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La ultima ruta de los carros abandonados
La autoridad retira al menos cinco cada mes. Una inspección debe confirmar su estado. Luego de un plazo, los chatarrizan.

Decenas de vehículos abandonados, o mejor dicho, lo que queda de ellos, son parte del paisaje en distintas zonas de Guayaquil. Casi todos han sido dejados a su suerte o tienen dueños que no saben qué destino darles, dicen los vecinos. Lucen oxidados, con polvo, sin timón, ni motor. Tienen telarañas. Se han convertido en refugios de adictos e incluso en moteles.
Hace no más de quince días, por ejemplo, en la calle Clemente Ballén, entre García Moreno y avenida del Ejército, Gary Monroy, residente, se encontró con un cuadro que espera no volver a ver. En la parte trasera de un Mitsubishi verde bastante deteriorado, con dos de sus cuatro llantas ponchadas y una bandera del equipo torero como ventana, cerca de las 02:00, cuando su esposa y su hija ya dormían, una joven de apenas 17 años empezó a desvestirse. No estaba sola, su novio la acompañaba, relata. “Tenían consigo preservativos, había ropa tirada en el auto y estaban fumando un poco de hierba (marihuana)”. Escandalizado -o más aún apenado, dice- golpeó la ventana. Y alumbrándolos con la linterna del celular los amenazó con llamar a la Policía.
Los chicos, que no eran la primera pareja que utilizaba el vehículo para ese tipo de intimidad, salieron despavoridos, con los zapatos en mano. “Llevamos casi tres años lidiando con esto. Como barrio, nos denigra”, afirma.
Algo similar piensan quienes viven situaciones semejantes junto a estas ‘chatarras’, como las llaman. En el sur, en sectores como la ciudadela 9 de Octubre o en La Pradera 3 (en la calle 11 hay dos vehículos en estado deplorable que llevan parqueados allí casi nueve años). En el norte, en la Alborada, Sauces, Urdenor y El Paraíso, donde hay al menos seis vehículos abandonados. Entre ellos, un Volkswagen, un BMW y un Mercedes. Todos antiguos.
“La gente no entiende que estos afean el sector, que lo vuelven peligroso. Una vez llegamos a tener como diez, pero nadie hacía nada porque sus dueños eran nuestros vecinos. Fue cuando los delincuentes e indigentes los empezaron a usar como guaridas cuando decidimos llamar al Municipio para que se los lleve”, dice un morador de la sexta etapa de la Alborada, que solicitó que no se publicara su nombre para evitar conflictos con sus pares.
Mensualmente, el Departamento de Justicia y Vigilancia, a cargo del retiro de estos vehículos, recibe entre cinco y seis solicitudes. El proceso no tiene costo y es sencillo: el ciudadano llama, da la ubicación del auto y un inspector municipal, luego de confirmar que está abandonado -el estado del vehículo y la entrevista a testigos lo determinan- en un máximo de 72 horas se lo lleva.
“El hecho de que no prenda y permanezca estacionado por semanas, meses en la vía pública, en la vereda, así sea al pie de la casa del dueño; y no tenga parachoques, piezas, que esté incluso con maleza, por lógica, lo determinará”, agrega Jorge Rodríguez, vocero municipal, al aclarar que una vez corroborados los datos, el Cabildo solicita apoyo a la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) para que lo traslade al canchón y permanezca allí por un año.
“Si en ese tiempo en el que la ATM notifica del proceso públicamente e intenta contactarse con sus dueños, nadie lo reclama, algo común en el 90 % de los casos, se procede a la chatarrización”, explica Rodríguez.
Para el sociólogo Andrés Martínez, el hecho de que las personas atesoren, sientan apego por sus bienes, los lleva a no querer desprenderse de ellos y a conservarlos aunque no sirvan.
Tampoco descarta el tema económico. “El costo de los repuestos, el no tener dinero para repararlos incide también en este fenómeno”, matiza Martínez.
Marjorie Cárdenas, copropietaria de un Volvo de los años 80 y moradora de la ciudadela Guayacanes, por ejemplo, no tuvo dinero para importar los repuestos hace siete años. “Como no lo he utilizado tampoco he pagado la matrícula, debo miles de miles”.
Asegura que este año tratará de arreglar la situación.
Garaje
Si los propietarios de estos vehículos quieren conservarlos, deben guardarlos en un garaje, propio o alquilado. La ordenanza es clara. Asegura que ningún auto dañado o semidestruido debe permanecer en la vía pública, sobre las aceras y veredas o parterres.
Proceso
Cuando un auto abandonado es retirado de la vía y el propietario desea recuperarlo -aunque rarísima vez se da- debe pagar a la ATM únicamente por el tiempo que permaneció en el canchón. No se cobra nada adicional. Al Municipio tampoco se le cancela nada.