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Diario Expreso Ecuador

consumo e historias

Tiendas de barrio: el negocio que resuelve urgencias y conecta vecinos en Quito

En Chimbacalle, en San Marcos, Las Casas e Iñaquito, como en otras zonas, estos son espacios de confianza, donde se consigue pan, carnes, objetos de bazar...

En la tienda de Margarita Janilema, en Chimbacalle, sur de Quito, hay variedad de frutas, azúcar, arroz, carnes, etc.

En la tienda de Margarita Janilema, en Chimbacalle, sur de Quito, hay variedad de frutas, azúcar, arroz, carnes, etc.Daniel Cuesta/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Tiendas de barrio en Quito operan desde 06:00; venden básicos y resuelven urgencias diarias de vecinos.
  • Chimbacalle, San Marcos, Las Casas e hipercentro muestran cambio de consumo por micromercados e inseguridad que reduce horarios.
  • Tenderos sostienen comunidad en Quito: ofrecen servicios, información y apoyo más allá de la venta diaria.

El surtido de las tiendas de barrio revela cuán cerca están de la vida cotidiana de sus vecinos. En Chimbacalle, al sur de la capital, Margarita Janilema ofrece cachitos, chicles, papas fritas, chocolates, caramelos y bebidas, pero también tarrinas de tostado con chicharrón, carnes, embutidos, quesos, frutas, arroz y azúcar. Así como platos, vasos y cucharas desechables y productos de limpieza.

El movimiento empieza temprano. En época de clases, los clientes llegan desde las 06:00; en vacaciones, el flujo se retrasa una hora. “Hola, veci”, repiten los más jóvenes; los mayores prefieren el nombre de pila. William entra con prisa y pide un tomate. Otro cliente un dólar de azúcar. Cierra a las 21:00. 

Así, dice Margarita, ha sacado adelante a sus tres hijos, de 20, 17 y 10 años. Lleva dos décadas en este negocio que consiste en resolver urgencias: el producto que se acabó, el encargo inesperado o la necesidad que aparece de pronto.

En el centro, en San Marcos, Judith Delgado atiende en Aquisito nomás, una tienda-bazar. Allí conviven muñecas, gorras de lana, bufandas y las tradicionales Bebas -populares entre la generación X- con helados para mascotas, oferta para los ‘perrihijos’. También hay sánduches de pernil, aplanchados, porciones de pastel...

La relación con los clientes es de confianza. En su local se puede recargar el celular o sacar copias: empezó con una impresora doméstica. “Si dos personas me piden algo, lo traigo”, comenta. Oficinistas y vecinos incluso le dejan llaves para que las entregue a terceros.

Tiene 67 años y abrió hace ocho, por necesidad. Atiende de 06:00 a 20:00. Vive cerca. Antes se vendían más productos básicos -aceite, harinas, fideos-, pero el consumo ha cambiado, por esos micromercados, que se empezaron a sembrar en los barrios. 

Judith Delgado atiende en la tienda Aquisito Nomás, en la calle Junín, en San Marcos, centro de Quito. Le encargan hasta las llaves.

Judith Delgado atiende en la tienda Aquisito Nomás, en la calle Junín, en San Marcos, centro de Quito. Le encargan hasta las llaves.Daniel Cuesta/ EXPRESO

Aun así, la cercanía de un colegio sostiene el flujo de clientes. Su papel va más allá de lo comercial: escucha, aconseja, conversa. 

“Hay gente que llega con problemas. Les digo que aprendan a perdonar, porque guardar eso hace daño”, cuenta. Vive 36 años en el sector y antes tuvo un negocio de revelado fotográfico, cuando las marcas Fuji, Kodak o Konica dominaban el mercado. Tras la dolarización y la muerte de su esposo, con ocho hijos que mantener, tuvo que reinventarse, con el impulso de uno de sus hermanos.

