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Timonel: rumbo 270 grados
El 10 de abril pasado Raúl Castro, con motivo de la promulgación de la nueva constitución cubana, se dirigió al país advirtiéndole que vendrían días muy duros como consecuencia del endurecimiento de la posición de Estados Unidos al instrumentar los términos de la ley Helms-Burton, llamada así como referencia a sus promotores: el senador Jesse Helms y el congresista Dan Burton. La ley, promulgada en 1996, permite en su título III, iniciar acciones legales en las cortes de EE. UU. para reclamar propiedades que fueron confiscadas por el gobierno de Cuba tras la Revolución de 1959. Sucesivamente los presidentes tomaron las medidas legales para poner en suspenso su aplicación, pero parece que con el presidente Trump ese no será el caso.
Imagine el lector los conflictos con empresas europeas que hoy desarrollan proyectos sobre bienes confiscados a norteamericanos, incluyendo los de aquellos cubanos que hoy tienen nacionalidad estadounidense.
Pero en realidad Castro, hábil como es, culpando a EE. UU. tapa el problema que se les viene luego de no poder seguirle chupando sangre a Venezuela. En el pico, Cuba recibía 115.000 barriles de petróleo por día, y hoy recibe aproximadamente 45.000. El moribundo pueblo venezolano dona sangre a Cuba, coloquialmente hablando, por $1.000 millones al año. Concluirá el lector lo que está dispuesto a hacer Cuba para que la dictadura de Maduro no caiga. Un sistema económico comunista solo puede estar en pie mientras tenga a alguien de fuera que lo sostenga: los rusos se cansaron, los venezolanos no pueden más; así que hay que buscar desesperadamente otro país al que se le pueda clavar los dientes para sostener un sistema que siempre ha fracasado. Ese país debe ser lo suficientemente grande para que la succión no lo mate inmediatamente, lo suficientemente débil institucionalmente para penetrarlo ideológicamente, debe debatirse en problemas de violencia de manera que busquen a alguien de fuera que los ayude, y debe tener la anuencia, al menos inicial, de sus gobernantes para que entren los cubanos.
Hay un país al oeste de Cuba, lindo y querido.