación saludable, Mónica Román, explica que esta falta de distinción impacta directamente en el consumidor: “Aquí no hay una diferenciación entre ghee y mantequilla clarificada. Entonces, cualquier mantequilla clarificada en el mercado se presenta como si fuera ghee”.
Más allá del nombre: qué es realmente el ghee
El ghee es una grasa obtenida a partir de la mantequilla, sometida a un proceso de cocción lenta que elimina completamente el agua, la lactosa y la caseína. Este procedimiento requiere control de temperatura y materia prima de calidad.
“El ghee es como el aceite esencial de la mantequilla”, señala Román. “Un verdadero ghee debe provenir de vacas de pastoreo, porque ahí está el ácido butírico, que es uno de sus principales beneficios”.
A diferencia de versiones caseras o industriales, el proceso correcto exige precisión. “Hay que saber hasta qué punto llegar en la clarificación. Muchas recetas que circulan no logran eliminar completamente los componentes que pueden generar intolerancias”, advierte.
Diferencias clave que marcan la elección
- Ghee: libre de lactosa y caseína, con alta concentración de ácido butírico y mayor estabilidad térmica.
- Mantequilla clarificada: conserva trazas de lactosa, aunque en pequeñas cantidades.
- Mantequilla tradicional: contiene agua, lactosa y proteínas lácteas.
Estas diferencias resultan relevantes para personas con sensibilidad digestiva. “La lactosa puede causar gases o malestar, y la caseína está relacionada con la producción de mucosidad en algunos casos”, explica Román.
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Beneficios que explican su popularidad
El auge del ghee también responde a sus propiedades nutricionales y funcionales. Se trata de una grasa rica en vitaminas liposolubles y compuestos que favorecen la digestión.
“El ácido butírico ayuda a impermeabilizar el intestino”, afirma Román. Además, destaca su aporte energético: “Es una grasa que da fuerza, da energía y genera saciedad”.
Otro aspecto valorado es su versatilidad en la cocina. Su resistencia al calor permite freír, saltear o cocinar sin que se degrade fácilmente. “Soporta altas temperaturas sin quemarse, porque ya no tiene agua”, añade.
El uso va más allá de la alimentación. En prácticas tradicionales como la medicina ayurvédica, se emplea en la piel y el cabello. “Se absorbe rápido y deja muy buena hidratación”, comenta.
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Entre tradición y tendencia
El ghee tiene raíces milenarias en la India, donde forma parte de la medicina y la gastronomía. En Ecuador, su introducción es reciente. “Lo conocí hace unos 11 años y me sorprendió que nadie hablara de esto”, recuerda Román, quien impulsó una de las primeras marcas locales en 2016.
El interés actual refleja un cambio en la percepción de las grasas. Durante décadas, se promovió su reducción en la dieta. Hoy, la conversación se centra en la calidad y el origen. “El ghee es como ponerle gasolina súper al cuerpo”, dice Román, al resumir su impacto dentro de una alimentación equilibrada.