Las tiendas en el norte de Quito

Al norte, en la zona de Las Casas, María del Carmen Vásquez mantiene otra tienda desde hace más de 30 años. Abre de 06:30 a 20:00; antes lo hacía hasta las 22:00, pero la inseguridad le obligó a reducir el horario. Atiende tras barrotes negros, como ocurre en muchos otros locales de la ciudad.

El trajín arranca con el pan, que llega a las 07:00. Oficinistas de negocios cercanos compran algo rápido en sus pausas: un yogur, una empanada, una bebida; otros vecinos llegan corriendo para llevarse un cachito en funda y un yogur. 

También hay familias que siguen abasteciéndose allí, aunque el barrio ha cambiado. El aumento de restaurantes ha traído nuevos residentes y ha empujado a otros a migrar, a menudo hacia los valles.

Entre los clientes habituales está Iván Astorga, de 75 años. Lleva décadas viviendo en el sector. Compra en supermercados, pero no deja la tienda de siempre. 

Saca una libreta y dicta su pedido: cuatro colas grandes, ocho pequeñas, dos helados tipo sánduche, un paquete de chuletas y queso parmesano. Afirma que lo atienden bien.

Germán Arcos, su hijo, es arquitecto, pero sin problemas, mientras su mamá hablaba por teléfono, atendía a los clientes. 

“La tienda es un espacio de interacción social, para conectar con el vecino. Ahora que la inseguridad está latente, siempre será mejor preguntar en este lugar por una dirección”, anota. Cuenta que a su mamá le dicen doña Carmita y ella también responde con los nombres, doña Nelly, Elsita...”.

La tienda, más que un espacio transnacional: Alejandra Delgado

Para la socióloga Alejandra Delgado, las tiendas de barrio funcionan como espacios de confluencia comunitaria donde se tejen y sostienen las relaciones cotidianas. 

En ellas, la figura del tendero -mujer u hombre- es central: no solo vende productos, sino que conoce y reconstruye las historias del vecindario. “Es quien sabe qué le pasa a cada quien: si a alguien se le perdió el gato, si un vecino necesita ayuda o a quién acudir para resolver algo”, explica.

En esa línea, la tienda no es un espacio solo transaccional. “Uno no va solo a comprar el pan; va y se entera de cosas: por qué se fue la luz, cuándo habrá cortes de agua o qué ocurre en el barrio”, dice. 

Más que una relación mediada por la compra y venta es un punto de encuentro donde se ve cómo crecen los hijos, cómo envejecen las personas, quienes se mudan o se casan o se separan...

Según Guido Varela, de la Red Ecuatoriana de Tenderos, en las tiendas se decide qué se desayuna, almuerza y cena en buena parte de las familias.

18.000 tiendas hay en Quito y 130.000 en el país.Guido Varela/ Red Ecuatoriana de Tenderos.

Así funcionan este negocio en el hipercentro

Luis Moreta tiene su tienda express La Frutería, en la República del Salvador, norte de Quito. Empezó hace 28 años vendía frutas en un camión, en la Portugal.

Luis Moreta tiene su tienda express La Frutería, en la República del Salvador, norte de Quito. Empezó hace 28 años vendía frutas en un camión, en la Portugal.Daniel Cuesta/ EXPRESO

Delgado subraya que estos espacios se mantienen -con variaciones- en barrios de distintas condiciones socioeconómicas. 

En algunos sectores, sobre todo de mayor ingreso, la tienda adopta la forma de minimarket, pero conserva parte de su función comunitaria. No es una cadena estandarizada, sino un lugar donde aún es posible dejar una llave, recibir un paquete o pedir a un vecino que pase a recoger algo.

Así, en el hipercentro, en la República del Salvador queda La Frutería, minimarket o tienda express, levantada por Luis Moreta y su esposa. 

Todo empezó hace 28 años, en un camión de frutas ubicado junto al Cyrano. Hay snacks, todo lo que tiene el resto pero además arepas, mote con chicharrón, champú, comida de perro, mascarillas... “No hay tiempo para conversar”, admite. En el edificio hay cinco pisas de oficinas y el resto viviendas.

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