Maestro de maestros
Las redes de investigación y el aporte de Ramón Gutiérrez a la historia de la arquitectura regional lo hacen un referente de la conservación patrimonial

El maestro argentino Ramón Gutiérrez deja un legado de conservación del patrimonio y la historia de la arquitectura en Sudamérica y Ecuador.
El camino de la vida está lleno de maestros. La historia de uno de ellos empieza allá por la década de 1950. Cuzco había sufrido un terremoto devastador; la cuna del Tahuantinsuyo inca peligraba. El programa PNUD/Unesco y el Instituto de Patrimonio salieron sin dilación desde su nueva sede en el Coricancha del Convento de Santo Domingo a ofrecer y promover cursos sobre restauración y conservación del patrimonio edificado. Y lo hicieron convocando a muchos profesionales sudamericanos, un puñado de ecuatorianos pasaron por allí: Dora Arízaga, Patricio Muñoz, Paco Naranjo, Alfonso Ortiz. El maestro argentino Ramón Gutiérrez, director académico, empezaba a despuntar por su conocimiento y pasión al dar sentido al patrimonio más allá de su reconstrucción material. Hacer la historia del mismo, hurgar en los archivos y las hemerotecas, fotografiar sin descanso y... sobre todo: publicar. Difundir. Solo así, daríamos sentido -por doble partida- a los bienes que volverían a cobrar vida.
Ramón se convirtió, además, en el mayor tejedor de redes. Viajó por Sudamérica incansablemente dictando charlas y cursos, inspirándonos a los más jóvenes a investigar y publicar. Muchos fuimos invitados a participar como coautores en sus megapublicaciones para la editorial Cátedra, Lumen y tantas otras. Creó la revista DANA y paralelamente el Centro de Documentación de la Arquitectura Latinoamericana (Cedodal), en Buenos Aires, el mayor repositorio de su tipo en América Latina, actualmente de acceso público. Junto a Graciela Viñuales, su esposa, destacada especialista en arquitectura de tierra, y Patricia Méndez, investigadora de la arquitectura moderna, configuraron el centro en mención, amén de realizar decenas de publicaciones sobre arquitectos y arquitectura sudamericana, muchas de las cuales acompañaron exhibiciones itinerantes. Todos donábamos nuestras publicaciones. Las sabíamos protegidas y en diálogo con los que se iban formando. El Boletín del Centro nos acompañó para conocer a nuestros colegas, sus intereses, mantenernos unidos -una comunidad- aunque solo fuera a la distancia, una distancia que sin el internet se hacía difícil de salvar.
Guayaquil
Nueva ordenanza busca proteger más de 500 edificaciones patrimoniales de Guayaquil
Juan Ponce Merchán
Legado imborrable del maestro del patrimonio sudamericano
La última vez lo vi en Bogotá, en casa de Sylvia Arango, otro de los puntales de la historia de la arquitectura. Ambos aportaron decenas de ideas para un ambicioso proyecto que llevo sobre modernidad católica y ciudad. Brillante, con una memoria envidiable, volvió una vez más a verter su conocimiento acumulado y depurado por los años. Lleno de humor y pasión, zigzagueaba por la historia sudamericana, por la política y sus redes de intelectuales, por la circulación de fuentes impresas y la recepción creativa y diversa en la América Latina. Nada quedó fuera de su pluma: la arquitectura sin arquitectos, los materiales del lugar, las reducciones indígenas. Mas si en otros sitios de nuestra América tuvieron el privilegio de ver nacer y crecer centros de formación universitaria que crearan profesionales en el área de la historia del arte y la arquitectura, en el nuestro todos los intentos resultaron fallidos. Mueres, pero tu gran obra queda; te debemos aún este gran renglón formativo.