Elecciones 2026: 396 alianzas electorales y ni un solo proyecto de ciudad, provincia y de país
El anticorreísmo ordenó 15 años de política y el antinoboísmo intentaría hacer lo mismo. Algo de eso hay, y sería ingenuo negarlo cuando se vota por rechazo

Las alianzas electorales no se construyen sobre proyectos y planes, sino sobre la coyuntura electoral y política.
Lo que debes saber
- Pabel Muñoz se inscribió con el Partido Socialista y Unidad Popular; mientras Pachakutik se acerca al correísmo en Manabí y lo enfrenta en Guayas.
- La actuales reglas electorales empujan a organizaciones a pactar incluso con antiguos adversarios para preservar espacios y continuar existiendo.
- La alianzas responden más a cálculos de supervivencia que a coincidencias programáticas o a un proyecto político compartido.
La izquierda a la que Correa persiguió hoy le presta el casillero, mientras Pachakutik puede acercarse al correísmo en una provincia y enfrentarlo en otra. No las une una idea, sino la necesidad de existir.
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En 2002, el movimiento indígena llevó a la Presidencia a un coronel retirado y Ecuador tuvo su primera canciller indígena, Nina Pacari. La alianza duró seis meses. Pachakutik acusó a Lucio Gutiérrez de traicionar a la izquierda apenas firmó con el Fondo Monetario Internacional.
Gobernó entonces con un acuerdo bajo la mesa con el Partido Social Cristiano, la derecha que combatió en campaña. Ese pacto también se rompió.
En diciembre de 2004 armó una tercera coalición (el partido de Abdalá Bucaram, el de Álvaro Noboa y el Movimiento Popular Democrático) para destituir a 31 magistrados de la Corte Suprema. La Pichi Corte anuló los juicios contra Bucaram y le abrió la puerta de regreso. Cuatro meses después, los forajidos lo sacaron del poder.
Veintiún años más tarde, el país no corrigió esa costumbre, sino que la industrializó. El Consejo Nacional Electoral validó 396 alianzas para el 29 de noviembre, casi las mismas que en 2023, cuando calificó 390.
La más comentada se da en Quito. Pabel Muñoz, alcalde y hombre del gabinete de Rafael Correa, se inscribió con el Partido Socialista y Unidad Popular. Unidad Popular hereda al Movimiento Popular Democrático (MPD), a cuyos militantes Correa llamaba tirapiedras y cuyo gremio magisterial, la UNE, terminó disuelto y con la sede allanada.
Todavía en junio su director nacional decía que la Revolución Ciudadana no formaba parte de su proyecto electoral. Y en agosto la describió como una alternativa que pone por delante los intereses del pueblo.
Pachakutik y la alianza con la RC en Manabí
Pachakutik hizo algo más difícil de explicar. En Manabí retiró a dos precandidatos propios para darle la fórmula provincial a Luisa González, la figura más identificada con el correísmo después de Correa. En Guayas sostiene a Mónica Luzárraga, que rompió con ese bloque y hoy lo enfrenta. La misma lista, en la misma elección, es refugio y adversario según la provincia. Absurdos en la teoría, pero perfectamente lógicos en las urnas.
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La explicación cómoda es la polarización. El anticorreísmo ordenó quince años de política y hoy el antinoboísmo intentaría hacer lo mismo. Algo de eso hay, y sería ingenuo negarlo en un país que vota por rechazo. Pero no alcanza.
En junio de 2025 el oficialismo y la Revolución Ciudadana votaron juntos la reforma que devolvió el método D’Hondt y castiga a las minorías. El interés coincide, el ‘anti’ se suspende.
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Lo que queda cuando se retira la ideología está en la ley. El artículo 327 del Código de la Democracia dispone que un partido pierde su inscripción si no obtiene el 4 % de los votos válidos, tres asambleístas o alcaldías en 18 cantones. Los movimientos locales que no lleguen a ese piso se extinguen. A eso se suma encabezar la mitad de las listas con mujeres y una cuarta parte con jóvenes. Sin eso, el CNE puede rechazar la lista entera.
Ante ello, el absurdo ecuatoriano ha generado 396 alianzas que, en muchas ocasiones, carecen de lógica. Cada partido sabe con quién pactar, qué espacio preservar, qué candidatura sacrificar y qué enemistad archivar. El sistema ha convertido la supervivencia de sus actores en su mayor éxito colectivo.
Ni siquiera se trata de votos. La reforma de 2025 quitó un incentivo clave, porque antes el porcentaje obtenido en coalición se asignaba completo a cada organización y ahora se reparte en partes iguales. Aliarse rinde menos, y se firmaron 396 acuerdos. Es un trámite para existir.
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Y el modelo tampoco sirve a quienes lo usan. En 2025, Pachakutik y el correísmo firmaron un acuerdo para la segunda vuelta que no se tradujo en votos. La filial amazónica de la Conaie se inclinó por Noboa y voces históricas del movimiento indígena hablaron de traición.
El 29 de noviembre, el elector recibirá una papeleta con logos que no coinciden con los nombres y coaliciones que nadie defenderá en campaña. Si todo se mantiene, habrá 396 alianzas y ni un solo proyecto de país.