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Diario Expreso Ecuador

paisaje urbano

Los viveros de Quito: dónde nacen los árboles que después llegan al espacio público

En tres centros, ubicados en Las Cuadras, Caupicho y Cununyacu, se cultivan unas 350.000 plantas ornamentales y 40.000 árboles, que pasan a espacios públicos

María Belén Calvache, directora de Áreas Naturales de la Empresa de Obras Públicas de Quito, en el vivero de Las Cuadras, sur de la urbe.

María Belén Calvache, directora de Áreas Naturales de la Empresa de Obras Públicas de Quito, en el vivero de Las Cuadras, sur de la urbe.Ángelo Chamba/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Viveros de Quito producen 40.000 árboles y 350.000 plantas ornamentales al año para parques y espacios públicos del Distrito.
  • Los árboles pasan hasta siete años en viveros municipales antes de llegar a las calles.
  • Jardineros cuidan semillas y plantas en Las Cuadras, Caupicho y Cununyacu frente al clima y vandalismo.

Ronald López les habla a las plantas. “Ahora que el sol está tan fuerte, les pido que aguanten”, comenta mientras riega con una manguera los faroles chinos, sus favoritos, en un terreno de cinco hectáreas. Es jardinero y está a cargo de una parte de las cerca de 30.000 plantas y árboles que crecen en el vivero municipal de Las Cuadras, en el sur de Quito. Le preocupa el clima seco de estos días porque las flores se marchitan más rápido.

Pero ellas resisten. “Las plantitas vuelven a retoñar”, dice López y repite que son seres vivos. Lamenta que algunos ciudadanos les arranquen las hojas o rompan sus tallos. “A nadie le gustaría que le corten una mano”, afirma mientras muestra unas cucardas.

La Gerencia de Administración de Parques y Espacios Verdes de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), a través de la Dirección de Áreas Naturales, administra tres viveros municipales: Las Cuadras y Caupicho, en el sur de Quito, y Cununyacu, en Tumbaco.

Cada uno cumple una función:

  • Cununyacu funciona como un banco público de semillas: allí se conservan, seleccionan y germinan semillas destinadas principalmente a la producción de árboles para el espacio urbano.
  • En Las Cuadras se desarrollan procesos de germinación, clasificación, crecimiento y cuidado de árboles. Allí también funciona el laboratorio de Biotecnología Vegetal. 
  • En Caupicho se cultivan plantas ornamentales, arbustos y otras especies que posteriormente se siembran en espacios públicos.

Estas plantas y árboles se siembran en viveros municipales:

María Belén Calvache, directora de Áreas Naturales, explica que un equipo recolecta semillas en distintos puntos del Distrito Metropolitano, según las especies que necesitan. Ellos los toman de los árboles y plantas de parques y parterres.

“Sembrar un árbol en un espacio público es muy diferente a hacerlo dentro de una casa”, señala Calvache. Las plantas deben crecer en condiciones más exigentes, expuestas al esmog de los automóviles, al vandalismo y hasta a los pelotazos.

La apuesta de la empresa municipal incluye especies nativas como guaba, arupo, pumamaqui, arrayán, wila, nogal y romerillo. Según su vocera, también cultivan capulí, cholán, aliso, yalomán y quishuar, además de especies ornamentales y algunos árboles introducidos que se han adaptado a las condiciones de la ciudad.

Aunque no niegan la existencia de la enredadera conocida como Susanita, originaria de África e identificada en Quito como invasora. Puede cubrir árboles y vegetación nativa, alterar hábitats y afectar la biodiversidad. 

Por ello, el Municipio ha desarrollado acciones para extraer y controlar, acompañadas de reforestación, dicen. También que evalúan las condiciones al encontrar tulipán africano, para sacarlo.

El laboratorio de Biotecnología Vegetal de Las Cuadras se ocupa de reproducir especies de difícil producción o que requieren conservación especial, entre ellas orquídeas, bromelias, helechos y romerillos.

¿Cuántas plantas y árboles se cultivan en los viveros del Municipio?

En conjunto, los tres viveros producen y cuidan cada año de unas 350.000 plantas ornamentales y 40.000 árboles. Su destino son parques, plazas, parterres, redondeles, jardineras, corredores verdes y otros espacios públicos de las parroquias urbanas y rurales del Distrito.

  • A Las Cuadras llegan las plantas “bebés”, recién germinadas, se las coloca en la llamada funda bala, la más pequeña.
  • De ahí pasa a otra de 20 centímetros de altura, entonces ya tiene un tallo formado y hojas, pasan a una funda de nueve por 12 centímetros; se desarrollan y pasan a una funda semiquintalera, que es de 15 por 20; siguen desarrollándose y en cada cambio de funda colocan nutrientes.
  • Al final va a la de 20 a 25 cm, la quintalera. Para ese momento han pasado de cinco a siete años, alcanzan una altura de 1.50 cm y su tallo por lo menos tiene cinco centímetros diámetro, hojas fuertes, tallo recto, su raíz formada. Está listo para salir. Jardineros y más encargados los ven crecer, como a niños que salen adolescentes.

Durante ese tiempo, los jardineros realizan podas formativas, colocan tutores (palos) para ayudar a que el tronco crezca recto; además vigilan las raíces y hacen controles fitosanitarios para prevenir plagas y enfermedades.

En Las Cuadras, Ronald López y sus compañeros acompañan ese proceso desde las primeras etapas. “Son seres vivos”, repite el jardinero mientras recorre el vivero.

Andrea González, gestora ambiental, lleva 16 años trabajando en Las Cuadras. Mientras camina por el terreno, muestra cómo funciona el tutor, retira pétalos secos y explica por qué considera que el vivero es un lugar especial.

Andrea González ha trabajado 16 años en Las Cuadras. Le duele ver destrozados a los árboles y plantas que ellos cuidan.

Andrea González ha trabajado 16 años en Las Cuadras. Le duele ver destrozados a los árboles y plantas que ellos cuidan.Ángelo Chamba/ EXPRESO

“Es hermoso ver cómo van creciendo, desarrollándose y luego en la parte final, poder entregarlas para que las siembren”, cuenta.

Una de sus mayores satisfacciones fue encontrarse con las guabas que habían cuidado en el vivero ya plantadas y creciendo en un redondel de Lumbisí.

También ha vivido la otra cara del proceso. Le duele regresar a un lugar de la ciudad donde habían plantado un árbol y descubrir que ya no está.

“Es una pérdida súper grande para todos, para la empresa y la ciudadanía. En los viveros empezamos desde cero y deben pasar siete años para que el árbol salga a las calles”, enfatiza.

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