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Diario Expreso Ecuador

Cuando la prensa deja de importar

El conflicto entre el Gobierno y Diario EXPRESO evidencia no solo tensiones con la prensa, sino una apatía social que debilita la defensa de la libertad

Gráficos Nacionales (GRANASA) es la casa editora de los diarios EXPRESO y EXTRA.

Gráficos Nacionales (GRANASA) es la casa editora de los diarios EXPRESO y EXTRA.EXPRESO

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Hay momentos en los que un conflicto revela más por la reacción que provoca que por los hechos en sí mismos. Eso ocurre hoy con la disputa entre el Gobierno y Diario EXPRESO.

En otros tiempos, cualquier señal de presión estatal sobre un medio de comunicación social habría generado una reacción inmediata: pronunciamientos amplios, movilización de actores políticos y una defensa más o menos uniforme de la libertad de prensa. Hoy no ocurre eso.

Preocupación institucional, apatía social

En el plano institucional y en el ámbito periodístico sí hay preocupación. Organizaciones internacionales han advertido sobre posibles efectos intimidatorios y han recordado que el uso de herramientas estatales contra medios críticos es incompatible con una democracia sólida.

Pero esa reacción no se ha trasladado con la misma fuerza a la opinión pública ecuatoriana. Fuera de ciertos círculos, el tema no moviliza. No genera indignación.

Las razones no son casuales. Durante años, la confrontación política, y en particular el ataque sistemático del correísmo a la prensa, erosionó su credibilidad. A eso se suman errores propios de los medios y un entorno informativo cada vez más fragmentado. El resultado es una desconfianza acumulada que hoy condiciona cómo se perciben estos conflictos.

Una sociedad sin lectura común

Una parte de la sociedad lo ve como una tensión más entre poder político y los medios. Otra, como un problema empresarial o incluso como controles legítimos del Estado. Y una mayoría, simplemente, no le presta atención. El resultado es una opinión pública dispersa, sin una lectura común sobre un tema que debería ser central en cualquier democracia.

Por eso, el problema de fondo no es solo lo que hace el poder, sino cómo reacciona la sociedad frente a ese poder. Una prensa cuestionada es más vulnerable. Y un poder que percibe esa debilidad tiene menos incentivos para contenerse.

La libertad de expresión no se pierde de un solo golpe. Se desgasta de a poco.

Si un conflicto de esta naturaleza no logra activar una respuesta social clara, el problema lo tiene la sociedad en su conjunto, no solo del gobierno de turno.

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