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Diario Expreso Ecuador

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El Principito (3)

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Mantener el alma de niños, eso no solo lo dice la obra, lo dice la Biblia en veinte versículos, desde Jeremías, Reyes y Oseas, hasta Lucas, Marcos y Mateo. “Sed como niños”, enseñaba Jesús y sobre esta necesidad se desarrolla la columna vital de toda la obra.

Ser como niños es mirar la vida con el mismo entusiasmo, magia y asombro que tuvimos alguna vez, destruir las superestructuras y categorías que fuimos o que nos fueron creando. Mis nietas argentinas recibieron de visita a monseñor Maggi, obispo de Ibarra y amigo muy querido de la casa. Mi hija Mónica, asombrada me comenta: “Hasta lo tutean, mami” y eso es.... Para los niños todos somos iguales, todos somos seres humanos limpios y nobles. Por eso decía el Principito: “Las personas grandes nunca entienden nada por sí mismas y es fatigante para los niños tener que estarles dando siempre y siempre explicaciones”.

Más allá de crecer, de estudiar, de tener un título, de tener un carro y una buena casa, tener un buen nombre y estatus, ¿no creen que mejor es fijarnos en la nobleza espiritual de la gente? ¿Cómo podemos conservar la imaginación y la inocencia propias de nuestra infancia?

Yo soñaba con ser carpintera cuando era niña, luego con viajar a otros planetas a bordo de un ovni, pues ellos me venían a recoger, tal cual al ET, mientras jugaba macateta, la pelota envenenada o estatuas, con mis queridas amigas de La Asunción o al bajar la loma del Tívoli en Salinas en bicicleta, con mi hermana, o extraviarnos con mi prima Cecilia en las lomas atrás de la casa de Chipipe.

¿Pero en qué soñabas tú? ¿Permitiste acallar la avalancha de porqués? Crecer no debería convertirse en la muerte de tu niño, pues si perdemos nuestra pureza pronto se nos llenará el alma de egoísmo, envidia, arrogancia y mucho más. Crecer no debe de ser trágico, la receta está dada ya: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él.» Lucas 18:16-17-17

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