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AK-47
Los fusiles, como cualquier arma bélica, se fabrican para matar seres humanos. No son herramientas industriales ni agrícolas y , en tratándose del fusil de asalto AK-47, aludimos a un arma maniobrable y de alta eficiencia letal, que cobra más de 250.000 víctimas anuales. Fue calificada por un diario francés como el invento más importante del siglo XX, superando a la mismísima bomba atómica.
China nos habría “obsequiado” diez mil de ellos, que en nada contribuirán a superar nuestro subdesarrollo y solo incrementarán la zozobra y desconfianza ciudadanas. Su denominación “de asalto” lo dice todo. Fue el arma preferida de Osama Ben Laden, quien vivía con ella bajo el brazo, y aún forma parte del arsenal de las FARC, como de otras agrupaciones terroristas.
Tan mortífera arma presuntamente incrementaría el arsenal de nuestras FF. AA. sin que estas hubiesen conocido ni opinado sobre su adquisición, si damos crédito a lo expresado por el general (hoy retirado) que laboró hasta febrero 2016 como jefe de Operaciones del Comando Conjunto. Estarían destinadas a garantizar nuestra seguridad externa. Pero, ¿ existe algún enemigo externo del que debamos protegernos... con fusiles? ¿Serían, entonces, los mismos ecuatorianos blanco de sus disparos? En justicia, no hay antecedentes que permitan presumir una agresión militar a nuestros ciudadanos. Le ha bastado al Gobierno el “arma de asalto” denominada Función Judicial, encubriendo sumisamente sus agresiones a los derechos humanos y a la libertad de información. Pero la llegada de los AK-47 ha traído consigo interrogantes sobre la real existencia de una inesperada donación que ayudaría a la sostenibilidad del correísmo. La claridad es una exigencia intelectual y ética que este Gobierno siempre ha menospreciado en su ciega marcha al infierno, siguiendo el perverso y demencial patrón venezolano.
Somos ajenos a temas relacionados con nuestra seguridad nacional. Es “harina de otro costal”, decimos. Pero hoy nos estremece pensar que la sociedad civil pudiera estar en la mira de esos fusiles. Voces de alarma ya se escuchan pero, como ha sido práctica rutinaria, el silencio atemorizador amenaza cubrir el tema. Sin embargo, el Gobierno también teme: teme las elecciones libres y su derrota la concibe como un golpe de Estado que le impone incrementar la violencia para sostener su engendro revolucionario. La necesidad les obligaría a abandonar su cotidiana arbitrariedad y reemplazarla con la violencia: han anunciado organizar fuerzas barriales paralelas a las FF. AA., con la ambigua consigna de proteger a funcionarios y autoridades gubernamentales.
¿Con qué derecho y en nombre de qué principio se creen facultados para defender un sistema de gobierno que agrediría físicamente a ciudadanos inconformes? No se necesita de autoridad moral ni filosófica para reprobar la violencia contra ecuatorianos por parte de energúmenos civiles blandiendo, ¡vaya coincidencia!, fusiles de asalto.
Hay que acabar con la sucesión de hechos bochornosos que debieran avergonzar a sus autores, quienes sorprendentemente los reivindican como fruto de su revolucionario ingenio: los “pativideos”, para presuntamente enterarse de cómo operaban las mafias internacionales en la manipulación de nuestra deuda externa; la vergonzosa “narcovalija”, de patente ecuatoriana, que concluyó responsabilizando a canes carentes de olfato; y, esta vez, recibiendo 10.000 fusiles de asalto con los que se teme reprimirían a una sociedad civil culpable de no creer en esta revolución ni en sus falsas predicciones, pero condenada a creer en su inagotable derroche de odio.
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