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Diario Expreso Ecuador

El manual de la censura

Las herramientas para ocultar información y bloquear opinión son varios. Empecemos por la “vacuna” que a los penalistas nos huele a extorsión

Los medios de comunicación críticos son asfixiados con la pauta, extorsionando a otros anunciantes y hasta usando el aparato estatal.

Los medios de comunicación críticos son asfixiados con la pauta, extorsionando a otros anunciantes y hasta usando el aparato estatal.CHATGPT

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Las normas de protección a la libertad de expresión por uno u otro motivo son letra muerta en el Ecuador. Me refiero a la facultad de difundir opinión o información, tal y como está caracterizado en la ley de la materia y en cartas internacionales que citaremos en el camino. En todo caso, el punto sobre el que quiero reflexionar es ese; o sea, más allá de sostener que si el periodismo no incomoda al poder no es periodismo sino relaciones públicas, lo cierto es que en este país el gobierno ha censurado toda voz y palabra que lo saque de su zona de confort, y lo ha hecho a través de diversos mecanismos, unos más cínicos como la asfixia económica y otros más desvergonzados como la compra, persecución o intervención de medios de comunicación.

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Como decía, las herramientas para ocultar información y bloquear opinión son varios. Empecemos por la “vacuna” que a los penalistas nos huele a extorsión. Amenazas contra periodistas para abandonar una investigación o para que cambie su línea editorial. Intimidaciones que han cumplido su cometido o que, en su defecto, también han cumplido con el mal amenazado, y todos sabemos los varios casos que pudiera citar.

Fundamedios, en su informe semestral, contabilizó 100 agresiones en el mismo período y atribuyó 46 al Estado, el mayor agresor individual. De 73 agresiones estatales registradas hasta el 22 de junio, 38 provinieron del propio Ejecutivo. Hernán Higuera, de Ecuavisa, anunció el 19 de junio que dejaba de investigar el atraco de Progen, por presiones que alcanzaron a su familia.

El siguiente mecanismo usado es la famosa y tan denigrada pauta. Desde noviembre de 2023 solo la Presidencia ha contratado pauta publicitaria por decenas de millones de dólares (a los registros me remito), La Ley Orgánica de Comunicación ordena repartirla en partes iguales entre medios públicos, privados y comunitarios. 

Si no lo hacen, como de hecho no, se beneficia a los preferidos, a aquellos a los que el pueblo tiene ubicados por los invitados a sus espacios de “opinión” con entrevistas “libreteadas”. Se reparte a dedo el presupuesto publicitario y no pasa nada. Los gremios no protestan, los afectados silencian y la libertad de expresión sigue desnuda.

Otro sistema de censura ocurre cuando al anunciante privado se le sugiere que retirar su publicidad sería lo prudente, sino…?. El anunciante no tiene por qué decir la causa, simplemente ha cambiado su línea publicitaria o estrategia de comunicación y no hay delito, no hay denunciante, no hay prueba. En este caso, sin publicidad de la empresa privada la nómina se adelgaza (Roberto Aguilar) y la pauta oficial ya no es la “yapa”, es vital para el medio de comunicación y nadie tiene que comprar la línea editorial de nadie, basta con haber quedado como el único posible anunciante, y si no lo hace…?. 

Este caso es el reverso del monopolio, no se trata de un solo vendedor sino de un solo comprador y se llama monopsonio. También se puede llegar al mismo resultado de censura a la prensa por vías más rudas y groseras como, por ejemplo, fabricar una fisura legal en la empresa en cuestión y a través de un mecanismo leguleyo pretender apropiarse del medio. O, a través de “cabezas de hierro” y dinero no transparentado, comprar en millones de dólares los fierros y la voz de otros tantos voceros de información.

La Corte Interamericana dijo hace cuarenta años en su Opinión Consultiva 5/85: que “la libertad de expresión tiene dos dimensiones inseparables. Una individual, la de quien habla. Otra social, la de todos los demás a recibir información”. Y anotemos, que en ésta el derecho lesionado no es solo el del periodista censurado sino también el de todos nosotros. Aquellos que sintonizamos una radiodifusora, prendemos la tele o compramos el ejemplar de un Diario y no estamos recibiendo la información que debemos, o nos están mintiendo descaradamente.

La libertad de expresión es un derecho, pero hoy la censura es su verdad.

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