El desliz de Tame

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El desliz de Tame

Prohibición. Hasta el 11 de agosto, mientras se determinan las causas del percance, la pista del La Mar está restringida en días de lluvia. Cuando la pista está mojada, contaminada, que es lo que les pasó a otros pilotos, puedes salirte de pista.

Así quedó hace un mes el avión de Tame que se salió de la pista del aeropuerto La Mar, de Cuenca. El área de aterrizaje y despegue tiene 1.900 metros de largo y 36 de ancho. Se ha intensificado el mantenimiento del área, especialmente en los sistemas de d

Fue un desliz. Hace un mes el vuelo TAE173, de la aerolínea pública Tame, perdió pista con 80 pasajeros y seis tripulantes. Fue a las 07:50 de una mañana lluviosa, en el aeropuerto La Mar de Cuenca. El comunicado oficial de la compañía hace referencia explícita a “las condiciones apropiadas de aeronavegabilidad” de su avión, pero omite a un protagonista indispensable en esta historia: la pista de aterrizaje.

Tras el accidente (sin saldo mortal) y pese a que la terminal no está bajo su responsabilidad, la Dirección General de Aviación Civil (DAC) decidió vetar el aterrizaje en esa pista en días de lluvia. Sin embargo, la orden de la autoridad, emitida el 10 de mayo, había sido tomada antes en el interior de aerolíneas como LAN, cuyos pilotos elevaron casi una decena de certificaciones recomendando no tocar la pista cuencana cuando estuviera húmeda, según confirmó una fuente de la Dirección de Aviación Civil y tal y como se entiende en el comunicado remitido por la compañía, en el que asegura estar “en constante comunicación con las autoridades” para definir “soluciones” de seguridad.

Una investigación de Diario EXPRESO sobre el incidente recoge las advertencias de las aerolíneas privadas sobre una pista con modificaciones físicas recientes, que incluye el “rejuvenecimiento de la carpeta asfáltica” por haber detectado “filtraciones” de agua y “pérdida en el coeficiente de fricción”, según el reporte técnico elaborado por Christian Muñoz para el aeropuerto, antes de la contratación de la obra (por un costo de $ 443 mil), adjudicada a la Asociación Aeroportuaria de Cuenca.

En el mundo de las alas metálicas son conocidas las dificultades de maniobrabilidad en el La Mar. De hecho, se trata de uno de los pocos aeropuertos del país donde (debido a la altura y a lo corto de la pista) solo el comandante del avión, y no su copiloto, tiene permitido dirigir el aterrizaje. El rejuvenecimiento de la carpeta asfáltica prometía mejorar estas imperfecciones, pero los informes internos de las tripulaciones apuntan hacia una promesa incumplida.

La decisión de las aerolíneas privadas de no tocar suelo en días de lluvia no era desconocida por la tripulación de Tame. Uno de sus pilotos, que conversó con este Diario bajo condición de anonimato, asegura que sabían de los riesgos que corrían al aterrizar en un día de lluvia, desoyendo a la competencia. EXPRESO transcribe textualmente parte de esa entrevista:

“-¿Tuvieron conocimiento del riesgo, antes o después del accidente?

- Antes. Pero nadie hizo nada. Las compañías privadas decidieron que si había una gota de agua o la pista estaba contaminada, sus equipos no iban a aterrizar.

-¿Y Tame?

-La pérdida del coeficiente de fricción en la pista estaba dentro de los límites, en papeles. Eso significa que era operable, pero pasó lo que pasó.

-Y si era operable, ¿por qué otros no aterrizaban? ¿Prevención?

-Exactamente. Si has dicho seis o diez veces que es peligroso, cualquier aerolínea prefiere salvaguardar su reputación y la vida de sus pasajeros.

-¿Quién es responsable por no haber tomado una decisión similar en el vuelo TAE173?

-Totalmente la aerolínea y el concesionario del aeropuerto. Cuando hay agua en una pista con estas características es muy probable un hidroplaning”.

El hidroplaning o aquaplaning es un término de la aviación que hace referencia al deslizamiento del avión por la presencia de agua sobre el asfalto. En la vida terrestre, los expertos de aviación civil lo comparan con un charco de agua en una carretera capaz de hacer perder el control a un carro; pero en el mundo de los aeropuertos basta con milímetros de agua o incluso gotas para que el aterrizaje se ponga en riesgo.

Y aunque la Junta Investigadora de la DAC no tiene listo aún el informe sobre qué pasó el 28 de abril (un documento que pretende hacer público en las próximas semanas), la teoría del hidroplaning apuntaría irremediablemente a los aspectos técnicos de la pista del La Mar. El escenario se baraja en el despacho de Marcelo Cabrera, alcalde de Cuenca, según él mismo confirmó a este Diario después de ordenar que se resuelvan los aspectos técnicos que hagan falta.

De ser así, el accidente de Tame pasaría por la revisión de sus protocolos y, sobre todo, por dar respuesta a la pregunta lógica: si se conocían los riesgos de aterrizar sobre la pista mojada, ¿por qué entonces aterrizaron? Estas y otras preguntas acerca de sus protocolos de seguridad durante un susto que pudo convertirse en tragedia fueron remitidas a la aerolínea, que declinó contestar.

Testimonio / Javier Neira (pasajero del vuelo fallido)

“El día del accidente regresaba de Canadá, de una gira. Abordamos tranquilos hasta el momento en que íbamos a aterrizar. Había neblina, estaba lloviendo. Fue muy fuerte el impacto cuando tocamos tierra, pero lo que más me asustó fue la velocidad con la que avanzaba el avión sobre la pista.

Empeoró cuando el piloto intentó frenar y el avión se fue de lado. El ala chocó contra el piso. La gente gritaba. Yo me dije: ‘Hasta aquí llegué’. Pensé que iba a morir.

Hubo un muy mal manejo de la situación. Nos hicieron caminar toda la pista hasta llegar a la torre. Había adultos mayores. Cuando estuvimos en la sala, esperando las maletas, nadie de Tame se acercó. Tame nunca explicó ni dijo nada del incidente. No hubo ningún tipo de cortesía, hasta el día de hoy.

Si es cierto que se sabía de los riesgos, me parece pésimo. Es algo muy grave. El aeropuerto está en la ciudad. Si el avión perdía el control, pudo incluso afectar edificaciones. Habría sido un desastre. No pueden jugar con la vida de la gente. No se puede jugar con la seguridad”.