ANÁLISIS
Entre cortes de luz y aranceles, las cámaras de comercio en Ecuador se quedan sin batería
Hoy por hoy, la derecha y el empresariado se encuentran demasiados divididos y por ende incapaces de reproducir esa vertiente común en el escenario político

En mayo de 2025, el presidente Daniel Noboa se reunió con la Cámara de Industrias y Porduccion.
Lo que debes saber
- La derecha y el empresariado se encuentran divididos y por ende incapaces de reproducir esa vertiente común en el escenario político.
- Los gremios ven al gobierno de Daniel Noboa como a un aliado natural para evitar el retorno de Rafael Correa.
- Las cámaras deben sopesar si esta prudencia y hasta el silencio que hoy exhiben no están acelerando su descenso hacia la irrelevancia.
A mediados de 2015, el trámite de la modificación de los impuestos a la herencia y a la plusvalía provocaron una respuesta rauda por parte de los gremios empresariales y de la oposición al gobierno de Rafael Correa. La Cámara de Comercio de Guayaquil, dirigida por Pablo Arosemena Marriot, rápidamente lanzó una campaña comunicacional con un nombre muy propio de esos años de la era digital: “#MiTrabajoEsParaMisHijos”. Diversos medios de prensa le dieron acogida a ese mensaje y las redes se encendieron por el debate.
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El entonces alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, quien por esas épocas buscaba aglomerar a diversas fuerzas opositoras en una plataforma de unidad (y de esa forma apuntalar la candidatura de Cynthia Viteri), organizó una marcha multitudinaria que contó con el apoyo de diversas figuras del empresariado guayaquileño. Ellos dieron gustosamente sus aportes y salieron a caminar por el boulevard. Al final, con la visita del papa Francisco acercándose, el presidente Correa desistió de su iniciativa tributaria y se calmaron las aguas.
De la Junta Militar a los aranceles: Las lecciones de la revuelta empresarial de 1965
Sesenta años atrás, la Junta Militar que había derrocado a Carlos Julio Arosemena Monroy en 1963 llevaba adelante su propia, y mucho más importante, reforma fiscal. Desde 1964, el gobierno militar buscaba centralizar y modernizar el complejo sistema tributario y aduanero del país, cargándose en el proceso a las rentas que por mucho tiempo habían beneficiado de forma directa a instituciones filantrópicas como SOLCA o a los gobiernos municipales. Pero en ese año de 1965, la imposición de nueva tributación en la forma de fuertes barreras arancelarias llevó al límite de su paciencia a los empresarios guayaquileños, quienes, dirigidos por Luis Orrantia, se alzaron en protesta. Concretamente, llamaron a los comerciantes a no retirar sus productos de la aduana, para así presionar al Gobierno a través de una disminución de su recaudación. Los militares cedieron y se sentaron a negociar. Al año siguiente salían del poder para darle paso al interinato de Clemente Yerovi y a una nueva Constitución.
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A través de las décadas siguientes, los gremios empresariales de Guayaquil y las provincias sirvieron de punta de lanza de la oposición contra gobiernos a los que percibían como demasiado centralistas o estatistas. Por su naturaleza de clase, estas cámaras de comercio y de industrias fueron funcionales a los intereses de la élite económica del puerto principal, pero en un país en el que los presidentes suelen buscar la concentración de poder a toda costa, también sirvieron de contrapeso al Ejecutivo.

Daniel Noboa es percibido como un aliado natural del empresariado.
¿Por qué los gremios ya no protestan? El fallo de 2008 que debilitó a las Cámaras
¿Por qué entonces, en estos tiempos en los que les cortan la luz y se declaran guerras arancelarias, los gremios empresariales no salen a protestar con la misma fuerza que antes? La explicación más sólida la podemos encontrar en una de las últimas resoluciones del hoy extinto Tribunal Constitucional, en el año 2008. En el caso número 0038-2007-TC, el alto tribunal tomó una decisión favorable ante el reclamo del presidente Correa, quien se oponía a la obligación que hasta entonces pesaba sobre un sinnúmero de empresas y profesionales, quienes por ley debían ser miembros de las distintas cámaras y colegios profesionales que había por todo el país. Correa arguyó que tal imposición de agremiarse era una violación a la libertad individual y que, además, los gremios empresariales y profesionales representaban solo los intereses particulares de sus directivas, por encima del interés general.
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Cuando las cámaras y el resto de las organizaciones gremiales del empresariado y de los profesionales perdieron las afiliaciones obligatorias, sus ingresos y su alcance en la sociedad se vieron tremendamente mermados. Desde entonces, las cámaras y las organizaciones de la sociedad civil que antes gozaban de los privilegios de ley y las protecciones del Estado han ido perdiendo su poder. Si después de eso todavía pudieron enfrentarse contra el propio Correa es porque encontraron una coalición fuerte de la derecha en la que apoyarse, y junto a ella a otras organizaciones de la sociedad civil y a la prensa que habían sido víctimas también de la agenda gobiernista de ese entonces.
Entre el silencio y Noboa: El dilema de una derecha dividida ante la crisis
Hoy por hoy, la derecha y el empresariado se encuentran demasiados divididos y por ende incapaces de reproducir esa vertiente común en el escenario político. Esto en parte porque muchos de ellos todavía ven al gobierno de Daniel Noboa como a un aliado natural que simplemente hace lo que debe para evitar el retorno de Correa y manejar la difícil situación de inseguridad. Otros, en cambio, encuentran un aliado natural al que apegarse públicamente y sin vergüenza en este gobierno que, por más que insista lo contrario, tiende hacia la derecha.
Las cámaras deben sopesar si esta prudencia y hasta el silencio que hoy exhiben no están acelerando su descenso hacia la irrelevancia, cosa que bien que les podría pasar factura bajo futuros gobiernos, probablemente aun menos amistosos que este.