El miedo como herramienta del poder
El uso del miedo y la autocensura amenaza la libertad de expresión en Ecuador, un riesgo que beneficia al poder y debilita la democracia

Una cosa es ceder libertad para que el Estado proteja al ciudadano frente al crimen; otra muy distinta es que el ciudadano restrinja su voz para protegerse del poder.
El príncipe, de Nicolás Maquiavelo, es quizás la biblia profana y el manual de cabecera de muchos políticos fascinados en cómo llegar al poder y, sobre todo, en cómo conservarlo.
Maquiavelo aconsejó que para que el gobernante conserve el poder, debía ser amado y temido al mismo tiempo; pero, si hubiera que escoger entre ambos, era preferible ser temido pero no odiado. Cinco siglos después, sus letras seguirían vivas...
Sí, el miedo funciona. El que siente miedo de perder su trabajo, reputación o patrimonio aprende a medir sus palabras y a calcular sus pasos; el poder lo interpreta como obediencia, adhesión o lealtad, lo que en realidad puede ser prudencia, conveniencia e incluso supervivencia.
La eficacia del miedo y su riesgo
Cuando el gobernante descubre la eficacia del miedo, corre el riesgo de terminar seducido por él. Así, lo que nació como acción específica puede derivar en método constante de gobierno. Y, tratándose de la libertad de expresión, el miedo tiene un ‘beneficio’ adicional: ya no es necesario censurar, el ciudadano cierra la boca solo.
El Ecuador conoce de esa espesa neblina, por ejemplo, en el pasado, durante el correísmo, el caso de Emilio Palacio demostró cuánto cuesta enfrentar al poder.
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Los gobernantes se defienden argumentando que las críticas evidencian la existencia de la libertad de expresión. Suena convincente, hasta observar lo que puede ocurrir después. Que existan críticas solo prueba que hay personas dispuestas a expresarse, no que hacerlo carezca de consecuencias. La libertad de expresión no se mide solo por poder ejercerla, sino también por el peaje que se impone a quien la ejerce.
Represalia, autocensura y libertad
Hay diferencia en responder a la crítica y atacar al crítico: a la primera se responde con razones, mientras en el segundo caso, la represalia es la respuesta.
Ciertamente es difícil para el poder controlar las voces libres que proliferan y se reproducen en medios y redes sociales. Pero el miedo ofrece un interesante atajo: si el poder no puede controlar todo lo que se dice, puede intentar que el ciudadano controle lo que se atreve a decir. Surge así la autocensura, es decir, el miedo hace el trabajo sucio.
Pero, ¿por qué el poder utilizaría la herramienta del miedo? ¿Será un mecanismo de defensa ante el temor de perder el control, quedar expuesto o que una verdad contradiga su narrativa? ¿Será quizás que genera miedo afuera para protegerse del miedo que siente dentro?
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¿Protegerse del poder? La gente acepta restricciones excepcionales a ciertas libertades, por ejemplo para recuperar la seguridad. Pero el caso de la libertad de expresión es diferente, ya que una cosa es ceder libertad para que el Estado proteja al ciudadano frente al crimen; otra muy distinta es que el ciudadano restrinja su voz para protegerse del poder...
Cuando se podan ramas del árbol de la República importa saber a quién beneficia: al ciudadano o al poder. Si muchas ramas caen, quizá un día no quede sombra suficiente para proteger lo que verdaderamente importa: la Libertad.