Las 5 maravillas de Quito
Quito cuenta con cinco maravillas que hacen de nuestra capital una ciudad única: belleza natural, arquitectura, oferta cultural, transporte público y su gente

Quito se asienta en una hoya flanqueada por un río. Rodeada de cerros y valles, se ha ido desparramando como si quisiera alcanzar a la legión de nevados y volcanes que la vigilan.
En tres días celebraremos otro aniversario de la Batalla del Pichincha, crucial para la independencia de la Corona española. Sirva de pretexto para relievar las cinco maravillas que hacen de nuestra capital una ciudad única. De ensueño.
Primera, su belleza natural. Quito se asienta en una hoya flanqueada por un río. Rodeada de cerros y valles, se ha ido desparramando como si quisiera alcanzar a la legión de nevados y volcanes que la vigilan. En amaneceres claros, se aprecian desde algunos de sus barrios las siluetas blancas del Cayambe o el Cotopaxi, y los lomos azulados, picoteados a veces de escarcha, del Antisana, el Sincholagua, el Pichincha, los Illinizas…
Quito es una ciudad con riqueza natural, cultural, histórica y social
Allí no acaba la magia: Quito está en el centro de un paraíso de 17 ecosistemas, que incluye páramos, bosques, glaciares, lagunas. Todos, cerca. En una hora y monedas se puede estar frente al Cotopaxi, en el cráter del Pululahua, en las termas de Papallacta, en los bosques de Pasochoa, o en la Reserva Yanacocha para ver la danza de las únicas aves que vuelan en reversa: los colibríes. Al norte, lagos; al sur, valles; al este, el umbral de la selva; al oeste el subtrópico y, con algo más de aliento, el mar. Una locura. ¿Qué se fumaron los dioses el día en que la intuyeron y la rodearon de tanta maravilla?
Segunda, su arquitectura. El centro colonial -sus iglesias, plazas y monumentos- muestran bellezas góticas o barrocas tan notables como sus edificios contemporáneos, de estilo moderno o brutalista. Las vistas son apabullantes.
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Como apabullante es la tercera: su oferta cultural. Un ejemplo: por allí pasaron o pasarán este año el pop de Ed Sheeran; la filosofía urbana de Beret; la dulzura de Natalia Lafourcade; el estruendo metalero de Iron Maden o la voz más hermosa de Hispanoamérica, Mon Laferte. Sólo en Quito.
Cuarta: su transporte público, que requiere columna aparte, sobre todo por su estupendo metro.
Y quinta: su gente. Que esa no merece columna, sino libro: atenta, culta, amable, servicial. “Por supuesto, de nada, con gusto, es por allí”. Y tan respetuosa para ceder el asiento o hacer filas en donde sea. Su gente es el corazón de las cinco maravillas.