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El crecimiento de 7,9 % en julio estuvo impulsado por la recuperación petrolera, pero energía, El Niño y combustibles amenazan el cierre de 2026

La recuperación de la producción petrolera impulsó el crecimiento de la actividad económica de Ecuador en julio de 2026.
El Banco Central del Ecuador (BCE) publicó la semana pasada las cifras de crecimiento económico del primer semestre de 2026: 2,1 %, dentro de lo esperado gracias al seguimiento mensual de la actividad económica. El dato oficial del tercer trimestre se conocerá en enero de 2027, pero ya existen señales claras de su comportamiento.
En julio, la economía sorprendió con un crecimiento anual de 7,9 %. Sin embargo, más que un auge, fue un rebote técnico.
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Como consecuencia de la erosión regresiva del río Coca, el OCP se paralizó en julio de 2025 para hacer cambio en el trazado de su ruta y obligó a paralizar la producción petrolera. En números redondos, la producción que debió ser 14 millones de barriles en el mes de julio, cayó a 4 millones. Un año después, ya normalizada la baja producción petrolera, julio de 2026 retomó los 14 millones, incidiendo ese crecimiento mayor al 200 % en el crecimiento del sector petróleo y minas, y desde allí al indicador de actividad económica mensual.
El crecimiento que podría dejar 2026
Con ese crecimiento en uno de los tres meses del tercer trimestre, y no habiendo ningún elemento extraño en agosto y septiembre que los aleje del crecimiento mínimo de 1,8 %, al tercer trimestre ya finalizado, deberíamos esperarlo en un nivel cercano al 3,8 %.
Empezando octubre varias señales van indicando que habrá afectación en el crecimiento del último trimestre. Aunque no se lo señale con claridad, se espera que la actual política de racionamientos de energía al sector industrial atrasará la llegada de cortes de luz a los hogares. El incremento de costo de energía afectará la actividad empresarial con impactos en la oferta exportable y costos en bienes y servicios.
El fenómeno de El Niño ha empezado a impactar al sector agrícola y los ingenios azucareros han informado la necesidad de importar para asegurar la provisión de sus productos al mercado.
Si bien el precio de importación del diésel es un enorme problema al necesitar importar cerca del 90 % de los 1.700 millones de galones que se consumirán en 2026, es más compleja la latente amenaza de que se dificulte el acceso al combustible.
Cuantificar el impacto en el crecimiento económico para el resto de año es muy complejo. El BCE en su programación macroeconómica 2026-2030 “supone la ocurrencia de los mayores impactos de El Niño para finales de 2026 y sus efectos sobre la actividad productiva estarán presentes principalmente en 2027”. Su estimación anual recientemente incrementada de 2,5 % a 2,7 % ya incorpora bajo sus escenarios los impactos de El Niño, en especial a la pesca, que la identifica como la de mayor afectación en el año actual.
Dejando a un lado el año 2020, la mayor caída para un cuarto trimestre se dio en 2009 y 2015 con -1,5 %. En 1997, que es el último arranque de un Niño fuerte, el cuarto trimestre, con relación al año anterior, solo creció 0,3 %. Tomando estos niveles como referencia, un rango de crecimiento para todo el 2026 tendría un piso de 1,6 % y crecería hasta 2 %.
Mi escenario, considerando un crecimiento de 1,5 % en el último trimestre, apunta a un cierre de 2,4 %. Apenas por debajo de la proyección del BCE, pero todavía en el terreno de los optimistas.