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Diario Expreso Ecuador

La puerta cerrada

La inteligencia artificial plantea una pregunta incómoda: ¿qué perdemos cuando sustituimos el encuentro humano por una conversación con una máquina?

La inteligencia artificial y el riesgo de perder las conversaciones humanas.

La inteligencia artificial y el riesgo de perder las conversaciones humanas.canva

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En 1966, en una oficina del MIT, una mujer se sentó a escribir en una computadora y al rato le pidió a su jefe que saliera del cuarto. Quería seguir a solas. La cosa no tenía pantalla y se parecía más a una máquina de escribir. Tecleabas y ella te respondía imprimiendo en papel.

Era un programa que ese mismo jefe había escrito, unas reglas sencillas que le devolvían sus palabras vueltas pregunta. Ella lo sabía y aun así cerró la puerta. El hombre que lo construyó pasó el resto de su vida espantado, no por lo que el programa hacía, sino por lo poco que hizo falta para que alguien prefiriera quedarse a solas con él. Bastó una escucha que no juzgaba.

Hablar para sentirnos acompañados

Han pasado 60 años. Ahora la máquina escucha mejor que muchos humanos, responde sin cansarse y no se marcha nunca. Nosotros seguimos cerrando la puerta. Solo que ahora nos quedamos a solas con un aparato que nos seduce. Lo tapamos por pudor. Ser seducido por alguien deslumbrante da menos vergüenza que ser seducido por un artilugio.

Digo “conversar” cuando hablo con una amiga que tengo enfrente, y digo “conversar” cuando le escribo a una pantalla que me responde a las tres de la mañana. El mismo verbo para dos cosas distintas. Mi amiga puede callar justo cuando esperaba que asintiera. Puede levantarse e irse. Nada de eso está programado. La pantalla se queda siempre, porque no hay nadie ahí a quien yo le cueste algo. Y el resguardo donde nunca me incomodan es el mismo donde nunca me llega nadie.

La comodidad de la IA y el riesgo de la desconexión

Hay una vieja teoría antropológica sobre por qué hablamos. Los primates se espulgan durante horas. Es alianza. Cuando los grupos crecieron demasiado para tanta mano, habríamos inventado un atajo, acicalar con la voz. Hablar no habría nacido para informar. Nació para tocarnos sin manos. Y la resonancia magnética nos descubrió que durante una conversación los cerebros se acoplan, y que cuando la comunicación fracasa el acoplamiento desaparece.

Hizo falta una máquina para mostrarnos lo que solo ocurre entre dos. La comodidad no es el enemigo. La anestesia se agradece. Hasta que me doy cuenta de que llevo un rato sin sentir a nadie. La puerta la había cerrado yo.

La dejo abierta. @bb_latente

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