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A quien benefician las aduanas
Las aduanas, rezago del mercantilismo de hace 200 años, son obsoletas. Mantienen el marasmo, la miseria y emigración.
Colbert dijo a Mazzarino: “Debemos gravar con más impuestos a los que trabajan soñando en ser ricos”.
Los fenicios iniciaron el comercio de importación y exportación. Pero los árabes impulsaron el impuesto de aduanas como pago sobre todos los productos nacionales e internacionales.
Un carro cuyo precio real (CIF) es de US$ 5.000, aquí cuesta 4 veces más. Miles de ecuatorianos viajan a Colombia y Perú para comprar barato lo que aquí es caro.
¿A quién benefician las aduanas? Solo a políticos, contrabandistas, nuevos ricos y burócratas corruptos.
Las aduanas y los aranceles, por carestía y escasez de los bienes, perjudican a la industria, al comercio, a la agricultura y al ciudadano común.
Ergo: el primer paso es desaparecer las aduanas. Cero aranceles de importación y exportación. Eliminar toda tramitología que entorpezca el comercio libre y la obtención de insumos, repuestos y maquinarias para la industria y la agricultura. El país requiere con urgencia, libres de impuestos, “bienes de capital” para producir.
Ecuador es un Estado centralista, feudal y provinciano que causa la pobreza, concentra la riqueza y corrompe la justicia.
El centralismo nos paraliza. La “Cuenta Única del Tesoro Nacional” le da poder y dinero a políticos y burócratas avivatos.
Las emisiones inorgánicas de dinero (falsificación), el eufemismo del “dinero electrónico” y la desdolarización generan inflación, carestía, escasez y desempleo. La desconfianza e inseguridad son comunes hasta en funcionarios públicos que los rechazan.
Propaganda electoral. Imprudente gasto fiscal en obras que, sin concurso, otorgadas a dedo y con arena de mar se derrumban en 38 días (Esmeraldas).
Falso que la industria requiera de protección cuando rige la libertad. Lo que necesita es seguridad en las leyes y en las reglas. Libre competencia. Sentido común.
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