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Diario Expreso Ecuador

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Fabián Zurita: las lecciones de esfuerzo y autonomía que dejó en sus campamentos

El andinista y más que nada el personaje detrás de Campamentos Aire Libre falleció pero se queda en la memoria de miles a quienes formó

Fabián Zurita falleció a los 92 años, el 12 de octubre del 2026.

Fabián Zurita falleció a los 92 años, el 12 de octubre del 2026.Tomado de la cuenta de Facebook de Fabián Zurita.

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"Las verdaderas alegrías solo brotan del esfuerzo". La frase de Fabián Zurita, andinista ecuatoriano que falleció el 12 de octubre de 2026, sigue presente en la memoria de quienes participaron en sus campamentos vacacionales Aire Libre. Esas jornadas estuvieron marcadas por  aprendizajes que perduraron mucho después de regresar a casa.

Franklin Vega, periodista y editor de Bitácora Ambiental, participó en el séptimo campamento organizado por Zurita, en 1981. Tenía 11 años. En conversación con EXPRESO, recuerda que el andinista visitaba colegios para repartir folletos en los que describía las actividades previstas para las dos o tres semanas de campamento.

Vega llevó uno de esos folletos a su casa. Su madre, que era profesora, consideró que la experiencia resultaba algo costosa. Finalmente, se animó a enviarlo junto con un amigo.

"Nos fue a lo bestia. Pasábamos hambre, frío y miedo", recuerda Franklin Vega. Una de las experiencias que más lo marcaron fue una guardia nocturna, en la hacienda cerca de Sangolquí, en donde se desarrollaba el campamento. A las 02:00, en medio de la oscuridad, los niños debían cumplir sus turnos de vigilancia

"A los 11 años, estar a medianoche oyendo a los búhos, a los grillos y en medio de un silencio absoluto provocaba miedo. Pero había que vencer el miedo y hacerlo", cuenta Vega.

Aventuras y experiencias: cuidar raciones de comida, bañarse con balde

En los campamentos, los participantes como Franklin Vega dormían en un establo acondicionado, se acomodaban en sacos de dormir. No contaban con las cabañas que existen actualmente. Para bañarse, debían acarrear agua en un balde y soportar el frío. También tenían que lavar su propia ropa y los platos después de comer.

Asimismo, las raciones de comida eran limitadas y no se podía desperdiciar nada. Vega recuerda las provisiones para alcanzar la cumbre del Pasochoa: una cantimplora con agua de panela, cuatro galletas y dos mandarinas.

"Todo estaba pensado para que valoraras cada cosa: el agua y la fruta"Franklin Vega/ periodista que participó en sus campamentos

Con el tiempo, aquellas incomodidades adquirieron otro significado en la mente de sus discípulos. Lo que entonces podía parecer excesivo terminó convirtiéndose en una experiencia de autonomía y aprendizaje. 

Las máximas de Zurita, recuerda Vega, aparecían una y otra vez, a través de charlas, durante el campamento. Además de la frase sobre el esfuerzo, había otra regla que se repetía: "No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti".

De Pasochoa al Cotopaxi: caminar y seguir adelante

Los escolares y colegiales tenían una agenda de excursiones a las montañas, en el Campamento Aire Libre. Pasochoa, Cotopaxi —hasta el refugio—, Cayambe, Chimborazo y Fuya Fuya formaban parte de los destinos.

Otra experiencia, que entonces despertaba quejas eran los trotes de alrededor de 10 u 11 kilómetros.

"Todo el mundo se quejaba. Decíamos: 'Esto es salvaje, me muero de hambre'. Pero quienes pudieron se repitieron el campamento", apunta Franklin Vega.

La experiencia dejó una huella importante, por lo que Vega inscribió al campamento a sus hijos, como han hecho otros participantes. Los cuatro vivieron la experiencia. A sus dos hijos menores les atrapó la actividad: uno, de 13 años, hizo dos campamentos; el otro, de 15, participó en tres.

Para Vega, Aire Libre ofrecía a los niños de la ciudad una oportunidad de acercarse al campo, convivir con otros jóvenes y desenvolverse lejos de las comodidades habituales.  

Más testimonios de quienes lo conocieron

Marco Dueñas contó que conoció a Fabián Zurita, en 1970, cuando él era niño. Él entonces aún era sacerdote jesuita y le llevaba fotografías de las montañas a su abuela. Organizó el famoso campamento de líderes montañeros en Limpiopungo,  recuerda. Dueñas se integró al Movimiento Juvenil de Cumbres El Sadday, creado por Zurita

"Nos encontramos muchas veces en la montaña, alguna vez le ayudé a guiar a sus chicos. La última vez que lo vi fue en mayo del 2024 porque le invitamos a celebrar los 80 años del Club de Ascensionismo del Colegio San Gabriel. Dio unas palabras", comenta.

Tras conocerse la muerte de Zurita, antiguos participantes compartieron recuerdos y mensajes de despedida en redes sociales.

Así, Carlos Andrés Vera lo calificó como una "leyenda del andinismo ecuatoriano" y recordó su propia experiencia en Aire Libre, cuando tenía 12 años. 

"La experiencia me marcó para bien, no sin su dosis de sufrimiento", escribió. También destacó las ascensiones de Zurita por las montañas del país: "Siga coronando nuevas cumbres. Vive en quienes continúen su legado".

También en su cuenta de X, Fernanda Mancheno recordó que participó en uno de los campamentos a los 9 años. Entre sus recuerdos quedó el premio que recibía la patrulla por recolectar obsidianas: una funda de chocolates Osito. Para ella, fue una experiencia enriquecedora que difícilmente olvidará.

El abogado Antonio Pazmiño dijo que aunque vivía en Guayaquil, envió a sus hijos a los campamentos de Zurita y destacó la experiencia que vivieron. Su mensaje concluyó con una expresión de pesar por la muerte del andinista.

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