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Austeridad en las empresas para surfear la crisis

Las ofertas y las promociones que en las calles sugieren una compra se han convertido en la prueba más evidente de lo que hacen las empresas para sostener sus ventas; no obstante la estrategia, puertas adentro, va más allá. Todas apuntan a una misma di

Austeridad en las empresas para surfear la crisis

Las ofertas y las promociones que en las calles sugieren una compra se han convertido en la prueba más evidente de lo que hacen las empresas para sostener sus ventas; no obstante la estrategia, puertas adentro, va más allá. Todas apuntan a una misma dirección: reducir sus gastos.

La tendencia es ajustar el ritmo del negocio a un mercado recesivo que hace que más del 60 % de empresarios, según una encuesta realizada a nivel nacional (ver cuadro), catalogue a este año como “malo”.

El presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil (CIG), Francisco Alarcón, les da la razón, pues este 2016, dice, no solo ha estado caracterizado por la baja demanda sino por el incremento de costos. “Solo el 1 de noviembre pasado acabamos de ver cómo Petroecuador sube el precio del búnker en un 35 %, esto de un mes a otro”. Una situación que, agrega, está llevando a las empresas a ajustar ‘las tuercas’ a sus cuentas de gastos, una política que implica desde despedir personal hasta volver más eficiente el trabajo en áreas administrativas y logísticas.

Para Hugo Pérez, quien posee un doctorado en Dirección y Gestión Empresarial, en el país se ha empezado a adoptar una cultura de austeridad que hace dos años no existía, pero que en este 2016 las empresas han ido adoptando con mayor énfasis.

Y esa es una opción que ayuda, explica. Más cuando en la estructura de las empresas ecuatorianas, los gastos se venían ejecutando de una manera desproporcionada. “Una empresa para ganar operativamente 100 dólares tenía que vender 900 dólares. De esos 100 dólares, 70 eran absorbidos por el área operativa y de soporte. Algo realmente exagerado porque en el mundo esa cantidad solo llega a los 30 dólares”.

Este recorte de gastos, cuentan los expertos, no solo viene dándose con el despido de empleados, sino con la adopción de nuevos sistemas de gestión como el teletrabajo (que permite que el personal labore desde sus casas, usando menos recursos), un sistema que en el país ya cuenta con una normativa y con la expectativa de lograr que unas 76.000 personas sean parte de esta modalidad en los próximos dos años.

A esto se suman otras estrategias como el maquilar materia prima en países vecinos (como Colombia o Perú, donde existe un mejor escenario para hacer negocios) o tecnificar ciertos procesos.

Esto último es lo que ha tenido que hacer Orestes Martínez, gerente de Stoes, y su equipo de trabajo, luego de registrar un 20 % menos en su facturación en el 2015 y tras ver que la mala racha seguiría agravándose este año, mucho más con las consecuencias que a todos dejó el terremoto de abril. Ellos, cuenta, desde el año pasado vienen adoptando innovaciones para mejorar el servicio de logística para los eventos que ofertan. Buscaban sintetizar algunos procesos y lograr mejorar la eficiencia.

Además de comprar equipos más eficaces, dice, optaron por aplicar la facturación electrónica, un rubro que antes les generaba gastos por la contratación de más personas y transporte para entregar sus facturas. Esto les ayudó a bajar en un 32 % los gastos, algo que hoy les permite hacer frente a la baja demanda que aún se siente en el mercado.

Es que, según algunos estudios, aún existe pesimismo en el sector productivo. Una reciente encuesta del Comité Empresarial Ecuatoriano (CEE), aplicada a 95 grandes compañías que operan a nivel nacional, da cuenta de que un 63 % de las empresas tendría una “mala” expectativa del desarrollo del mercado, en los meses que restan del año. El 86 % dice que cerrará el 2016 con una reducción de sus ventas y el 75 %, con una menor plantilla de trabajadores.

Para Pérez, el desafío de las empresas es ese. Justamente cómo lograr seguir ajustando el negocio al tamaño del mercado, pero sin necesidad de eliminar plazas de trabajo. “El reto está en descubrir más ideas innovadoras para incrementar la productividad, pero sin afectar más al empleo”. Algo que, explica, podría darse si las empresas se proponen entrar a un proceso de internacionalización. No obstante, admite, llegar a ese eslabón tampoco es fácil. Primero hay que asegurarse un buen nivel de productividad y competitividad.