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Idolatria amarilla
El fútbol es una expresión y un producto deportivo y cultural de la sociedad y sus imaginarios. Es factor de unidad de heterogéneos de naciones y culturas. Por eso no causa asombro que un equipo del trópico, del barrio del Astillero de Guayaquil, sea símbolo, pasión y emoción que convoca adherencias y el fanatismo de la “mitad +1” de ecuatorianos.
Los historiadores reconstruyen su origen, evolución y cambios; los antropólogos, lo simbólico y sus rituales culturales. Los economistas debieran conocer por qué devino en mercancía y captó mercados. Hoy es monopolio y degeneró en negocio de grandes utilidades. Esto corroe su valor de uso y el compromiso con el juego y los espectadores. Los políticos lo utilizan. Pero todos debemos saber, interpretar y descifrar el misterio que está detrás del fanatismo. Sobre todo saber analizar y comprender por qué Barcelona se ha convertido en ídolo del Ecuador. Crea vida, pasión e incluso la muerte de sus fanáticos. Recrea idolatrías en todos los lugares del país, hasta en etnicidades alejadas de las canchas, como los montuvios e indígenas. Por eso la amarilla del Barcelona está en los campos montuvios y “sobre debajo” ponchos del páramo.
Detrás del fanatismo barcelonista hay vida, pasión y tragedia, como la del domingo pasado, cuando sus ‘fans’ se convocaron a la reunión de culto y rituales. Un grupo de ellos acompañó a Cuenca al equipo de sus amores y delirios. Pero la activa y dinámica fuerza que los llevó no los trajo de regreso. Murieron 12 en un trágico accidente de tránsito, abrazados a su amarilla, a la cual decían querer con vida, pasión y muerte. Se fueron por irresponsabilidad de transportistas y negligencia culposa del chofer.
Ya no estarán en los estadios. Partieron con la última emoción y la pasión del último gol. Pero su entusiasmo, alegría y grito seguirán sonando en los graderíos, junto a sus compañeros (ras) de barra, de barrio y de la pasión infinita por su Barcelona. Seguirán vivos en la energía de otros. Los recordaremos en el colectivo juvenil que trasciende. Por eso que los unía a ellos y al compromiso por la amarilla de su equipo del alma. Adiós hermanos amarillos. Seguiremos barcelonistas, en la vida y en la muerte.