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Diario Expreso Ecuador

Ivette Martínez, la ecuatoriana que recorre la Panamericana en una casa rodante hacia Alaska

La esmeraldeña Ivette Martínez relata los desafíos y alegrías de viajar sola por la Panamericana. Su meta: llegar a Alaska en su hogar sobre ruedas

Ivette Martínez junto a su casa rodante en su travesía hacia Alaska

Ivette Martínez junto a su casa rodante en su travesía hacia AlaskaCortesía

Valeria Alvear
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Desde la ventana de su casa rodante, la esmeraldeña Ivette Martínez contempla cada mañana un horizonte distinto. Hace dos meses que las montañas de Monterrey, en México, marcan su ruta, pero este paisaje es solo el capítulo más reciente de una travesía que comenzó mucho antes de cruzar fronteras. Su viaje no nació en las carreteras mexicanas, sino hace nueve años en Ecuador, cuando decidió canjear la estabilidad por una vida definida por el movimiento y la incertidumbre.

Esa búsqueda de libertad la llevó en 2017 hasta Australia, país donde no solo se formó en hotelería y turismo, sino donde descubrió la cultura camper. Lo que inició como una experiencia de mochilera con una visa de estudiante, terminó transformándose en un proyecto de vida tras camperizar su primer Jeep. Hoy, a bordo de su casa rodante "Gitana", Ivette recorre la Vía Panamericana con una meta clara: demostrar que el camino, aunque se recorra en solitario, es el espacio donde verdaderamente se encuentra el hogar.

De una vida estable a la carretera

Para Ivette, la estabilidad tenía un uniforme y un horario en el aire. Entre 2011 y 2017, su vida transcurrió como tripulante de cabina, una carrera consolidada que decidió abandonar para mudarse a Australia. Aunque llegó a ese país para estudiar Hotelería y Turismo, aprovechaba cada pausa académica para recorrer nuevos destinos como mochilera, una chispa que terminaría cambiando su destino para siempre.

Sin embargo, la pandemia marcó el verdadero punto de quiebre. Tras el confinamiento, Ivette decidió experimentar una forma distinta de movilidad: rentó su primera van y emprendió un viaje por las carreteras australianas. Bastaron apenas dos días al volante para entender que ese estilo de vida era exactamente lo que buscaba. “Dos días en la carretera y yo ya sabía que ese era el estilo de vida que yo quería”, relata.

Durante los años siguientes, alternó temporadas de viaje con trabajos temporales que le permitían ahorrar y seguir en movimiento. Cuando su ciclo en Australia llegaba a su fin, la idea de volver a la rutina que dejó años atrás no era una opción. “Mi corazón no estaba listo para regresar a Ecuador a una vida normal”, afirma. Con sus ahorros, compró una casa rodante de nueve metros a la que bautizó como “Gitana”. El viaje por América comenzó oficialmente en julio de 2025, con una meta clara: conquistar la ruta Panamericana hasta llegar a Alaska.

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Seguridad y resiliencia: el desafío de las rutas en solitario

Aunque en redes sociales el estilo de vida sobre ruedas suele rodearse de un aura romántica, Ivette reconoce que atravesar el continente siendo mujer implica gestionar una cuota constante de riesgo. “Sería ingenuo decir que no hay peligro. Claro que hay”, sostiene. 

Para mitigar esa vulnerabilidad, su libertad no es improvisada, sino estrictamente planificada: evita conducir de noche, invierte en estacionamientos seguros aunque afecten su presupuesto y mantiene un protocolo riguroso de seguridad digital, evitando compartir su ubicación en tiempo real mientras se comunica diariamente con su familia en Ecuador.

Sin embargo, ni la planificación más minuciosa puede blindar al viajero contra la naturaleza propia del camino: los imprevistos. Esta realidad se hizo tangible al llegar a México, donde un grave daño mecánico detuvo en seco su itinerario y la obligó a convertir un taller en su hogar temporal. 

Pese a la angustia del momento, Ivette destaca que fue precisamente en la adversidad donde descubrió la cara más humana de la ruta, encontrando en la solidaridad de desconocidos el impulso necesario para reparar a "Gitana" y seguir sumando kilómetros.

Mar, la perrita que cambió el viaje

Uno de los episodios más emotivos de su recorrido ocurrió entre las fronteras de Nicaragua y Honduras. Allí conoció a Mar, una perrita callejera de tres patas que terminaría convirtiéndose en su compañera inseparable.

Ivette la encontró mientras realizaba trámites migratorios. Aunque inicialmente intentó seguir su camino, no logró dejar de pensar en ella y decidió regresar.

Me fui. Manejé 30 minutos y yo no me la pude sacar de la cabeza. Empecé a llorar”, cuenta.

La perrita estaba enferma y necesitó meses de tratamiento veterinario antes de poder continuar el viaje. Ivette financió todo el proceso mientras seguía recorriendo Centroamérica. Cuatro meses después volvió a Honduras para reencontrarse con ella.

La historia de Mar impulsó significativamente el crecimiento de su comunidad en redes sociales. Lo que comenzó como un registro casual de sus viajes terminó convirtiéndose en una plataforma que inspira a miles de personas.

Yo empecé el viaje con 10.000 seguidores y, llegando a Honduras, con la historia de Mar, crecimos. Son seguidores de Mar”, asegura Ivette Martínez.

Mar, la perrita de tres patas que se convirtió en compañera inseparable de Ivette Martínez.

Mar, la perrita de tres patas que se convirtió en compañera inseparable de Ivette Martínez.Foto: Cortesía

Una ecuatoriana en la ruta Panamericana

Actualmente, Ivette suma más de ocho países recorridos y miles de seguidores que siguen sus experiencias desde distintas partes del mundo. Sin embargo, asegura que uno de sus mayores deseos es conectar más con Ecuador.

Es maravilloso decir soy ecuatoriana”, afirma.

Ivette Martínez suma más de ocho países recorridos y busca conectar más con Ecuador.

Ivette Martínez suma más de ocho países recorridos y busca conectar más con Ecuador.Cortesía

La creadora de contenido considera que todavía existen pocos viajeros ecuatorianos recorriendo la Panamericana y menos aún mujeres viajando solas en una casa rodante.

Su objetivo sigue intacto: avanzar hacia Estados Unidos, Canadá y finalmente Alaska, aunque reconoce que la carretera siempre obliga a replantear tiempos, rutas y presupuestos.

“¿Cuándo llegué? ¿Cómo llegué? No lo sé aún, pero ese es el sueño y esa es la meta”, concluye.

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