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Diario Expreso Ecuador

Un escudo que encamina

El Plan Escudo busca proteger a estudiantes en Ecuador, pero la verdadera seguridad escolar exige formar en valores, ética y responsabilidad

La disuasión debería reforzarse con visitas periódicas a planteles de canes entrenados para la detección de sustancias, o con revisión aleatoria de mochilas, bolsos y cartucheras de los alumnos.

La disuasión debería reforzarse con visitas periódicas a planteles de canes entrenados para la detección de sustancias, o con revisión aleatoria de mochilas, bolsos y cartucheras de los alumnos.Archivo Expreso

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Hace días, los ministerios de Educación y del Interior emitieron el Acuerdo Interministerial Nro. MINEDEC-MDI-2026-006-A, mediante el cual se establece el Plan Escudo, orientado a reforzar la seguridad de niños y jóvenes durante su ingreso, salida y permanencia en las instituciones educativas.

En estos tiempos de intranquilidad y ansiedad familiar, es loable que se den mensajes como este para que los padres sientan más protección y confianza al enviar a sus hijos a clases.

Pero, una vez más, como ya lo hemos dicho, esto apunta a solucionar la inmediatez, el aquí y ahora; busca disuadir y, acaso, hasta con miedo, acciones en las que, a ratos, se involucran los estudiantes o de las que pueden ser víctimas.

La disuasión es buena, pero sería importante reforzarla con visitas periódicas a planteles de canes entrenados para la detección de sustancias, o con la revisión aleatoria de mochilas, bolsos y cartucheras que los alumnos utilizan para sus materiales, conscientes de que, aun así nos quedamos cortos.

El Plan Escudo frena el miedo, la ética forma al ciudadano

Y es que el acuerdo y las sugerencias dichas pueden funcionarnos para hoy, pero lo importante es trabajar en el ser humano que formamos, para que llegue por sí mismo a construirse como un individuo ético, moral y responsable.

Para ello, el rescate de las áreas y ciencias humanísticas, el fortalecimiento de la espiritualidad, que tanto se ha relegado, y el ejemplo profesoral son vitales.

No debemos quedarnos en el temor a la sanción o el miedo; debemos dar el salto para que cada estudiante se reconozca, responda por sus actos y busque su autocorrección. Que aprenda que no debe actuar bien cumpliendo normas solo cuando se le observa u organiza, sino que llegue al punto en que su propia respuesta sea la de elegir lo sano, lo correcto y lo moral.

Esto último plantea un gran reto al educador, pues, como artista o artesano que es, debe trabajar en la individualidad de la estructura espiritual e intelectual que tiene delante, para obtener de cada quien su mejor realización.

El escudo es bueno, pero no basta, y el reto nos llama.

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