La amenaza que se derrama mas alla de la linea fronteriza

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La amenaza que se derrama mas alla de la linea fronteriza

Rastrillo. Las operaciones militares son reforzadas con información compartida por Colombia, que también busca a Guacho.

Mataje. Los controles y patrullajes en la frontera se ejecutan con vehículos blindados y artillería de guerra.

Cuando Colombia está a punto de arrancar la última página del calendario de lucha contra las FARC, Ecuador está iniciando el año cero como país en alerta por el narcoterrorismo. No han pasado ni tres meses desde que entró, sin consentimiento, en el enfrentamiento con grupos armados en la frontera y ya acumula siete muertos, dos secuestros (cinco personas) y casi una decena de ataques con bomba. Pero lo que angustia al país y a las autoridades es que el conflicto no será corto.

El enfrentamiento con el Frente Oliver Sinisterra, liderado por Walter Arizala alias Guacho, a quien se responsabiliza de la violencia en la zona fronteriza con Colombia, es fruto del desmantelamiento voluntario de las FARC en el país vecino. Eso hace, según el informe de Fundación Ideas por la Paz, que la situación de peligro tenga aún un largo camino para evolucionar dentro del territorio ecuatoriano.

El mismo documento hace una radiografía detallada del Frente Oliver Sinisterra, tal y como adelantó EXPRESO esta semana, situándolo en el cuarto lugar de las 18 facciones más agresivas que brotaron como disidencias del proceso de paz. Se le atribuye el 11 % de las acciones de los últimos dos años y un grueso de casi 500 miembros.

El riesgo para el país toma forma de secuestros -como los del equipo de El Comercio asesinado y la pareja retenida-, asesinatos selectivos, ataques contra la infraestructura -como los realizados contra torres eléctricas para dejar a poblaciones sin luz- y amenazas contra los habitantes del sector que colaboren como informantes con la policía o los militares. Todo lo que sea necesario para mantener el negocio de la distribución de droga a través del río Mataje, que hace de frontera natural entre los dos países, y del Mira que fluye en paralelo a la carretera que conduce a Tumaco. El pueblo colombiano subsiste intoxicado por el narcotráfico y envenenado por la lucha territorial entre las facciones disidentes que pelean por controlar el corredor de la droga hacia el océano Pacífico. “Desde ya se advierte un serio riesgo para el trabajo de organismos internacionales, agencias humanitarias y periodistas”, añade el informe.

Pero la Fundación Ideas por la Paz, tras entrevistar a un centenar de expertos, concluye que el narcotráfico no es el único ingrediente en el caldo de cultivo de terrorismo en la frontera. La lucha entre los grupos disidentes, los enfrentamientos con el veterano ELN y la fragmentación de las bandas por la deserción o detención de sus líderes hacen del conflicto una amenaza inestable e impredecible. “Ante la presión de las fuerzas militares de ambos países, el Frente Oliver Sinisterra continuará avanzando por territorio ecuatoriano”, advierte el documento, pues sus predecesoras, “las columnas móviles Mariscal Sucre y Daniel Aldana (FARC), tuvieron zonas de refugio en las provincias de Carchi y Esmeraldas”.

La estrategia militar coordinada de Colombia y Ecuador, además de acciones de inteligencia y operativas como las ya desplegadas, “deberán tener especial observancia a las afectaciones sobre la población civil”, en especial al colectivo afro e indígena, detalla el texto, “pues el grupo de Guacho está buscando vincular niños y jóvenes de estas poblaciones”, que se encuentran “en alto grado de vulnerabilidad”. El esfuerzo militar-policial, apunta la fundación, con un fuerte despliegue de tropas en la zona puede agravar la lucha, al descabezar más las bandas y crear nuevas facciones, alargando el tiempo de lucha, tal y como ha ocurrido en Colombia. El brazo ofensivo del Estado no debe olvidar las herramientas jurídicas para asfixiar, mediante incautaciones de bienes, por ejemplo, y asegurarse de que los grupos disidentes no obtengan ningún beneficio del Estado. Ni social ni legal.

Disidencias ante el proceso de paz

Deserciones

Si en los grupos armados rebeldes no es extraño que haya deserciones por diferentes criterios, estas aumentan en la negociación de paz.

Estructura

Según la experiencia de campo, la captación de rentas ilegales (con el narcotráfico) no es un fin, sino un medio para mantener la estructura.

Fragmentación

La detención de líderes fragmenta aún más las disidencias, que están legitimadas socialmente en zonas desatendidas por el Estado.

Proliferación

Todo eso hace proliferar a los grupos disidentes, dificulta la acción de la fuerza pública ante el enemigo nuevo y alarga el proceso de paz.