Actualidad
Hay muelles que se derriban
El Municipio tiene una jefatura que inspecciona las riberas. Las estaciones fluviales son legales, pero deben estar reguladas. El contrabando amenaza.

Que haya más muelles no es una utopía. Cada municipio cuenta con su propia regulación de las riberas. En el caso de Guayaquil, existe la Jefatura de Muelles y Muros, que rige la Dirección de Vía Pública y basa su trabajo en una ordenanza.
El documento contempla, entre otros parámetros legales, que es el Cabildo el que debe construir o autorizar la construcción de muelles, de allí el que la entidad pueda derribar las estaciones que se montan de manera artesanal sobre el río, explica el director de Vía Pública, Efrén Baquerizo.
Existen en la ciudad 304 estaciones fluviales. El 98 % de este universo pertenece a muelles particulares. Del 2 % restante, que es público, solo uno, el municipal de la Caraguay, ofrece posibilidad de estacionamiento para embarcaciones particulares a $ 15 el día, siempre con un registro previo.
EXPRESO expuso en su edición de ayer la necesidad de que existan muelles particulares, por cuanto quien posee un bote no tiene mayores facilidades de acoderar. Al respecto, el jefe de Muelles y Muros, Walter Aguirre, expone que es posible construirlos, pero que estos deben ser regulados.
“Hemos detectado, en coordinación con la Armada, que ciertas calles son utilizadas como atracaderos clandestinos que reciben embarcaciones de carga o descarga de cualquier mercadería sin ningún tipo de control. Y eso es un peligro”, explica el funcionario.
Así, en esta ciudad sin muelles, hay muelles que se derriban por seguridad, para evitar el contrabando. Hubo uno cerca del Lorenzo Ponce, otro en la calle Camilo Destruge, donde hasta se construyó una pared, uno más por la Domingo Comín y otros dos en La Fragata y el Guasmo Norte.
Uno de los casos emblemáticos, que resultó de los operativos en conjunto con la Policía y la Armada, fue la detección de un punto de contrabando de combustibles en 2016. Operaban atrás de La Universal, en La Pradera. Se hallaron 150 galones, recuerda.
Carlos Koch, socio del Yacht Club y propietario de un bote de 18 pies de paseo y pesca, es una de las voces que expone la necesidad de que existan muelles para acoderar. Privados o públicos.
“Pocas ciudades en el mundo tienen la suerte de tener agua salada y dulce al lado. En Estados Unidos encuentra usted estacionamientos, aquí simplemente es imposible”.
Pero no lo es. Para construir un muelle es necesario presentar al Municipio una solicitud de uso de suelo, cédula, certificado de votación y una serie de documentación que incluye permisos de la Dirección de Espacios Acuáticos y la Subsecretaria de Puertos, recuerda el jefe de Muelles.
El empresario inmobiliario y excandidato a la Alcaldía de Samborondón, Omar Quintana, refiere que no es rentable crear muelles ahora porque el sedimento en el Daule hace que la navegabilidad sea peligrosa. Por eso, pese a que en una de sus urbanizaciones en la isla Mocolí construyó uno, nadie lo usa.
Como lo explicó el ingeniero marítimo Hugo Tobar en la entrega anterior, hay otras ciudades que apuestan desde los municipios para facilitar muelles a embarcaciones particulares, pero para eso hace falta decisión política.
TURISMO
Un muelle sin punto de partida
Hace cuatro días el Ministerio del Ambiente inauguró la reconstrucción del muelle de entrada al Área Nacional de Recreación isla Santay. Esto debido al hundimiento que presentaba la estructura, conforme indicó Marcelo Mata, ministro del Ambiente.
No obstante, como publicó en ese momento este Diario, para los visitantes y comuneros de la isla es necesario que también se haga un muelle en Guayaquil.
“Es cierto que si han hecho la reconstrucción de este muelle, que me parece bien, también debieron considerar la construcción de un muelle en el lado de Guayaquil”, indicó Jorge Parrales, administrador del centro de turismo comunitario.
Ante la falta de un muelle desde el Puerto, comuneros o turistas que deseen cruzar hacia la isla Santay en lancha, deben tomar la embarcación desde un punto rocoso de la orilla, situado debajo del puente basculante, que une Guayaquil con la isla, según confirma Parrales.