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El clima de Quito cambia: más calor, sequías prolongadas y lluvias más intensas en periodos cortos

Dos décadas de registros hidrometeorológicos muestran un incremento de temperatura, lluvias concentradas en menos tiempo y periodos secos más largos

En dos décadas, la temperatura en Quito subió 0,7 °C, una cifra que ya genera efectos ambientales.

En dos décadas, la temperatura en Quito subió 0,7 °C, una cifra que ya genera efectos ambientales.Foto: Gustavo Guamán / Expreso

Sara Oñate
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Lo que debes saber

  • Entre 2004 y 2024, la temperatura media anual de Quito pasó de 14 °C a 14,7 °C. Además, las noches se han vuelto más cálidas, en parte por el efecto de isla de calor urbana
  • Los periodos secos pueden extenderse hasta 13 o 15 días y, en casos extremos, superar las tres semanas. En 2024 hubo 29 días sin lluvias
  • Las precipitaciones también aumentaron cerca del 30%, pero ahora tienden a concentrarse en lapsos más cortos

Quito mantiene su habitual ciclo climático, marcado por una época seca y otra lluviosa. Sin embargo, los registros de las últimas dos décadas muestran que ese patrón está cambiando en intensidad y frecuencia. 

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Así, el aumento de la temperatura y de las precipitaciones empieza a tener efectos sobre los ecosistemas, la infraestructura y las condiciones de vida.

Dos décadas de datos muestran un cambio en el clima

Carlos Gonzaga, director de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente del Municipio, explica que para identificar modificaciones sostenidas en el clima se requiere analizar series de datos de largo plazo. Los expertos recomiendan al menos 10 años de información y, para obtener resultados más robustos, hasta 30 años.

En Quito, los estudios de riesgos climáticos realizados en 2024 y 2025 utilizaron información hidrometeorológica de la Red Metropolitana que administra el Municipio. Según Gonzaga, esta es la red más robusta del país y permite disponer de registros precisos y prolongados de variables como temperatura y precipitación.

En los registros también se han observado más olas de calor en la capital.

En los registros también se han observado más olas de calor en la capital.Foto: Gustavo Guamán / Expreso

El análisis, que se hizo de 2004 a 2024, revela un incremento en ambas variables. En el caso de la temperatura, la media anual pasó de 14 °C a 14,7 °C, un aumento de 0,7 °C. Aunque puede parecer pequeño, sus efectos ambientales son importantes.

Más calor y mayor riesgo de incendios

Una de las consecuencias es el incremento de las olas de calor. Debido a las condiciones geográficas de Quito, se considera una ola de calor cuando la temperatura máxima supera los 23 °C durante al menos dos días consecutivos. Estos episodios reducen la humedad de la vegetación y pueden generar condiciones favorables para la propagación de incendios forestales.

Más de 20 efectivos combatieron las llamas en el sector Otón de Vélez en Yaruqui.

Más de 20 efectivos combatieron las llamas en el sector Otón de Vélez en Yaruqui.Cortesía Bomberos Quito

El 2024 fue una muestra de esa situación. Quito atravesó una de las sequías más prolongadas desde 1982: hubo 29 días consecutivos sin precipitaciones. El periodo estuvo acompañado por temperaturas elevadas y terminó contribuyendo a que más de 2.400 hectáreas resultaran afectadas por incendios.

Llueve más, pero en periodos más cortos

Pero el fenómeno no es solo el calor. Los registros también evidencian un incremento de alrededor del 30% en las precipitaciones durante las últimas décadas.

La particularidad está en cómo se distribuye esa lluvia: los eventos son más intensos y se concentran en periodos más cortos. Es decir, si antes llovía durante un mes, ahora puede concentrarse en una semana.

Así, una mayor cantidad de agua en poco tiempo aumenta la presión sobre los sistemas de drenaje y puede causar inundaciones, deslizamientos y afectaciones a infraestructura vial y otros servicios esenciales, señala Gonzaga.

Las épocas marcadas permanecen

El cambio climático, por tanto, no necesariamente elimina las estaciones que históricamente ha tenido Quito. La época lluviosa continúa concentrándose entre octubre y mediados de abril o mayo y posteriormente llega el periodo seco. Lo que cambia es la intensidad de los eventos.

Según Gonzaga, periodos secos que anteriormente podían durar siete días ahora pueden extenderse entre 13 y 15 días e incluso superar las tres semanas, como ocurrió en 2024. Del mismo modo, las precipitaciones tienden a concentrarse en lapsos más breves.

Ahora, las lluvias se concentran en periodos más cortos.

Ahora, las lluvias se concentran en periodos más cortos.Archivo

Menos árboles, más calor en la ciudad

El incremento de las temperaturas puede observarse con mayor claridad en sectores desprovistos de vegetación. Por ejemplo, el aeropuerto de Quito, debido a la extensa superficie de su pista, es uno de los puntos donde se concentra el calor. Calderón es otro sector identificado por su escasa cobertura de arbolado urbano.

La presencia de árboles cumple, en este contexto, una función que va más allá del ornato. El arbolado urbano ayuda a regular la temperatura, reduce la radiación solar directa sobre el asfalto y contribuye a mejorar las condiciones ambientales y la biodiversidad.

El Niño y el riesgo de nuevos periodos secos

El escenario también está relacionado con fenómenos climáticos de gran escala. Gonzaga explica que se ha analizado el comportamiento de El Niño de 1983, 1997 y 2016. En Quito, el evento se asocia con periodos de sequía.

Por ello, ante la llegada del fenómeno, las previsiones apuntan a que la capital podría enfrentar nuevamente condiciones secas, con consecuencias sobre la disponibilidad de agua y el riesgo de incendios forestales.

Las proyecciones climáticas, además, alertan que los eventos extremos serán cada vez más frecuentes e intensos.

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