El coro de los generales
Declaraciones de altos mandos militares en Europa sobre un posible conflicto con Rusia generan preocupación en distintos países del continente

Mapa de Europa utilizado como referencia para analizar el contexto geopolítico y las tensiones en el continente.
Lo dijo un general francés en noviembre, con uniforme y voz serena. “Tenemos que aceptar la pérdida de nuestros hijos”. Una frase de manual. Y sin embargo algo se rompió esa tarde. No en Francia como Estado, sino en la cocina de una mujer que oía la radio cortando un pan.
Preparación militar y aumento del gasto en defensa en Europa
Después vinieron los otros. El jefe del MI6 británico dijo que vivimos entre la paz y la guerra. El jefe del Estado Mayor de Londres pidió que hijos e hijas estuvieran listos para luchar. Un general británico escribió en febrero que la colisión con Rusia es inevitable. En abril, un alemán detalló el ataque. Un belga puso fecha, 2030. Cinco voces, cinco países, cinco meses. Un mismo verbo en imperativo, prepárense.
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Carlos Isaac Pino
Y la amenaza es real. Pero algo en la sincronización incomoda. El coro parece ruido público, pero su acústica real es doméstica. Cuando una sociedad escucha durante 150 días lo mismo, lo repetido no informa, domestica. Y lo domesticado no se discute.
Conviene entonces mirar la partitura. Europa se ha comprometido a gastar medio billón de euros adicionales al año en defensa hasta 2035. Una porción dominante de ese gasto cruza el Atlántico hacia fábricas que no son europeas. La autonomía estratégica sigue siendo una palabra que Europa repite mientras firma cheques en otra dirección.
El impacto del discurso bélico en la sociedad europea
Delegar la defensa durante generaciones tiene un precio que no se ve en ninguna factura. La atrofia de la imaginación política. Europa se construyó tras la última guerra sobre una promesa: nunca más. Aquel nunca más era un acto de imaginación. Hoy ya no imagina. Calcula bajas, ensaya hospitales, conjuga el verbo prepárense antes que el verbo soñar.
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El miedo circula en otra frecuencia y no es el mismo en todas las casas. En el padre francés que mira dormir a su hijo y calcula la edad que tendrá en 2029. En la madre polaca que cuenta los años hasta los 18 del muchacho. En la abuela estonia que reconoce un tono de voz que creía enterrado con su propia infancia.
Los generales hablan de ejércitos. Las fábricas lejanas cobran. Las familias piensan en nombres. Esa es la distancia real entre el discurso oficial y la vida. La columna continúa en @bb_latente.