Enganando al mandante

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Enganando al mandante

En los años 20, los alemanes desarrollaron el principio de la confianza legítima. Ecuador, como Chile y Colombia, lo ha incorporado al art. 22 del Código Orgánico Administrativo. Consiste en una real expectativa justificada, de que no serán vulneradas la previsibilidad y la certeza que -razonablemente- uno tiene en las actuaciones estatales. Suena difícil... ¿no? Vamos con el ejemplo que siempre ayuda a entender: si existe una norma en la Constitución (art. 3.8) que establece entre los deberes primordiales del Estado el “Garantizar a sus habitantes el derecho a una cultura de paz, a la seguridad integral y a vivir en una sociedad democrática y libre de corrupción”, lo previsible es que los gobernantes no puedan arriesgar esa cultura de paz y seguridad integrales, entregando el territorio nacional al terrorismo y al narcotráfico como pago porque le financiaron su campaña política. Ni siquiera aceptar semejante forma de financiamiento o hacerles puentecitos para que ingresen sus precursores químicos al país, pues ambas cosas ponen en peligro la paz y la seguridad integrales de la colectividad ecuatoriana. ¿Ahí sí se entendió, no? Y si uno de los deberes primordiales del Estado es garantizar que la actividad estatal se desarrolle en un ambiente libre de corrupción, constituye una real y justificada expectativa de la sociedad que esa será la forma en que se desarrollará dicha actividad. Y no que un monstruo vendrá a diseñar un sistema administrativo proclive a la corrupción, suprimiendo los dictámenes previos de Contraloría y Procuraduría en la celebración de los contratos públicos, para poder adjudicarlos a dedo y así dárselos a sus amigotes, ahora berreados públicamente en el informe Arroz Verde. Pero como dicho principio no se ha proyectado al campo político ni al penal, no constituyen causa de destitución de los gobernantes estas descaradas formas de engaño a los mandantes, ni pueden ser perseguidas como delito y sancionadas con una pena ejemplar. Todavía es posible. Pero... ¿alguien lo hará? No lector. No se ilusione. Usted lo entendió, pero ...tamos en Ecuador.