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Diario Expreso Ecuador

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Incertidumbre trumpiana

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Cada enero trato de elaborar un pronóstico para el año que comienza. Los pronósticos económicos son notoriamente difíciles de realizar; pero mi récord ha sido verosímil. Durante los últimos años predije correctamente que, en ausencia de estímulos fiscales más fuertes (que no eran inminentes ni en Europa ni en Estados Unidos), la recuperación de la Gran Recesión del 2008 sería lenta. Para elaborar estas predicciones deposité mi confianza más en el análisis de las fuerzas económicas subyacentes que en modelos econométricos complejos. Por ejemplo, a comienzos de 2016, parecía estar claro que era poco probable que las deficiencias de la demanda agregada a nivel mundial, que se habían manifestado durante los últimos años, fuesen a cambiar drásticamente. Por lo tanto, pensé que los pronosticadores de una recuperación más fuerte estaban mirando el mundo a través de cristales de color rosa. La evolución de la economía se desarrolló en gran manera tal como yo pronostiqué que ocurriría.

Con respecto a los acontecimientos políticos del 2016, estuve escribiendo durante años sobre que si no se abordaba la creciente desigualdad -especialmente en EE. UU., pero también en muchos países de todo el mundo- iba a haber consecuencias políticas. Pero la desigualdad continuó empeorando y se obtuvieron datos llamativos que mostraron que la esperanza de vida promedio en EE.UU. estaba en disminución. Los datos de salud simplemente confirmaron que las cosas no iban bien para los grandes segmentos del país. Y aunque EE. UU. pudiese estar situado en la posición más extrema de dicha tendencia, las cosas no iban mucho mejor en otros lugares. ¿Entonces por qué el vencedor fue alguien que se ganaba la vida usufructuando de los demás, que admitió abiertamente que no pagaba su parte justa de impuestos e hizo que la evasión fiscal sea un motivo de orgullo? Trump comprendió el espíritu de la época: las cosas no iban bien, y muchos votantes querían un cambio. Ahora lo obtendrán: nada se hará de la forma acostumbrada. Rara vez ha habido más incertidumbre. Las políticas que Trump seguirá, continúan siendo desconocidas, por lo que no se puede decir nada sobre si serán exitosas o sobre cuáles serán las consecuencias que conllevarán. Trump parece estar empeñado en sostener una guerra comercial, puede entender que lo que él propone violará las reglas de la Organización Mundial del Comercio, pero también puede que sepa que la OMC se demorará bastante antes de pronunciarse en su contra. Y, para ese entonces, puede que la cuenta de comercio de EE.UU. ya se haya reequilibrado. Trump puede tener razones que lo lleven a pensar que podría ganar; pues China es más dependiente de las exportaciones a EE. UU. que EE. UU. de las exportaciones a China. Pero una guerra comercial no es un juego de suma cero. EE. UU. pierde también si ataca a China porque esta puede ser más eficaz en apuntar sus represalias para causar dolor político agudo. La agenda republicana/de Trump, con sus recortes de impuestos aún más inclinados a favorecer a los ricos que la receta estándar del Partido Republicano supondría, se basa en la idea de la prosperidad por goteo -economía de la oferta de la era Reagan, la cual nunca funcionó-. A medida que la economía más grande del mundo lidere el camino hacia aguas políticas inexploradas durante 2017 y los años venideros, sería temerario intentar realizar un pronóstico, aparte de indicar lo obvio: casi con seguridad se puede decir que las aguas serán turbulentas.

Project Syndicate

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