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Diario Expreso Ecuador

MENTES QUE SANAN

Las decisiones que una familia agradece cuando llega un momento difícil

Hablar a tiempo sobre la muerte permite conocer deseos y reducir conflictos, incertidumbre y cargas adicionales durante el duelo

Hablar sobre la muerte y expresar deseos con anticipación puede ayudar a una familia a afrontar el duelo.

Hablar sobre la muerte y expresar deseos con anticipación puede ayudar a una familia a afrontar el duelo.Canva

Génesis Parrales
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Lo que debes saber

  • Hablar sobre la muerte permite conocer los deseos de una persona.
  • Anticipar decisiones puede reducir conflictos y cargas durante el duelo.
  • Una pérdida inesperada puede generar culpa y preguntas sobre lo que se pudo hacer distinto.

La muerte no solo deja un vacío emocional. Cuando ocurre, también puede obligar a una familia a tomar decisiones para las que quizá nunca se preparó: cómo despedir a esa persona, cómo recordarla o qué hacer con asuntos que quedaron pendientes.

Por eso, hablar de la muerte antes de que ocurra una pérdida puede ser una forma de cuidado hacia quienes quedan. No evita el dolor ni permite controlar las circunstancias de una partida, pero sí puede reducir la incertidumbre y algunas decisiones que deben resolverse en medio del duelo.

Para la psicóloga clínica y psicoterapeuta Karen Cortez, el principal obstáculo suele ser el miedo a lo desconocido. “Este es un tema muy complejo, dado que tenemos ese miedo a la incertidumbre, miedo a qué va a pasar, qué va a suceder”, explica.

A ese temor se suma la ansiedad y la idea de que hablar sobre la propia muerte equivale a anticiparla. En algunas familias, incluso existe la creencia de que mencionar el tema puede atraerlo.

Sin embargo, Cortez sostiene que estas conversaciones permiten expresar deseos que merecen ser escuchados. “Necesitamos ese espacio, son nuestros deseos de cómo queremos ser recordados”, asegura.

Hablar de la muerte también es una forma de prepararse

No existe una edad específica para comenzar a hablar sobre la muerte. Según Cortez, estas conversaciones pueden darse en distintos momentos de la vida, siempre que exista disposición para abordarlas de manera tranquila y natural.

La preparación tampoco significa vivir pensando en la muerte. Se trata de aprovechar el tiempo disponible para conocer qué es importante para cada persona y qué quisiera transmitir a sus seres queridos.

Esto puede incluir la manera en que desea ser recordada, determinados aspectos de su despedida o incluso aquello que considera importante dejar como legado.

Cortez insiste en que no se trata de adelantarse a escenarios catastróficos. Por el contrario, plantea vivir el presente y reconocer qué se quiere transmitir a hijos, padres, hermanos y otros familiares.

Las decisiones que pueden pesar menos durante el duelo

Cuando una pérdida ocurre, los familiares deben enfrentarse a un proceso emocional que cada persona vive de manera diferente. Si además deben tomar decisiones sobre asuntos que nunca fueron conversados, la carga puede aumentar.

La situación puede ser todavía más compleja cuando la muerte ocurre de forma repentina. “Nos coge como que de imprevisto, entonces no sabemos cómo afrontarlo y entramos en desesperación, en culpa”, explica Cortez.

En esos momentos pueden aparecer pensamientos sobre lo que se pudo haber hecho de otra manera o sobre el tiempo que se habría querido compartir con la persona fallecida.

Por eso, conocer previamente sus deseos puede ayudar a la familia a tomar decisiones con mayor claridad. No elimina la tristeza, pero permite saber que algunas de las decisiones adoptadas corresponden a lo que esa persona había expresado en vida.

Cortez lo resume así: “Considero que cambiaría muchísimo porque ya va a haber no una resignación inmediata, sino más bien como una aceptación”.

Cuando la pérdida ocurre de manera inesperada

Una muerte repentina puede dejar preguntas y palabras pendientes. En estos casos, la psicóloga recomienda apoyarse en una red cercana y respetar la manera en que cada integrante procesa el duelo.

No todos reaccionan igual. Algunas personas pueden llorar inmediatamente, mientras otras pueden permanecer en estado de shock o necesitar silencio y distancia. “Entonces hay que darle el espacio a la pausa”, explica Cortez.

El acompañamiento tampoco significa presionar a quien está sufriendo para que hable o actúe de una determinada manera. Puede consistir simplemente en permanecer cerca y estar disponible cuando esa persona necesite ayuda.

