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Diario Expreso Ecuador

Lo más importante de lo menos importante

La histórica victoria de Ecuador ante Alemania no resuelve los problemas económicos ni de seguridad, pero le devuelve la alegría y la unión a un país dividido

La victoria de Ecuador frente a Alemania no soluciona los problemas pero nos devuelve la sonrisa como país.

La victoria de Ecuador frente a Alemania no soluciona los problemas pero nos devuelve la sonrisa como país.Archivo Expreso

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Esta frase, habitualmente atribuida al entrenador italiano Arrigo Sacchi, resume como pocas la relación del ser humano con el deporte: “El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”.

La clasificación de Ecuador a la siguiente fase del Mundial, tras derrotar a Alemania parece darle la razón. La victoria no redujo la delincuencia, no mejoró la economía ni resolvió ninguno de los problemas que preocupan diariamente al país. Sin embargo, consiguió algo que muy pocas cosas logran, que millones de ecuatorianos terminen el día más felices.

¿Cómo puede algo que no cambia nuestra realidad cambiar tanto nuestro estado de ánimo?

Porque las sociedades no viven únicamente de aquello que resuelve sus problemas. También necesitan motivos para celebrar, emocionarse y reconocerse como una comunidad. La música, el arte, la cultura y el deporte no existen para resolver los problemas materiales de una sociedad. Pero cumplen una función esencial, recuerdan que la vida colectiva también se construye alrededor de experiencias compartidas.

La realidad no cambia pero el estado de ánimo se transforma

En un país tan diverso y, muchas veces, tan dividido, la Selección Nacional es una de las pocas instituciones capaces de reunir a millones de personas sin importar su ideología, su profesión, su lugar de origen o su condición económica. Durante noventa minutos desaparecen las diferencias que dominan la conversación pública. No porque dejen de existir, sino porque algo logra situarse por encima de ellas.

Al día siguiente regresan los problemas, las preocupaciones y los desacuerdos. Pero nadie celebra un triunfo deportivo porque crea que cambiará el país. Lo celebra porque, aunque sea por unas horas, cambia el ánimo con el que ese país se mira a sí mismo.

Tal vez por eso el fútbol sigue siendo lo más importante de las cosas menos importantes. Las sociedades no viven solo de aquello que las mantiene funcionando, también necesitan aquello que las hace sonreír. Y cuando un país entero encuentra, aunque sea por una noche, un motivo común para celebrar, quizá estemos frente a algo menos importante de lo que creemos… o más importante de lo que admitimos.

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