Soy nueva, me presento
Migración, integración, contrastes y una profunda reflexión sobre la identidad que se va construyendo a través del tiempo y vivencias entre diferentes culturas

Esta columna es una invitación a indagar sobre aquello que no está a la vista, que vive las márgenes y que merece ponerse al centro en momentos de profunda crisis medioambiental y humana.
Paseo en cochecito por las calles de Miraflores en Lima. Muchos transeúntes me miran y me tocan, soy objeto curioso. Mi piel blanca y mis ojos azules gritan la diferencia en una urbe de gente morena y habla castellana. Mi padre anglo-irlandés apenas se entera de su nuevo mundo. Sirve a la Pacific Steam Navigation Company (PSNC), una importante naviera inglesa. Hemos llegado desde su sede en Liverpool, donde yo acabo de nacer, también los Beatles. Ahora es mi madre la integrada. Ecuatoriana, morena, cuyos rasgos andinos, exóticos para los británicos, se confunden aquí con el montón.
Una identidad en construcción
Vivo mi niñez desorientada entre mi escuela inglesa, el San Silvestre, un uniforme sofocante con sombrerillo de fieltro verde, y, la escasez de los mercados peruanos, la alegría de las marineras, los indígenas bajados de la sierra que transitan, venden, buscan un espacio que les es negado. Voy intuyendo las jerarquías sociales impuestas por la modernidad, por la colonización, por la dominación y el poder.
Vienen las dudas de qué hacer, quien ser en esta vida. Opto por la literatura, quiero escribir a como dé lugar; no se aún sobre qué ni para qué. La Católica de Quito, Navarra en Pamplona, el camino de Santiago, los restos visigodos en España, los Pirineos, el vasco, los vascos inconformes, ETA, una revolución que no comprendo; una Mercedes Sosa que canta para nosotros; nos apuntan decenas de militares, los grises de Franco. Abrirán fuego si gritamos alguna consigna. Aramburu describe el medio como si hubiese estado allí en Patria.
Mirar aquello que la superficie oculta
Encuentro mi delirio por las artes y la arquitectura medievales, por la música gregoriana, por las horas de reflexión, acompañadas de mis desbordantes pasiones. Abro el abanico en mis años de madurez y miro al campo cultural ancho y ajeno, que esconde las claves de un espíritu de renovación, de rebeldía, descubrir desde el silencio aquello que dejamos pasar. Y hablo desde allí, desde los resquicios, nunca desde el runrún del chismorreo de volátiles redes.
Guayaquil
Un estudio de 17 años saca a la luz la fauna que el cemento no borró en Guayaquil
Carlos Isaac Pino
Y quisiera compartir con ustedes, mis nuevos lectores, unas líneas que indaguen sobre aquello que no está a la vista, que vive las márgenes y que merece ponerse al centro en momentos de profunda crisis medioambiental y humana. Memorias y actualidades pequeñas pero enormes simbólicamente hablando.