Los conflictos familiares también pueden aparecer después de una pérdida

Las decisiones pendientes no siempre tienen que ver con una despedida. También pueden involucrar herencias, relaciones familiares o conflictos que permanecieron sin resolver.

Cortez menciona, por ejemplo, situaciones en las que una persona fallece y deja vínculos familiares complejos que no habían sido conversados. En esos escenarios pueden surgir desacuerdos entre los familiares.

También puede ocurrir que la persona fallecida fuera el punto de encuentro de una familia. Su ausencia puede hacer que las reuniones dejen de realizarse y que vínculos que se mantenían gracias a ella comiencen a distanciarse.

La psicóloga considera que parte de este comportamiento puede relacionarse con la evitación: determinados espacios o reuniones pueden convertirse en recordatorios dolorosos de la ausencia.

Por eso, el diálogo antes y después de una pérdida puede ayudar a reconstruir los vínculos familiares. “Es importante que estos vínculos se reestructuren nuevamente”, sostiene Cortez.

Esto no significa que una familia tenga que volver a ser exactamente como antes. Se trata de encontrar nuevas formas de relacionarse, con respeto por las decisiones y límites de cada integrante.

El orgullo y las palabras que quedan pendientes

Una pérdida también puede dejar una sensación de culpa cuando existen conflictos que nunca se resolvieron.

Cortez señala al orgullo como una de las principales dificultades. Después de una muerte pueden aparecer pensamientos sobre lo que se habría podido hacer distinto o sobre la posibilidad de haber dado el primer paso para solucionar una diferencia.

“Y aquí viene para la persona la culpa. ¿Y si hubiese dado mi brazo a torcer?”, explica la psicóloga. Por eso, hablar a tiempo también puede significar resolver, mientras sea posible, algunas diferencias con las personas importantes.

No se trata de ignorar los conflictos ni de obligar a alguien a reconciliarse. La recomendación de Cortez apunta a una comunicación más asertiva: expresar cómo una situación hizo sentir a cada persona y buscar acuerdos desde el respeto.

¿Qué pasa cuando nunca se tuvo esa conversación?

No todas las familias logran hablar sobre la muerte antes de una pérdida. Cuando esta ocurre de forma inesperada, pueden quedar preguntas sobre aquello que la persona habría querido.

En esos casos, los familiares pueden reconstruir sus deseos a partir de lo que conocían de ella, sus valores y las conversaciones que sí tuvieron.

Pero si la posibilidad todavía existe, Cortez recomienda buscar un momento tranquilo para iniciar el diálogo. No hace falta convertirlo en una conversación dramática.

La conversación puede comenzar con algo tan sencillo como plantear que existe un tema importante que se quiere hablar. A partir de allí, cada persona puede expresar cómo quisiera ser recordada o qué considera importante para sus seres queridos.

Planificar no elimina el dolor, pero puede reducir otras cargas

Prepararse para una eventual pérdida no significa esperar la muerte ni vivir con miedo. Significa reconocer que la vida es incierta y que algunas conversaciones pueden ser más útiles cuando todavía hay tiempo para tenerlas.

Una familia que conoce los deseos de su ser querido no deja de sufrir cuando llega una pérdida. Pero puede evitar parte de la incertidumbre que aparece cuando nadie sabe qué habría querido esa persona.

Cuando la muerte ya ocurrió, el acompañamiento también es fundamental. Cortez recomienda recurrir a la red de apoyo y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

En consulta, una de las herramientas que utiliza ante muertes repentinas es la escritura de una carta dirigida a la persona que falleció. Allí se pueden expresar preguntas, sentimientos o palabras que quedaron pendientes. La carta puede convertirse en una forma de poner en palabras aquello que no pudo decirse en vida.

Al final, planificar no consiste en saber cuándo llegará una pérdida ni en intentar controlar sus circunstancias. Consiste en hablar mientras todavía se puede.

Porque algunas de las decisiones que una familia más agradece después no son necesariamente las más grandes. A veces se trata de haber escuchado, haber expresado un deseo, haber resuelto una diferencia o haber sabido cómo quería ser recordada una persona antes de que ya no pudiera decirlo.

¿Qué es Mentes que sanan?

Mentes que sanan es el pódcast de psicología de Diario EXPRESO, disponible en Spotify y YouTube. En cada episodio abrimos un espacio para conversar sobre salud mental y bienestar emocional, abordando temas que forman parte de la vida cotidiana.

Cada entrega cuenta con la participación de psicólogos y especialistas que comparten conocimientos, experiencias y herramientas para comprender mejor nuestras emociones y fortalecer el bienestar personal.

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