¿Era cristiano Odiseo?
La adaptación de Nolan reabre el debate sobre los mitos griegos, el destino y la ausencia de libertad frente a la visión moderna del ser humano.

La Odisea plantea un mundo regido por el destino, en contraste con la noción moderna de libertad.
Christopher Nolan ha elegido después de Oppenheimer, una especie de Prometeo moderno, dar su versión de un célebre libro, clásico de la Antigüedad griega: Odisea. El libro original escrito por Homero narra el regreso del héroe griego tras la destrucción de Troya, a su isla donde era rey, Ítaca, y donde su esposa Penélope lo espera contra toda esperanza, asediada por un ejército de pretendientes que aspiran a ser su cónyuge y que entretanto devoran las riquezas de su casa y utilizan a sus sirvientes como si fuesen suyos. El regreso del héroe es efectivamente una odisea y tiene el sabor circular de los mitos griegos: se sale de un peligro para caer en otro y a lo largo del camino los compañeros de Odiseo van perdiendo la vida.
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Pese a todo, Odiseo logra regresar y se viste como mendigo para observar el comportamiento de los pretendientes de su esposa y planear con ayuda de su hijo Telémaco y unos sirvientes fieles, la muerte de estos en una carnicería que no ahorra barbarie. En el regreso y en el combate, los dioses han intervenido y apoyado a su manera al ingenioso Odiseo.
Destino, tragedia y la diferencia con el mundo moderno
Nolan no se ocupa de héroes épicos. Tiene razón: vivimos tiempos sombríos donde la gloria y la epopeya no tienen lugar. Celebrar guerras y matanzas hoy carece de sentido porque somos conscientes de la destrucción que implican. Los que ahora combaten lo único que pueden agradecer es su supervivencia. Otra cosa es la Antigüedad griega y su diferencia con los tiempos actuales que Nolan ignora en su versión: el abismo entre un mundo regido por destino y fatalidad, del cual Edipo es su símbolo, y el mundo cristiano que advendría luego, con una visión diferente del hombre y la vida.
Los héroes de la tragedia griega no tienen libertad, se limitan a ejecutar lo que el destino les tiene impuesto, no pueden elegir. Odiseo, que intenta conjurar el destino con sus múltiples ardides, lo hace por su naturaleza. Por tanto, no puede tener culpa ni memoria; para tenerlas hace falta la libertad y esta no era una dimensión del mundo trágico griego. La libertad aparece solo con el cristianismo, que hace coincidir paradójicamente el retiro de los dioses con la encarnación de Dios que deja al hombre en libertad. Ni Edipo, ni Aquiles, ni Odiseo, pese a sus ardides, tienen libertad. Por eso no pueden tener culpa por las muertes que causaron porque no decidieron hacerlo. Oppenheimer puede angustiarse y responsabilizarse por sus decisiones, Odiseo solo volver a empezar otro viaje.