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Diario Expreso Ecuador

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Noche de miedo en el Capwell

Anuncio. El gobernador de Guayas, José Cevallos, dijo que esperará el informe antes de tomar medidas.

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Noche de lunes, lunes de feriado. Al terminar nuestra jornada laboral aceptamos la invitación de un grupo de amigos, para ver el partido Emelec vs. Aucas “desde un ángulo diferente” en el estadio Capwell. La localidad elegida es la parte alta de la general de la avenida Quito.

El partido de desarrolla con relativa normalidad. En medio de los cánticos, algunos aficionados cuestionan “el desordenado accionar” de Robert Burbano, “lo lento” que Marcos Mondaini hace el fútbol de Emelec, la cantidad de “centros sin dirección” que levanta Juan Carlos Paredes y lo “improductivo” que es Marlon De Jesús en la delantera, además de criticar la demora del director técnico Alfredo Arias para realizar cambios.

Casi al final del encuentro llega el gol salvador de Ayrton Preciado. La alegría es momentánea, porque poco después comienza una situación inverosímil, las peleas entre integrantes de una misma barra.

Como si aquel desagradable cuadro no fuera suficiente, un ingrediente alimenta el morbo de quienes a los lejos incentivan la violencia: dos mujeres están al frente de cada uno de los grupos combatientes. Insultos del más grueso calibre, patadas, golpes de puño y tirones de cabello hacen que el partido pase a segundo plano, mientras una pregunta ronda las cabezas de quienes acudimos al lugar a disfrutar del fútbol: ¿dónde están los policías?

Posiblemente por no haber sido considerado un partido de alto riesgo, la cantidad de uniformados era insuficiente y por eso su reacción tomó cerca de cinco minutos, tiempo suficiente para que los bárbaros siembren el pánico en la ‘Caldera’.

Pocos policías y muchos revoltosos hacen una mezcla peligrosa. El asunto se comienza a salir de control y, aunque no se produjeron lanzamientos de objetos a la cancha, el árbitro Jefferson Macías toma la decisión de paralizar el encuentro y pedir que mediante altavoces el vocal de turno llame al orden, so pena de sanción al estadio.

Los agentes arremetieron con fuerza y a punta de tolete hicieron que los delincuentes se dispersen. Desde todos los rincones del estadio el grito de “fuera... fuera... fuera...” desaprobaba la presencia de quienes solo tienen como finalidad sembrar el terror entre los asistentes.

El pitazo final y el triunfo del campeón ayudan a abrigar esperanzas de que todo terminó. Nada más lejos de la verdad.

A la salida del escenario, padres de familia tratan de poner a sus hijos a buen recaudo, mientras el gas lacrimógeno invade el ambiente. La desesperación se apodera de todos. Los conductores aceleran, intentando poner sus vehículos a buen recaudo -con el riesgo que esto implica para los peatones-.

Algunos progenitores seguramente aprovecharon el feriado para pasar un momento junto a sus seres queridos, pero luego de esta experiencia lo pensarán dos veces para regresar a aquel lugar donde el amor por su equipo se enfrenta contra un instinto básico de conservación.

Casos anteriores

Inicio de todo

En enero de 2017 murió Giuseppe Cavanna, líder de la Boca del Pozo. Poco después comenzaron las peleas por el control de la barra. En octubre, uno de sus integrantes fue asesinado fuera del estadio.

Arma en mano

Julio de 2017. Los incidentes se extendieron a los exteriores de la ‘Caldera’. Un cronista gráfico de Diario EXPRESO captó a un aficionado corriendo con un arma cortopunzante en su mano.

Fallido intento

Este año Barcelona fue invitado para la Copa del Pacífico. Era la primera vez que la hinchada amarilla ingresaba al remodelado estadio Capwell, pero protagonizó desmanes con la barra azul.

Perro agredido

En el mes de febrero, durante el partido Emelec vs. Macará, un perro fue lanzado desde la parte alta de la tribuna de San Martín. Actualmente Brauny está en etapa de recuperación. MGD

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