Piérdanles el miedo a las primarias
Los escándalos políticos en Guayaquil revelan un grave déficit democrático: los líderes priorizan el control de su partido antes que escuchar a la militancia

Las elecciones primarias evidencian que son más que nada un formalismo, pues las decisiones a dedo sabotean la democracia interna de los partidos.
Los escandalillos recientes en la política guayaca responden a un problema de fondo: hay un déficit democrático en la política ecuatoriana. Los políticos no hacen más que una breve campaña de mercadeo para coronar una elección, pero poco les importa lo que la militancia opina antes o después. Ellos arman la papeleta más preocupados en quedarse con el partido que en ganar una elección. Hasta se podría decir que si no cogen el cetro es por no soltar la teta.
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La voluntad de la militancia partidista no es la prioridad
Si en la izquierda están que se matan entre ellos, haciendo imposible la unidad, es porque los deseos del votante no les importan un comino. La militancia, ansiosa de derrotar al Gobierno, preferiría una candidatura de unidad. Dada la opción, ellos podrían escoger al candidato óptimo en una elección interna, idealmente obligando mediante ese proceso al ganador a adoptar propuestas que apelen a las diversas tendencias. Pero Rafael Vicente, que perdonó a Vicko Villacís y a Diego Borja, dice que no se junta con traidores; los aquilistas no pueden arriesgarse a perder el control del Municipio anunciando su respaldo a alguien de afuera; y quienes vienen de afuera quieren llegar a la alcaldía y no van a aceptar que la dedocracia los reduzca a meros acólitos del candidato ungido por el líder.
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En el PSC, en cambio, están todos tranquilos porque quienes estaban descontentos ya se marcharon. Quizá sus ambiciones eran desmedidas, tal vez todos se creían alcaldes y presidentes, cosa que causa más pena que gracia; pero el truco de Jaime José de querer medirlos a todos con sus encuestas es aún más risible. ¿Qué encuesta sobrevive al contacto con una campaña? Las internas le hubieran permitido demostrar a todos esos políticos que salieron del PSC su capacidad de vencer y domar a los encuestadores en un escenario real; preferiblemente en una primaria abierta, quitándole así el control del padrón a los dirigentes y dándole el peso de la calle a la disputa. Si ya perdían e igual se terminaban yendo, no habría duda que lo harían como malos perdedores, y ahí sí Nebot y sus encuestas quedarían reivindicadas.
Prefirieron la teta. Luego que no lloren.