De que derechos humanos hablamos

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De que derechos humanos hablamos

Se los conocía como derechos naturales o del hombre y durante siglos han seguido siendo víctimas de agresiones. Los primeros derechos, los básicos, fueron el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Con el tiempo se sumaron otros que se consideraron inherentes a la condición humana y de los cuales ningún individuo puede ser privado o despojado por autoridad o acuerdo algunos. La “búsqueda de la felicidad, incluida en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, garantizó el empleo de medios materiales para adquirir bienes en propiedad. Progresivamente, los derechos humanos se universalizaron y hasta la Unión Soviética, enemiga natural del individualismo, incorporó hipócritamente a su Constitución de 1947 las libertades de expresión, de prensa, de reunión y hasta de demostraciones callejeras. Podría afirmarse que el derecho a la propiedad se universalizó y enraizó en nuestras mentes... ...hasta que a un filósofo anarquista se le ocurrió aseverar que la propiedad, bajo ciertas circunstancias, era un robo a los demás. Sus malos intérpretes no tardaron en aparecer y el marxismo irrumpió con sus sublimidades y sus trágicas secuelas que hasta ahora nos azotan.

Hoy coexisten gobiernos monárquicos que respetan escrupulosamente los derechos humanos consignados en sus Constituciones. El Reino Unido, Suecia y Noruega, entre otros, dan prueba de ello, en contraste con gobiernos africanos y latinoamericanos que se dicen democráticos y cuyos titulares emulan las monarquías medievales actuando como reyezuelos dueños de la verdad y de nuestras vidas, irrespetando y violando los derechos sin importarles que sean parte de sus legislaciones. El derecho a la libertad y a ser juzgados por tribunales independientes desaparece bajo el dictado de novedosas y torpes ideologías que vociferan sobre los privilegios debidos a los pobres, exhibiendo a la vez vergonzosa impreparación e ineptitud. ¿De qué nos ha servido aprobar una Constitución proteccionista de nuestros derechos si estos son violados repetidamente? Sus víctimas pertenecen a todos los segmentos sociales: la prensa, la banca, los indígenas, los policías, los militares, los colegiales, los universitarios, los propietarios, etcétera. Y cuando la crisis financiera internacional sobrevino, se sumó a ella la imprevisión financiera de nuestro Gobierno e incentivó la corrupción que hoy se denuncia por doquier. La necesidad de recursos se hizo evidente, pero degeneró en una voracidad que no se cuidaron de maquillar. La avidez de recursos pasó a ser lo nuclear de la acción gubernamental, generando honda desconfianza en la ciudadanía e instituciones financieras. Hoy muchos temen que el aumento del encaje bancario será utilizado por el Gobierno para proseguir con su despilfarro rumbo a un nuevo feriado bancario. La voracidad es su imagen. El proyecto de ley creando impuestos desmedidos a la plusvalía despierta confusiones que no lograrán esclarecer en el corto lapso fijado para su obediente aprobación parlamentaria, emergiendo como segura la predicción de que muchos propietarios perderán sus viviendas al no poder pagar tan desmedido tributo. La búsqueda del bienestar común por encima del individual es un grotesco mito que termina agrediendo a ese ciudadano al privarle de su derecho a la propiedad.

Lo que interesa al populismo que nos gobierna es que dejemos de pensar como individuos titulares de derechos y nos enrolemos en la masa colectivista que asegure su permanencia en el poder bajo la égida directa o indirecta de Correa, gestor y responsable de un gobierno a todas luces indeseable.

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